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viernes, 25 de agosto de 2017

Un trabajo prometedor

Un trabajo prometedor


El tic tac del reloj me está poniendo de los nervios. Nuevamente miro hacía abajo y aliso la falsa mientras espero, con impaciencia, a que me hagan pasar. La recepcionista no deja de mirarme de arriba a bajo esperando encontrar algo oculto. Ignoro su vista clavada en mi para mirar a la puerta, de la puerta a mi móvil y de este a la puerta.

20 minutos han pasado desde que me dijo un "espere aquí". Desde que recibí la llamada de teléfono hace una semana avisándome de un empleo como secretaria, no he parado de buscarle los tres pies al gato. ¿Qué clase de trabajo de este tipo no te hace una entrevista antes? Ninguno. A menos que seas una enchufada, y no es mi caso.
Al principio me resistí a venir, pero necesitaba el empleo y todas las bocas conocidas que lo sabían no paraban de decirme que no dejase escapar esta oportunidad. Y aquí estoy. Vestida como una señorita formal con un traje al más puro estilo secretaria regia y recta. Incluso llevaba el moño. Aunque el mío era menos clásico. Las gafas me venían que ni pintadas, y no eran por estética. Me negaba a ponerme lentillas y sin ellas acabaría espatarrada en el suelo.

Falda negra por la rodilla con una raja en la parte de atrás y una blusa blanca con un cuello de encaje que deja al descubierto algo de escote sencillo y elegante. La peor parte se la lleva mis pies, por que con estos tacones negros de 10 centímetros terminarán por amputarmelos esta noche.

Al fin se abre la puerta, y una chica joven sale mientras alguien le sostiene la puerta. Escucho un "Ya te llamaremos" que me hace echarme a temblar. Así que si habrá entrevista ¿no? Genial por que no había preparado nada. Ya decía yo que esto era demasiado espontáneo.

Sólo alcanzo a ver una mano trajeada cerrando la puerta. "Me pongo de pie... me vuelvo a sentar..., como la canción". Pensé gastando bromas ante la espera. La poca seriedad me estaba poniendo de los nervios.
Al cabo de otros 10 minutos eternos la recepcionista me pide que pase, que me están esperando.


Abro la puerta y fijo mi vista al frente para encontrarme de lleno con la persona que menos esperaba encontrar.
"Esto debe ser una broma". Es lo único que se me pasa por la cabeza ante los nervios que me estan deborando por dentro. Dudo unos instantes si pasar o darme la vuelta y echar a correr, por que desde ya se que no hay nada bueno en esto y menos aún en esta "oferta" de trabajo.

"Cierra". Escuché. Inmediatamente cerré la puerta y me quede de espaldas a ella esperando aún que me dijera que me sentara.
Clavó sus ojos en mi y decidí sentarme antes de ponerme a temblar.

  • ¿Qué estás haciendo? - Puse las manos en la mesa alterada. - ¿Te estás quedando conmigo?
  • Para eso pedí que te llamaran, sí. - La satisfaccción por mi desconcierto destacaba en su cara. - Necesitabas trabajo, pues aquí lo tienes.
  • No voy a trabajar contigo. - Lo último que necesito es trabajar con alguien que conocí en internet y con el que quedé un par de veces para algo que no quiero pensar ahora.
  • Necesitas el trabajo, ¿recuerdas? Estabas desesperada y yo ya he despedido a mi secretaria.
  • No te pedí trabajo.
  • No. - Se agarró el nudo de la corbata y lo aflojó mirándome. - ¿Hacemos memoria de lo que me pedías la última vez que nos vimos.
  • Me voy.

Me levanté muy tensa, muy cabreada y muy de todo y me fui para la puerta. Justo antes de abrirla su mano la aseguró.

  • Aquí tienes tu contrato y aquí tienes la información de la primera reunión que tienes. Te quiero a mi lado en todo momento, necesitas enterarte de como se trabaja aquí. - Daba por hecho que iba a aceptar pese haberle dicho que no.

Miré el contrato y entendí por que estaba tan seguro. Necesitaba ese dinero. Pero que hijo de puta aprovechado.

  • Quiero unas normas. - dije mientras me daba la vuelta y le veía más pegado a mi de lo normal. - nada de sexo.
  • ¿Quieres que lo anotemos en las clausulas del contrato también? ¿Junto a las pagas extra te parece bien?
  • No tiene gracia. - Intenté sonar lo mas seria que pude. - Absolutamente nada de sexo.
  • Vale. No te follaré.
  • Que fino eres.

Se volvió a su mesa y los ojos se me iban a caer al suelo mientras andaba. Lo estaba haciendo aposta, estaba segura. Sabía que esto me iba a salir mal y que no era buena idea. ¿Desde cuando conocer a alguien por internet me había salido bien?

Firmé el contrato y se lo tendí.

  • ¿Y ahora qué?
  • Ahora ve a tu sitio y leete esa carpeta que te he dado con los datos de la reunión que hay dentro de una hora.
  • ¿¿¿¿Dentro de una hora????
  • Sí. Ya puedes estudiar. - Me pasó el pulgar por la boca, haciendo que me estremeciera con el contacto, recordando como la última vez que me lo hizo le tenía entrando y saliendo de mi.

Aparté esos recuerdos y me fui a pocos metros de él, me senté en la mesa y abrí la carpeta. No me enteraba de nada. Publicidad, anuncios... todo me sonaba a chino. Yo había estudiado administración no marketing.
Esto no iba a ir bien, me estaba dando sueño incluso. Debió darse cuenta para dejarme un vaso de plásico en la mesa con chocolate. ¿Cuándo se había movido?. Que detalle, se acordaba de lo que me gustaba.

Cogió la silla y se puso a mi lado. "ay, dios mio" pensé mientras bebía del vaso.

  • ¿Qué es lo que pasa? - Me preguntó intrigado.
  • No me entero de nada, quizás si me hubieras entrevistado verías que no tengo ni puta idea para este trabajo.
  • No creo que haya nada que entender, simplemente es para que sepas de que va todo, y si te preguntan, que no lo deberían hacer, sepas que debes contestar.
  • -No sé que contestar.
  • Está todo ahí. - Señaló con el dedo una de las hojas. - Piensa en que es lo mejor para la empresa, que repercute también en ti, y sabrás que debes responder. Para lo demás basta con que hagas todo lo que yo te ordene.

Juraría que había cierta mofa en esa última frase, pero lo dejé pasar para no terminar engarzados en una conversación con dobles sentidos sexuales que terminarían muy mal.


Poco después de una hora íbamos a una habitación enorme con una mesa larguísima y con sillas por todos lados. Empecé a hiperventilar pensando en cuanta gente se pondría ahí, y notando mi miedo me puso la mano en el hombro y me susurró "tranquila, no se van a llenar todas" sonriendo.


Puedo afirmar que estaba disfrutando con mi inexperiencia en este campo casi como en otras ocasiones en otros.
Sacó una silla que había pegada a la mesa y me senté, viendo como lo que temía se hacía realidad. Se sentaba a mi lado. Quizás parezca una tontería, pero tener a tu lado a un tío que te pone cardíaca y que está tan trajeado como la última vez que te utilizó para follar con la misma corbata pues me ponía tensa. Intentaba no mirarlo, juro que lo intenté, pero hacía lo imposible por que mis ojos se desviaran y acabaran mirándolo.

Alguien llamó a la puerta. Un hombre de mediana edad pasó, nos pusimos de pie y le tendió la mano. Hizo lo mismo conmigo y me presentó. Sonreí. Más al oír "le presento a mi secretaria..." que por el hecho de ser educada y amable. Nos sentamos uno al lado del otro y en frente el cliente. Estaban hablando sin enterarme yo de nada cuando noté su mano posarse en mi pierna.

Me sobresalté, tragué saliva y miré al frente esperando que no se le ocurriera hacer ninguna tontería. Ilusa de mi. Se le "cayó" un boli y cuando se agacho debajo de la mesa a cogerlo me rozó con la boca la pierna, subiendo un pelín por mi muslo, rozándome con su cara. Un escalofrío me recorrió la espalda entera, e hice grandes esfuerzos por no soltar ni una burrada ni un suspiro allí mismo. Mi autocontrol fue digno de admiración.

El cliente por suerte estaba metido de lleno en lo que le interesaba, y no era yo ni me excitación.¿He dicho excitación? Se dedicó toda la reunión a calentarme y provocarme, disfrutando de ello. No sabría decir que parte fue la que peor me puso, aunque yo diría que cuando estaba hablando con él de mi y decidió meter su mano entre mis piernas como si estuviera dándome una palmada inocente, se llevó el premio.

Sacó un papel de su carpeta y me lo tendió sonriendo. Quise desmayarme cuando leí "Ve al baño y quitate las bragas, quiero tener acceso a ti, aquí...". Lo miré, negando con la cabeza, pero lo único que podía mirar era como se relamía los labios. Iba a plantearme renunciar al trabajo. Logicamente no hice caso de su petición, pero estuvo acariciando mi pierna toda la reunión o recogiendo cosas que caían "accidentalmente" al suelo.

Cuando terminamos y ese señor se fue fuimos al despacho, me fui hasta mi mesa, dejé las carpetas que me había encasquetado y cogí mi bolso. Me iba de ahí antes de que fueran las cosas de mal en peor.
Pero oír el pestillo de la puerta, las persianas de las grandes cristaleras cerrarse y me eché, literalmente a temblar.Tragué saliva antes de darme la vuelta despacio, sabiendo lo que me iba a encontrar.
Mi mente y mi cuerpo estaban divididos. Una me pedía que me largara de allí, la otra que me quedara.

Se acercó lo bastante como para extender el brazo y quitarme el bolso, tirándolo a un lado de la mesa. Se aflojó el nudo de la corbata, otra vez, mientras me miraba de arriba a bajo relamiéndose. Yo seguía sin poder decir nada hipnotizada con su boca. Sus dedos me rozaron el cuello, y por inercia me eché atrás. Me agarró del brazo hasta pegarme a él por completo.

  • Muy desobediente.
  • Estoy aquí para trabajar, no para cumplir guarrerías.
  • ¿Segura?

Pues no. Por que tener sus manos masajeando mi culo, pegándome a él y empezar a notar su erección a través de la ropa no ayudaba a pensar. Intenté soltarme, pero aprovechó que me moví para darme la vuelta y ponerme contra la pared. Las gafas se me iban a caer pero lo único que yo pensaba era que no se me cayeran las bragas, y eso iba a ser tarea difícil.

Sus manos subían mi falda despacio mientras buscaba mi cuello y sentía su respiración en el. No se cuantas veces pedí que me soltara, aunque la firmeza no es que estuviera presente en mis palabras, quizás por eso me ignoraba por completo.

  • Te dije que tendrías que aprender a trabajar conmigo. - metió las manos bajo la falda y subió hasta la cintura, tiró de ellas hasta dejarlas por las rodillas.
  • No, me dijiste que tendría que ver como trabajais aquí. - Intenté apartar sus manos, que subían por mis muslos, dejando atrás las bragas y yendo hacía el centro del interés.

Sacó la blusa que estaba metida por dentro de mi falda y metió la mano libre debajo, llegando hasta uno de mis pechos y acariciando por encima del sujetador, tirando del filo hasta sacar el pezón que empezaba a endurecerse con su tacto. Un pellizco que me hizo arquearme le arrancó un suspiro, por que acabé rozando el culo con algo que cada vez se endurecía mas.

Podía sentir el pelo escapándose del moño y cayendo con los suaves movimientos que me estaba dando. Su mano entre mi pierna se impregnaba de mi humedad, restregándo sus dedos en la zona más sensible y alterada que tenía, buscando una entrada por la que perderse.

Dos de sus dedos me invadían, entraban y salían, mientras la palma de su mano se frotaba contra mi y con la otra apretaba mi pecho, escapando entre sus dedos.
Me dejé llevar pese al cabreo que tenía, más tarde le daría el buen tortazo que se merecía, pero ahora sólo podía disfrutar de lo que me estaba dando.

Dejé la cabeza caer sobre su hombro, mi boca entreabierta dejaba salir los suspiros de placer, que eran silenciados por mis dientes, mordiéndome el labio.
Me estaba llevando al límite, sabía como hacerlo y se le daba bien. La sensación de estar contra él y la pared era cuanto menos excitante, para mi y para él, que en cualquier momento el pantalón amenazaba con reventarle.
Estaba apunto de correrme, si seguía así no iba a durar mucho y como si lo notara, soltó mi pecho y me tapó la boca mientras aceleraba el ritmo con su otra mano. Intenté tocarle para agarrarlo, necesitaba apretar algo y clavé las uñas en su brazo cubierto por la camisa.

Las piernas me temblaban, si no me sujetaba me iba a caer. Me di la vuelta, me apoye en la pared y agarre la cintura de su pantalón atrayéndolo hacía mi.

  • Por esta vez pase. - Le dije mientras pasaba mis manos por su pecho y me mordía el labio mirándolo a los ojos a través de las gafas. - Todavía me planteo si quedarme o no.
  • Tu haz lo que ibas a hacer y ya hablaremos. Todo es nogociable. - Y cogió mi mano con la suya y la puso en su paquete.

Mis caricias aumentaban el bulto de su pantalón, así que me aparté. Me desabroché cada botón de la blusa despacio, sin apartar los ojos de él, hasta quedarme en sujetador. Acerqué mi pecho hasta su erección encerrada y me pegué mientras subía, restregando mis pechos por su cuerpo, hasta ponerme a su altura y acercar mi boca a la suya.

Lamí sus labios, pegué algún mordisco, sin dejar de prestar atención a la ropa que me impedía tocarle como deseaba. Terminé de quitarle la corbata, con la que otras veces me había atado, y desabroché su camisa de un tirón, saliendo algún botón desperdigado.

Pasé despacio las manos por su pecho, rozando con las uñas su piel y acercando mi boca hasta él. Descendí poco a poco, lamiendo un recorrido que parecía gustarle, hasta llegar a su cinturón.
Me puse de rodillas y sin dejar de mirarlo a los ojos, y ver la cara de excitación que tenía, lo desabroché y le bajé los pantalones, liberando su miembro duro cerca de mi boca, rozándome.

Le agarré del culo y le pegué a mi pecho, colocando su erección entre ellos, acogiéndolo, empecé a masajear despacio, lentamente, y mientras subia y bajaba agarrándolos con ayuda de mis manos, le pasé la lengua por la punta. Me cogió la cabeza y me obligó a mirarlo mientras lo hacía.

Me apartó bruscamente, me llevó hasta su mesa y de un manotazo apartó todo, cayendo todos los papeles por el suelo y dejándola vacía. Me puso contra ella, me levantó la falda y dejando caer mis bragas hasta mis tacones me abrió las piernas. Se colocó entre ellas y agarrándome por los cachetes comenzó a rosarse con mi culo. Desesperada, ansiosa, impaciente, mojada, excitada... cualquier palabra anteriormente escrita podría definir mi estado de embriaguez por él.

No aguanté más y pillándolo por sorpresa me di la vuelta, lo puse a el pegado a la mesa y lo tumbé. Me subí a horcajadas sobre él, rozando mi sexo empapado en su erección y poniendo mis pechos en su cara. Me movía como una serpiente intentando camuflarme con su cuerpo. Estaba tan excitado como yo, apenas podía apartar los ojos de mi y sus manos me agarraban el culo clavándome con él, hasta que agarré su miembro con la mano y me lo introducí lentamente en mi interior, poco a poco, abriéndome para él, recibiéndolo entero hasta el fondo.

Apoyé mis manos en su pecho, subía y bajaba despacio, echando la cabeza hacía atrás y mordiéndome el labio. Noté como intentaba quitarme el sujetador, así que me apegué más a él y me eché hacía adelante, y dejó mis pechos al aire que no paraban de moverse cerca de su cara. Él movía la cabeza en cada movimiento intentando llegar hasta ellos, pegando pequeños mordiscos cuanto podía.

En su boca susurré algo que pareció hacerle gracia y acelerarlo un poco más. "Eres un cabrón miserable y aprovechado" a lo que respondió "Eres tu la que está sobre mi". Aún así, mandaba él. En cada movimiento, cada embestida y cada caricia, era el jefe. Como lo iba a ser a partir de ahora. La situación empezaba a ponerse cada vez más y más morbosa y las promesas de lo que podría pasar en aquel despacho me hizo perder el control y acelerar el ritmo de la penetración, buscando fricción con él y corriendome mientras clavaba mis uñas en su pecho. Los gemidos se escapaban de mi boca y sus ojos se clavaban en ella. Le empujé al abismo del placer y se perdió entre embestidas corriéndose en mi interior.

Podía sentir cada gota caliente que derramaba, como me llenaba y palpitaba moviéndose cada vez más despacio hasta que paró. Nos quedamos así un unos segundos hasta que me quité dispuesta a ponerme la ropa en su sitio, pero él me frenó.


"Antes de vestirte, recoge lo que hay por el suelo". Y nuevamente estaba de rodillas medio desnuda con el a escasos centímetros de mi. Este trabajo prometía.

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