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martes, 2 de junio de 2020

Una sesión muy placentera +18


Una sesión muy placentera

Pensar que he terminado de ducharme, que me he puesto fresquita y me he metido en la cama a ver “Valeria” de Netflix con la única intención de desconectar del mundo, de mi vida, de la rutina y del día de mierda y estrés que llevo para terminar con la cabeza más enrevesada aún.

Estoy con mis ojos puestos en la serie, oyendo “emergency de Icona POP”, rememorando aquel libro que tanto me enamoró y con el que tanto me identifiqué en algún momento de mi vida, cuando mi móvil vuelve a sonar, recordándome que se me había olvidado quitar el Wifi.
Cómo no puedo evitarlo lo miro y veo que ha sido un mensaje de Instagram, de aquel fotógrafo que conocí hace unos años con el que hablo muy a menudo y que nos llevamos muy bien.


Hace unos años cuando nos conocimos a través de Twitter donde yo ponía mis fotos provocativas me daba sus buenas impresiones y consejos sobre mis fotografías. Llegando en alguna ocasión a proponerme posar para él y hacerme alguna sesión fotográfica.
Perdimos el contacto para poco después volvernos a encontrar y retomar nuestra relación twittera dándonos nuestros Instagram privados como parte de la confianza que habían cosechado los años en la red.

Sonriendo como si tuviera una percha en la boca leí su mensaje que venía con foto y con la misma proposición desde que empezó la cuarentena. “¿Hacemos una sesión de fotos por web Cam?”.
La idea era bastante tentadora, extraña porque no sabía que eso existía, pero era de lo más apetecible. Pero le dije que no, y le mandé una foto mía, tirada en la cama, con el pijama de verano que dejaba muy poquito a la imaginación, a la par que tierno por ser del Rey León.

Sin la ropa interior debajo y con el aire acondicionado, sumado a que estaba recién salida de la bañera, tenía los pezones tan marcados que amenazaban con romper la camiseta.
No esperaba menos que un comentario salido de tiesto como era habitual en él.
Y evidentemente lo hizo, haciendo que me olvidara de que Valeria estaba a punto de liarse con Víctor por primera vez y que… ay, perdón, no os soltaré el spoiler. Comenzó a decirme ciertas cosas que de sólo imaginarlas en mi cabeza la cosa empezó a calentarse. Y tanto se calentó que terminé abierta de piernas y con la mano entre mis piernas acariciándome por encima del pijamita marcando cada vez más mi coño en la tela, con unas ganas inhumanas de seguir… seguir y correrme mientras entre fotos y varias insinuaciones nos poníamos los dos bastante caldeados.

Encima digamos que a mí el calor me sienta muy mal, o bien, depende a quién tenga cerca y para qué.
Resumiendo, eran las 11 de la noche pasadas y yo estaba espatarrada en la cama con un calentón que cualquiera se ponía a ver una serie o a dormir. Y entre jijjis y jajas, se lo comenté y terminamos teniendo un rato bastante… “agradable”, recordándome al final que le gustaría esa sesión de fotos conmigo y que algún día aceptaría la propuesta.

Y como yo recién corrida soy todo felicidad y aceptación dije que sí. Acepté esa loca propuesta de hacer una videollamada, posar para él y que mientras tanto él desde el otro lado en grande, con su cámara réflex, lo fuera fotografiando.
Una idea n tanto curiosa y rebuscada que se habría inventado alguien en la locura de la cuarentena.
Aún en fase 2, que podíamos salir, preferí seguir la táctica de la videollamada.

A los dos días en el salón de mi casa y con todo despejado hice lo que él me fue diciendo. Delante de la pared blanca como si fuera un fondo profesional, me coloqué con un pequeño vestido azul de tirantes, escote con botones, debajo ropa interior de encaje negra, y descalza sobre la alfombra.

De manera casera improvisamos un escenario con cosas que yo tenía por casa. Que si unas flores, que si en la zona de la ventana, sobre el sofá, mirando a la nada, pero sobretodo donde más interés mostró fe delante de la pared cuando llegamos a la parte en la que la ropa empezaba a sobrar.
Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos por los pasos que dimos en ese camino del arte corporal y la provocación.
Mirando por la ventana a través de la cortina con un tirante deslizándose por mi hombro y mi pelo despeinado.

Oliendo las flores que recogía en mis manos y a las que sonreía.
En la siguiente foto estaba sentada en el sillón con el vestido un poco subido y las piernas en el posabrazos, dejando ver parte de mis braguitas semitransparentes.
Y así fuimos haciendo varias fotos en diferentes posturas. Una que me gustó especialmente fue en la que salía sentada sobre la mesita baja, abierta de piernas empujando el vestido hacia abajo para que no se me viera nada, mientras me inclinaba con dos botones desabrochados viendo mi escote y el encaje del sujetador.

Las siguientes fueron con el vestido semisubido, apoyada contra el mueble, se veía parte de mi culo en esa postura y mis brazos cruzados bajo mi pecho para sujetarme los inclinaba dejando que se viese más.

Delante de la pared blanca y de cara a ella y de espaldas a la cámara me bajé el vestido hasta la cintura, dejando de ahí para arriba mi espalda al descubierto viéndose sólo el sujetador.
La siguiente en el suelo, de rodillas, abierta de piernas y subiendo parte de mi vestido por el culo, dejando parte de las bragas y los cachetes a la vista y la cabeza echada hacía atrás.

El vestido fue cayendo hasta mis pies, haciendo otra foto apoyada en la pared de espaldas a ella y mirando a la cámara sonriendo.
Y ahí seguimos con unas cuantas fotos más en posturas más insinuantes. Que si a cuatro patas, que si inclinada, que si agarrando los pechos sin sujetador, sentada en el suelo con las piernas abiertas y apoyada con las manos hacía atrás… hasta que me pidió fotos desnuda y dije que no.
Cuando vi las fotos dos días después me enamoré de esa cámara. Y la idea de quedar y hacer una sesión en persona no me parecía tan descabellada ni loca ahora que me había semidesnudado y posado (y tocado hablando con él en más de una ocasión) para él.

Con su cara de asombro me mando otra foto, donde cabe destacar que lo último que miré fue su cara.
Quedamos para el domingo, todo cerrado al público y nosotros dos solos en su estudio.
Cuando llegué tenía todo preparado con una zona cubierta de pétalos de rosas rojas, varias ristras de tela de seda en tonos claros y varios fondos preparados para cambiar.

La tensión y los nervios de vernos por primera vez para esto y en estas circunstancias me estaba comiendo por dentro. Pero tras una copa de vino la cosa empezaba a ser más llevadera. Y tras la segunda ya ni te cuento.
Me metí en el baño con la tela y salí con ella tapando mis partes más llamativas, llegué al “escenario” y me había preparado una cama con los pétalos de rosas. Me indicó que me tumbara, extendiera mi pelo y abriera un poco las piernas. En la cámara se me veía costada sobre el suelo, no de frente a ella.

Poco a poco la cosa se fue calentando un poquito más y empezó él a venir a “acomodarme” para la sesión.
Cabe decir que mi cara estaba roja como los pétalos y que empezaba a sentir el cosquilleo de la excitación tanto mío como suyo en el ambiente.

Fui claramente consciente de cómo sus ojos se perdían por mi cuerpo y se paraban en seco en mi pecho, que empezaba a dar constancia que tenía los pezones duros por el momento y el roce de la tela.

La foto en la que salía mirando a un lado cubriendo sólo mis pezones con la seda y dejando un primer plano del tatuaje de mi cuello me enamoró en cuanto la vi.
Y llegó el momento que supuse con los pétalos, y me pidió que me quitara la tela y me tapase mis partes íntimas con ellos, que él no miraría, pero envalentonada por el vino y porque ya empezaba a estar cachonda perdida y subidita de ánimos por ver como empezaba a tensarse, le pedí que me ayudara a taparme.

En un principio se rio, vino hacía a mí se arrodillo en el suelo y mirándome a los ojos me colocó los pétalos sobre el pecho, rozando levemente mis pezones duros y haciendo que me estremeciera y que inconscientemente me mordiera el labio mirando a su cara. Cuando se levantó pude ver como su paquete había crecido en unos leves segundos.
Algo dentro de mí se agrandó (igual que con él ¡ja!).

Cuando echó algunas fotos así, y me estaba enfocando con la cámara nuevamente, abrí las piernas y los pétalos resbalaron por mi piel dejando mi sexo al descubierto, se apartó del objetivo y me sonrió. Le respondí con una sonrisa en mi boca y pasé mi mano por mi sexo, abriendo mis pliegues mientras miraba a la cámara y me incorporaba un poco para que el resto de pétalos cayeran al suelo y se me viera el pecho.

Con una mano en la cámara que sujetaba en el trípode, la otra se fue perdiendo en sus pantalones, apretando su mano contra él, gesto que cuando vi me hizo morderme el labio y pasar mi lengua por el mientras me seguía acariciando.
Metió su mano en los pantalones y empezó a acariciarse despacio mientras me observaba a través del objetivo.

Así que me di la vuelta y me puse a cuatro patas, desnuda sobre los pétalos de rosas rojas, mirando por encima de mi hombro a la cámara y moviendo el culo mientras mi mano asomaba por debajo de mí para pasarla por el interior de mis piernas. Me incorporé, me giré y mirándole me agarré los pechos y los masajeé mientras observaba como su mano perdida en su polla empezaba a moverse más bajo la tela.

Fui gateando hasta él mientras mis tetas se movían con mis movimientos y cuando estuve a sus pies aparté su mano de la cámara, sobre la que se sostenía levemente mientras me observaba arrodillarme delante de él.

Acerqué mi cara a su paquete y la pasé por él, haciendo que sacase su mano y notase su erección en mí. Pasé una mano, agarrando con la otra la cintura de su pantalón y tirando hacía abajo, haciendo que su polla chocase con mi boca al salir, esperándola con la lengua fuera.
Agarró mi cabeza, acariciando mi pelo y mientras me miraba empecé a recorrer con mi lengua todo su miembro y lo llevaba a mi boca, mientras le rodeaba con mis labios la punta y se iba perdiendo en el interior hasta mi garganta. Me cogió el pelo y me apretó contra él, quedando privada de aire momentáneamente mientras su polla dura palpitaba en mi interior. Me apartó, intentando controlar el ritmo, sacándola de mi boca cubierta por mi saliva que goteaba levemente por mi barbilla.

La agarré con una mano, mientras la volvía a introducir donde antes estaba y empecé a mover mi cabeza acogiendo su miembro con mis labios, apretando conforme entraba y salía haciéndole estremecerse con mi mamada.
Llevé mi mano libre a mis pechos y los acaricié, mientras pellizcaba mis pezones y empezaba a bajar por mi cuerpo hasta llegar a mi coño, empapado, deseando de tener la misma atención que yo estaba prestando. Y empecé a tocarme despacio mientras se la comía bajo su atenta mirada y sus gemidos ahogados cada vez que me movía con él en mi boca.

Notaba la presión de su mano en mi cabeza intentando llevar el control y ejerciendo la presión justa que me gustaba. Me apartó tras un rato, y me agarró la barbilla, metió su polla en mi boca hasta llegar al fondo y salió, varias veces hasta que me indicó que me levantase.

Me llevó hasta la cama improvisada de pétalos y me tumbé. Sobre mí y con sus manos apoyadas a ambos lados de mis hombros me besó, colando su lengua hasta rozar la mía mientras se pegaba muchísimo a mí y notaba su miembro latir en mi coño. Pasó a mi cuello, mientras su mano se perdía en mis muslos acariciando poco a poco y metiéndose entre mis piernas, rozando con la yema de los dedos mi sexo e impregnándose de mi humedad la extendió por el.

Rozando mi cuello con los dientes descendió hasta mis pechos, agarrándolo con la mano libre para apretarlo y llevarlo a su boca, perdido en mis pezones que mordisqueaba haciendo que me arqueara con la sensación y con la visión de tenerle ahí, mirando hacia a mí.

Su otra mano volvió a subir para apretarlos contra su cara y restregarlos en ella mientras se volvía loco devorándolos, deleitándose conmigo.

Abracé su cintura con mis piernas y lo apreté más aún si es que era posible, a mí.

Descendió por mi vientre con su lengua mientras iba abriendo mis piernas nuevamente y pasaba su boca por mis muslos, por el interior, rozándome con sus labios y besando el camino que me iba a llevar al placer.

Agarré su cabeza y le empujé contra mí, pero se negaba a hacerlo rápido, y se deleitó un rato con mis muslos, cerca, muy cerca, de mi coño, que empezaba a pedir atención a gritos.

Y como si hubiera leído mis ganas al fin llegó esa deseada atención, agarró la parte alta de mis piernas y abriéndome acercó su cara a mi sexo, rozándola con él, sacando la lengua y pasándola lentamente por mi coño. Me iba a volver loca, acaricié su pelo mientras empezaba un baile con su lengua que me estaba haciendo estremecerme, igual que yo había hecho con él.

Le miraba. Dios… mirar hacia abajo y verle ahí, comiéndome, despacio, atento, disfrutando, torturándome… iba a perder la cabeza. Levantaba mis caderas para rozarme con él mientras con mi mano le apretaba para que se hocicase con mi sexo.
Su mano subió hasta mis tetas y agarró, apretó y pellizcó cada centímetro de ellas. Con su otra mano acariciando mi muslo, subió hasta mi sexo y, mientras me introducía un dedo, su lengua me recorría.

Me contorneaba bajo su atención y su mimo embaucada en un remanso de placer agónico que me estaba sobrepasando y me hacía ansiar más, olvidando por completo cómo había llegado hasta ahí. Ahora sólo quería disfrutar y correrme bajo en su boca.

Dos dedos entraban ahora en mí mientras restregaba su boca y acogía con sus labios los míos, y así, al compás que él marcaba, me empecé a mover yo también inconscientemente, hasta que sentí cómo mi corazón se disparaba, como un cúmulo de nervios y sensaciones me inundaban el pecho y descendía hasta la parte interna de los muslos para contraerme, corriéndome en su boca mientras respiraba acelerada y gemía, tapando mi boca con mi mano y agarraba su pelo con fuerza.

Subió besando mi cuerpo hasta mi boca, comiéndome y mojándome de mi misma. Agarré su polla con mi mano y la llevé hasta mi coño, para restregarla conmigo mientras él me besaba, hasta que sonrió en mi boca y se apartó.

Me pidió que me diera la vuelta mientras él iba a su cartera, sacó un condón y se lo colocó, vino hasta a mí que estaba a cuatro patas y se puso entre mis piernas, colocó su erección en mi entrada y la metió muy despacio mientras su otra mano apretaba mi culo clavándome con él.

Jadeé hasta que estuvo dentro y gemí al sentir como me llenaba. Comenzó un suave movimiento mientras me abría para él y sus manos se perdían entre mi cintura que acercaba a su cuerpo y mis pechos que intentaba acoger.
Apoyada con mis manos en el suelo me apretaba contra él en cada embestida, haciendo que una tras otra fuese más profunda, llevándome por el camino del placer mientras la mano que antes estaba en mis pechos, recogía mi pelo en una coleta improvisada y tiraba de ella hacía atrás para clavarse por completo en mi interior intentando llevar el control absoluto.

Penetraciones cada vez más bruscas, más profundas y más rápidas que me estaban haciendo enloquecer, hasta el punto de que ya no evitara hacer ruido gimiendo, me daba absolutamente todo igual, lo único que quería era vivir el momento con él.
Salía por completo y volvía a entrar, dándome una sensación de necesidad. Aferrado nuevamente a mis caderas aumentó el ritmo mientras yo llevaba una de mis manos a mi sexo y me acariciaba en busca del segundo orgasmo.

Salió de mí, me dio la vuelta y de rodillas aún él sobre la cama, me puso sobre él y me la metió de una embestida hasta el fondo, indicando que me quedase sentada sobre él unos segundos, mientras me comía la boca, indagaba en ella con su lengua y me mordía los labios. Agarrando con una mano mi culo y con la otra uno de mis pechos.

Ahora yo me movía sobre él, subiendo y bajando, apoyada en sus hombros y con mis pechos rozando el suyo mientras se perdía nuevamente en mi cuello, besando cada centímetro de él. La escena era tan erótica como placentera, follando como animales sobre los pétalos de flores y frente a la cámara que nos apuntaba.

Puse las manos sobre su pecho y le empujé, haciendo que cayera de espaldas al suelo conmigo aún encima. Apoyada en él empecé a follarle a un ritmo lento mientras veía sus ojos clavados en el movimiento de mis pechos que se balanceaban al compás. Metía los dedos en mi boca para que chupara mientras me movía y le miraba, agarrando uno de los pechos y bajando hasta mi cintura para apretarme la piel, dejando seguro sus dedos clavados en mi carne.

Me movía cada vez más rápido hasta que se salió sola de mí, resbalándose, y antes de volver a ponerle mi entrada cerca y que entrase nuevamente ella sola, restregué mi coño con su polla.

Volvió a mi interior y la fricción de mi cuerpo contra el suyo adelante y hacía atrás hizo que me volviera a tensar y que los espasmos de placer delataran mi orgasmo mientras chupaba sus dedos y los mordía.

Entonces llevó sus manos a mi culo y apretando me incitó a moverme más rápido otra vez, subiendo y bajando, notando hasta el fondo de mi ser su enorme erección que me estaba reventando.

Fue entonces cuando aceleró aún más si podía el ritmo y en su cara pude ver como las ansias por correrse lo delataban.
Clavando las uñas en su pecho subí y bajé hasta que noté como su polla se vaciaba en mi interior bajo el fino látex del condón.
Durante toda la sesión la cámara había estado en modo grabación, y lo supe, igual que mi intención al ponerme encima era que después pudiera verme en primer plano cuando viera el vídeo.








lunes, 16 de marzo de 2020

Efectos de la cuarentena +18

Primera parte En cuarentena.


Efectos de la cuarentena

La ansiedad se me mete como un nudo en el pecho que no me deja respirar. Me falta el aire, llegando a creer que puede ser un síntoma de la propia enfermedad, pero no, es los putos nervios de que algo no va a bien. Como siempre. Y necesitaba distraerme, necesitaba espabilar.

Sólo quien entienda lo que es la cuarentena sabe la necesidad de contacto físico que se tiene durante esos días.
Estas sólo, no puedes relacionarte y tu único amigo es internet que te traslada a otras personas. Por esa razón aquel día en el que internet cayó, el mundo se paró.

Habían pasado un par de días desde que mi compañero de piso y yo nos habíamos liado. Todo era relativamente normal después de eso, éramos personas adultas desde luego, así que actuábamos con normalidad pese aquello.

Estaba desesperada por tener cerca algo humano, así que fui hasta su habitación y cuando llamé al no contestar entre. Estaba sentado en el ordenador, con los cascos puestos y muy alejado del mundo mientras jugaba.

Tenté la idea de llamar su atención de alguna manera, pero no se me venía a la mente nada que lo pudiera sacar de Ephyra ahora mismo. Y empezaba a relacionarme, o en la próxima semana yo sería la que empuñara una escopeta buscando coberturas para ir a por papel higiénico a Mercadona. Así que opté por algo que se me daba muy bien.

Me senté en el escritorio al lado de él para que pudiera verme y abrí las piernas. Me ignoraba.
Me abrí parte de la chaqueta del pijama y me quedé asomando el sujetador y parte de mis pechos. Me miró pero volvió al juego.
Me puse de pie, me bajé el pantalón del pijama y me quedé en bragas sentada sobre la mesa. Se despistó y pude ver de reojo como le estaban matando por su distracción.

Abrí más las piernas, acaricié mi coño por encima de las bragas mientras me lamía los labios mirando la pantalla del juego y sentí sus ojos clavados en mí mientras le estaban disparando.
El tacto del encaje me hizo recordar que llevaba aquellas bragas semitransparentes que dejaban entrever mi sexo. Obviamente me vino de perlas.

Seguí, acariciando por encima de la tela, abandonando entre mis piernas para llevar mis manos a mis pechos y manosearlos por encima del sujetador mientras acercaba mi boca a ellas y restregaba mi cara por mis tetas, notando la suavidad de mi piel en mi cara y mi boca.

Le observé, de reojo, como llevaba su mano a su entrepierna y apretaba, intentando contener la erección que crecía bajo sus pantalones.

Bajé mi mano y la metí en el interior de mis bragas, pudiéndose ver a través del encaje como mis dedos acariciaban mi sexo de arriba abajo, lo abría con los dedos y dejaba entrever parte de mí.

Pude ver claramente cómo se ponía nervioso, se tensaba y tragaba saliva. Apartó de su oído uno de los cascos ante mi petición.
“Vuelve al juego, te están matando” y ahí seguía aferrado al mando mientras su personaje se arrastraba por el suelo tras un par de escopetazos.

Jugaba, incómodo, mientras yo me manoseaba y echaba mi braguita a un lado, abiertas de piernas a su lado, pasando mis dedos por mi coño despacio mientras con la otra mano me sacaba las tetas una a una del sujetador, dejando a la vista mis pechos y los pezones duros que pellizcaba mientras me mordía el labio, cachonda perdida.

Dejé mi boca entre abierta cuando empecé a sentir mis dedos en mi entrada, acariciando y empapándose de la humedad que desprendía. Introduje uno, entré y salí mientras me revolvía en la mesa y veía de reojo como él me miraba y se agarraba la polla por encima de los pantalones con una mano y con la otra seguía sosteniendo el mando.
Saqué mi dedo y lo llevé hasta su boca, se lo pasé por los labios y lo introduje en ella. Su calor me llegó hasta el dedo que movía en su boca entrando y saliendo para volver a llevarlo a mi coño. Metí dos dedos, los saqué y los volví a llevar hasta su boca, chupó y mientras yo le observaba los llevé hasta la mía, chupar y volver a llevarlos a entre mis piernas.

Los introduje en mí y mientras entraba y salía agarraba mis pechos con la mano libre para sobarlos y llevarlos hasta mi boca, acercando el pezón hasta mi barbilla, sacar la lengua y acariciarlo con ella hasta chuparlos y succionarlos, rozándolos con los dientes.

Cuando le miré se estaba sacando la polla de los pantalones y le hice un gesto a la vez que le decía “sigue jugando o pararé”. La volvió a guardar y comencé un curioso juego de llevar mis dedos totalmente empapados de su boca a la mía, para volverlos a mi interior.
Abierta, dándome placer disfrutando de él y su mirada, me estaba tocando para él mientras él se moría por hacerme lo mismo a mí. Y disfruté. Seguí tocándome, tras acomodarme bien en la mesa puse mi pie descalzo sobre su paquete y mientras me tocaba yo misma, le rozaba a él con el pie por encima de la ropa.
Dios… estaba disfrutando como una loca mientras sentía como latía su paquete bajo mi pie, completamente duro. Metía y sacaba los dedos de mí, me acariciaba todo mi sexo y los volvía a introducir. Y entre el roce de la mano y el baile de mis dedos sentí como estaba a punto de correrme. Aceleré los movimientos para notar como me acercaba, me tensaba y me inundaba el placer mientras me corría con mi mano y no podía aguantar los gemidos.

Quité mi mano de mi coño completamente empapada, cerré las piernas, me coloqué y la acerqué a su boca mientras chupaba cada centímetro de mi mano mirándome.

Me metí las tetas en el sujetador, me cerré la chaqueta y me puse las bragas en su sitio y me fui a mi habitación a jugar a la consola.

Estaba tumbada en la cama, bocabajo, sin bragas, con el mando en la mano y mirando para la tele cuando sentí mi puerta abrirse. Sin llamar ni nada.
Entró despacio, sin pantalones, sólo en calzoncillos y se los quitó cuando estaba al lado de mi cama. Se subió sobre esta, se sentó sobre mi culo, y puso su polla dura entre mis nalgas. Esperó unos segundos a ver mi reacción, que no fue otra que remover el culo acomodándome para sentir como sus manos me apretaban y juntaban mis cachetes con su miembro en medio.

Comenzó un baile de sube y baja pajeándose con mi culo, acelerando las embestidas como si estuviera deseoso o enfadado. Me intenté inclinar, pero lo que conseguí fue sentir su mano presionar mi cabeza contra la almohada y acelerar las arremetidas con más brusquedad. El castigo que intentaba ponerme me estaba haciendo más disfrutar que otra cosa.
Pero eso aumentaba mucho más las ganas de follar con él que tenía, y a expensas de que lo hiciera me decepcionó, intensificando sus movimientos hasta apartarse y sentir como se corría en la parte baja de mi espalda y mi culo.
Me movió las nalgas lo suficiente para ver caer las gotas de semen por mi culo y mojar hasta la cama.

Se levantó de la cama y se fue. Le seguí y vi cómo se metía en el baño. Él que siempre echaba el pestillo lo dejó abierto.
Fui tras sus pasos y entré, cerré la puerta y me abrí la chaqueta ara dejarla caer al suelo, me quité el sujetador e hice lo mismo. Una vez desnuda, entré en la ducha donde él estaba de espalda pegado al cristal.

El agua empezaba a caer por su cuerpo cuando cerré. Me miró, sonrió y siguió bajo el calor de la humedad. Me puse de rodillas, acerqué mi cara hasta su miembro y saqué la lengua dando un lametón de abajo arriba.

El agua se mezclaba con mi saliva mientras pasaba la punta de la lengua por sus huevos, rozando su polla por mi cara. Puso su mano sobre mi cabeza y acariciando mi pelo humedecido me agarró, presionándome con él. Comencé un movimiento lento con su polla en mi boca cuando ascendí hasta la punta de ella y la envolví con mi lengua, succionando la punta, apretando con mis labios chupando con ganas. La metí entera, hasta mi garganta, para subir y bajar mientras me ahogaba con ella y el agua que me llenaba la boca.

Se apoyaba en el cristal mientras veía desde mi posición su cara de placer, disfrutando de la mamada que le estaba haciendo en la ducha. Comiendo con ganas, mientras enredaba cada vez más su mano en mi pelo para intentar controlar el ritmo.
Se apartó de mi para ponerme contra el cristal, con mis tetas mojadas pegadas por completo en él, y desde el espejo de enfrente se podía ver levemente la escena. Como él se colocaba tras de mí, movía mis caderas lo suficiente para ponerse entre mis piernas y entrar en mi de una embestida seca y dura. Sin condón, no como la última vez. Se aferró a mi carne para entrar y salir con fuerza mientras el agua nos caía y la sentía muy profunda clavarse una y otra vez en mi interior.
Se apartó, me pegó en la pared de cara a él y cogió una de mis piernas sobre su brazo, llevó su polla a mi entrada y me la metió sin miramientos mientras acercaba su boca a la mía y sentía su respiración en mis labios, con su frente apoyada sobre la mía. Entraba y salía, ahora despacio, follándome con deseo y necesidad mientras con la mano libre agarraba mi cuello presionando lo bastante como para acelerar más mi pulso.

Bajó con esa misma mano hasta mis tetas para apretarlas, manosear, acariciar y pellizcar mis pezones hasta que noté como empezaba a moverse más acelerado, intensificando los movimientos, desesperado buscando el placer. Resbaló y salió de mí y aproveché para llevar su polla hasta mi coño y rozarme con ella el clítoris, deseosa de correrme. Movía su cuerpo hacía a mí para apegarla y rozarme, hasta que volví a sentir los pasos del orgasmo en mi cuerpo, tensarme, mover mis caderas contra su polla a la vez que él me ayudaba y me corría, gimiendo con su boca pegada a mi cuello.
Volvió a recuperar el control él para meterá de nuevo en mi interior y seguir el ritmo que había adquirido antes de salirse y aceleró y aceleró hasta que salió y pajeándose levemente se corrió en mi coño, mezclándose con el agua y mis propios fluidos.

Le empezaba a coger el gusto a la cuarentena.



sábado, 14 de marzo de 2020

En cuarentena +18


En cuarentena

Crecemos a la sombra de los mayores siendo niños, sin entender sus palabras, sus consejos, sus avisos, sus advertencias. Oímos una y otra vez que todo se acaba, pero nunca, si crecemos con las mismas personas, somos conscientes de que en algún momento se irán. Hasta que empezamos a perder gente cercana, amigos, mascotas, compañeros, amantes… sabemos que al igual que un yogur, la vida tiene caducidad y por consiguiente el trato con la gente.
Nadie estará a tu lado eternamente, da igual el vínculo que tengas con ella, todos se van o la vida te los arrebata. Pero sin duda el hecho de que alguien te jure que siempre estará ahí es el indicativo de que, más aún, desaparecerá.

Al igual que el yogur, con ciertas personas, sabemos que nuestra relación tendrá un fin, una fecha de caducidad. Pero de mismo modo que con ese alimento, seguimos arrastrándolo con nosotros aún pasado de fecha. “Por qué no pasa nada”.
Pero sí pasa.

Te sienta mal, te fuerzas a creer, te daña por dentro, te atormenta el “no tenía que haberlo hecho” y te revuelve tu interior. Y las mayores cicatrices, al igual que las indigestiones, te lo hace algo que te gusta, que te encanta, que te apasiona y no te cansa.

Sabes que tiene fecha para terminar. Sabes que no puedes comerlo después, y aun así lo haces, sabiendo el resultado… ¿Es que eres gilipollas? No. Somos humanos. No aprendemos del error aun teniendo la certeza de lo que pasará. Y sigues. Y te alimentas de ello porque te gusta, aun sabiendo que te sentará mal porque no hay otro alimento como ese y de ese sabor que te llene. Como con las personas.

Pero un día eres consciente, tienes un momento de lucidez. La adicción y el ansía, al igual que la droga que tanto te engancha, te hace ver que no te hace bien. Y tras caer con la misma piedra una y otra vez decides mirar al suelo, y estar pendiente de las que puedan venir para esquivar. Aprendes a dejar ir al igual que aprendiste a dejarte llevar. Entiendes que no tienes que cambiar tu, que simplemente hay cosas que no deben ser y el tiempo y el destino pone cada cosa en su sitio y espacio. Sobretodo a las personas. Así que estar tirando de una cuerda tu sola cuando hay alguien mirando no te aporta nada. Si esa persona quisiera la cuerda también tiraría. Y nuevamente aprendes a dejar ir lo que un día por azar vino hasta a ti.

La gente desconcierta.

Parece que vivimos en un videojuego RPG y en nuestro camino vamos conociendo a infinidad de personas a las que, a veces sin saberlo, le hacemos un favor y después seguimos cada uno con nuestro camino. O lo que es lo mismo la gente te utiliza para su beneficio y cuando no le interesas te abandonan, se despegan. Pero no de una manera bonita o poética, sino cruel y dañina.

Llevo años escuchando que no dejo entrar a nadie en mi vida. Y aun así escarban en el muro de fuera hasta que llegan a dentro, y una vez entran se dedican a romperte desde ahí. Como un caballo de Troya. Y no aprendemos. Pero queda parte del consuelo de que todo termina, antes o después. Pero aun tienes que pasar el duelo. No sin antes hacer lo que debes, aunque duela, como es dar lo que recibes, hasta que llega un punto donde dicha relación muere por su propio pie. Y lo sabías. Y lo avisabas. Pero al igual que en momentos apocalípticos, nadie te cree.
Es como una maceta que regabas todos los días y dejas de hacerlo. Se va marchitando poco a poco, y después no importa el agua que le eches, las hojas ya están secas, pueden salir otras, pero lo que ha muerto no se regenera. Y eso me pasó con mi último novio, razón por la que oír la palabra tío me hacía huir, esconderme, evitar y no querer asomar la cabeza tras la cobertura.

Y así fue como me encerré en casa, incluso antes de la cuarentena, decidí quedarme tan ricamente aislada del mundo y de la vida, en todos sus aspectos, mis únicas compañías era mi gato, el cual me ignoraba, haciéndome recordar que debía empezar a ser como él. Aceptar cariño sólo cuando yo realmente lo quisiera, aceptar la mano cuando yo realmente la necesitara, y aceptar la compañía cuando realmente mi cuerpo tuviera deficiencia de ella. Y mi compañero de piso, con el que llevaba un mes compartiendo todo.

Así que aquella tarde, una semana después de esto, en la que estábamos hasta los cojones de la clausura sometida por el gobierno, decidimos desmadrarnos un poco. Sin visitas, sin salidas, nos estábamos volviendo locos.

Buscamos en la despensa las bebidas alcohólicas que quedaban de las últimas navidades que tuve en compañía (benditas navidades), y con los restos de todo hicimos una mezcla un tanto curiosa. Y asquerosa. Empezamos a mirar por twitter tweets con determinada palabra propia de la pandemia y cuando leíamos una, chupito de mezclas.

Al cabo de media hora yo no podía ni mantener una palabra cuerda ni una conversación civilizada.

Me levanté, me abrí la cremallera de la chaqueta de pelo azul que llevaba y me quedé en camiseta de interior, que transparentaba mi sujetador negro.
Él se quitó la parte de arriba de la ropa y se quedó sólo con el pantalón del pijama.
Más tweets. Chupito. Entre las risas y las situaciones que poníamos tan surrealistas terminamos bebiéndonos parte del alcohol que quedaba. Llegando a jugar un poco más allá, quitando una prenda de ropa cada X tweets con dicha palabra, hasta que nos encontramos en ropa interior.

Como sigo siendo humana, y por mucho que me apañe yo solita como haría un gato, necesito compañía en determinadas ocasiones. Porque ya había terminado por conocer todas las páginas porno de Twitter, me sabía todos los gifs de memoria. Empezaba a encontrarme sin material y aún quedaba una semana de aislamiento.

Cogí un hielo de la cubitera con los labios, le empujé contra el suelo y me puse sobre él, sentada encima. Acerqué el cubito a su boca y apoyando mi peso en las manos sostenía mi cuerpo para evitar pegar mi cara con la suya.

Abrió la boca y cogió el hielo, rozando levemente sus labios con los míos. Sentía como entre sus piernas crecía parte de él, al estar en contacto conmigo, tan ligera de ropa. Me removí, a propósito, como si fuera sin querer haciendo algo de fricción y tensándolo más. Hasta que al final me agarró del culo y me apretó contra él. “Bueno bueno… ¿qué haces?” le dije sonriendo. A lo que su respuesta fue darme la vuelta y ponerme bajo él, dominando la situación en un segundo y colocándose entre mis piernas sin posibilidad alguna de moverme. Y sorprendentemente, no quería hacerlo. Al igual que mi gato, ahora quería cariño, contacto humano, por lo que acerqué mi mano hasta su boca y rocé con la yema de los dedos sus labios, metiendo un dedo en ella, deleitándome en como chupaba mientras me observaba. Su boca fría, por el hielo, aun goteando agua de haberse derretido.

Agarró mi barbilla y acercó su boca, besándome, notando la humedad y la frialdad en su beso, inundando mi boca hasta el fondo con su lengua. Brusco, fuerte, posesivo, frío, agrío por el sabor del alcohol que habíamos tomado, con ese amargor propio de el. Me encendí. Y cuando yo me enciendo soy difícil de apagar, cosa que me trae malas decisiones, la verdad sea dicha.

Cerré mis piernas alrededor de su cintura, proporcionando contacto extremo a mi cuerpo, mientras sus manos viajaban a mis pechos y los amasaba por encima del sujetador. Presionándolas mientras se restregaba conmigo, aun con ropa interior en nosotros. Tiró de mis tirantes hacia abajo, pero sin llegar a sacar mis tetas de mi sujetador. Apretó, subiéndolas hasta mi garganta y las acercó a mi boca, observando como sacaba la lengua y recorría mis pechos con ella. Tiró de él y las dejó libres, volviéndolas a subir hasta mi boca, donde su lengua y la mía recorría mi piel y mis pezones, hasta juntarse ambas y comernos la boca.

Durante un largo beso aprovechó para pellizcarme, apretar mi pezón entre sus dedos y hacerme unas placenteras cosquillas que poco a poco me iban humedeciendo. Podía sentir prácticamente como la tela empapada de mis bragas se pegaba a mi coño, que estando recién depilado marcaba tanto mi rajita en mis bragas que se percató hasta sin tocar. Pero no tardó, metió un dedo en mi boca, y lo bajó por mi barbilla, mi cuello, mi pecho, mi vientre, hasta llegar a mi sexo y apretarlo contra mí moviendo sutilmente el dedo por encima de la tela hasta hacerme suspirar.

Callaba mis suspiros con su boca. Metió la mano en mis bragas y empezó a acariciarme con la yema de sus dedos despacio, tanto que me desesperaba, apenas unos roces con sus dedos haciendo que levantara mis caderas para buscar su mano mientras la otra la tenía sobre mi cuello presionando para que no me moviera.
Se quedó mirándome durante unos segundos sonriendo, disfrutando del espectáculo de ver cómo me excitaba cada vez más en su cara ante su contacto. Sin prisa, el ego y lo que no es el ego, le crecía verme ahí sometida al placer.
Se apartó.
Acercó su boca hasta mis tetas, las juntó con sus manos y acercó su cara, perdiendo su boca en mis pechos, devorando, jugando, lamiendo, deleitándose con ellos sin perder un segundo la atención de mi cara.

Mis manos recorrían su espalda, pasando las yemas de los dedos y dejando un camino marcado levemente por mis uñas que ansiaba clavar en él. Dios como me estaba poniendo. Quizás la cuarentena después de todo no había sido tan mala idea.
Se apartó para coger otro cubito y con el en la boca lo rozó por mis labios, lo pasó por mi barbilla, dejando un rastro húmedo conforme bajaba por mi cuero, rozándolo en mis pezones haciendo que se endurecieran mucho más, tan erguidos que dolía, y siguió bajando, quedando cada vez menos helo en el cubito llegó hasta mi coño y lo dejó ahí, haciéndome sentir una mezcla de placer, escalofrío y excitación de saber que mi propia calor corporal lo estaba derritiendo.

Mientras tanto volvió a subir hasta mi boca, me besó y bajó con ella por mis pechos hasta mi barriga, jugueteando con mi ombligo, mientras agarraba la cintura de mis bragas y tiraba hacía abajo para despojarme de ellas. Agarró mis muslos y los abrió, centrando su visión en mi coño empapado y relamiéndose los labios mientras subía la vista hacía a mí, apretando las manos en mi piel y acercándose poco a poco hasta mi entrepierna para hundir su cara en él, sacar la lengua y dar un lametón de abajo arriba, cogerme con sus labios y chuparme, haciéndome gemir mientras con una de sus manos agarraba un pecho y apretaba. Sentía como el frío del hielo se iba con el roce de su lengua y sus labios.

Agarré su cabeza con una mano mientras con la otra me apretaba mi pecho libre, haciendo compañía a él. Agarrada a su pelo guiaba su cabeza por mi coño con cada movimiento, follándole la boca mientras me hacía arquearme de placer.
Y así fue como me dejé llevar, me apreté más contra él y entre espasmos que me costaba contener y controlar me corrí en su boca.

Se apartó, se acercó hasta mi boca y me besó, llenándome de su saliva y de mi misma. Le indiqué que se acercara hasta mi boca, y de rodillas junto a mí se apegó, sintiendo su paquete en mis labios completamente duro.
Tumbada y abierta de piernas completamente mojada, me centré en lo que tenía en mi cara. Empecé a acariciar por encima de la ropa, rozando con mi boca mientras le miraba y sonreía y le miraba a través de mis gafas.

Agarré la cinturilla de sus calzoncillos y tiré, pegándole lo posible a mis labios, para que al liberar su erección se chocara con mi boca.
Saqué la lengua y la pasé despacio, dando una lamida lenta, delicada, excitante sobre su miembro duro que empezaba a palpitar con ganas de meterse en mi boca.
Agarré sus huevos mientras con mis labios paseaba por su polla, subiendo y bajando, sintiendo su mano en mis pechos. Envolví la punta con mi lengua y la acobijé en mis labios empezando un movimiento lento de mete y saca de mi boca. Su cara era un espectáculo visual que me estaba calentando por segundo, y su otra mano libre acariciaba mi pelo y mi frente mientras me follaba la boca, acelerando cada vez más el ritmo, recuperando el control que me había ejercido unos minutos.
Así se apoyó en el suelo y ahora entraba hasta mi garganta una y otra vez centrándose en su propio placer.
Observaba al mirar abajo como su polla se perdía entre mis labios y como cada vez me costaba más respirar por tenerle en mi garganta.

Hasta que se apartó, llevó su polla a mis tetas y rozó la punta por mis pezones, mojándome de mi saliva y su propia humedad, endureciéndome hasta límites extremos, tanto como yo hacía con él.

Se levantó, fue a su habitación y apareció con un condón, me lo entregó y tras abrirlo, se lo puse en la punta, acerqué mi boca y con mis labios empecé a meterla en mi boca colocando el preservativo. Cuando llegué al final me presionó la cabeza contra él y pude sentir como la clavaba en mi garganta una vez más.

Me aparté, se colocó entre mis piernas y pegando su cuerpo al mío todo lo posible, a puso en mi entrada. Me moví, se movió, y entre ambos la colamos en mi interior con movimientos lentos. Sintiendo como me abría, me adaptaba a él y empezábamos a follarnos mutuamente.

Su boca en mi cuello me estaba volviendo loca, mis manos estaban dejando marcas en su espalda que tardarían unos días en irse, ambos nos estábamos entregando por completo al placer y al sexo más puro que podíamos. Me embestía fuerte, duro, con arremetidas briscas, secas, sin piedad ni cuidado ninguno, sólo buscando el placer, mi placer y el suyo. Su pecho presionaba los míos, mis piernas le apretaban más aún contra mi hasta el punto de hacer fricción en mi clítoris mientras me follaba. Era un baile perfecto de sensaciones, así que no es de extrañar que me volviera a correr con él en mi interior cuando agarró mi cuello y acerco su boca a la mía, sintiendo nuestras respiraciones en la boca del otro mientras me empalaba una y otra vez con un ritmo tan frenético y pasional bajo sus palabras, que chocaban en mis labios “córrete sobre mi polla”. Y mientras bebía mis gemidos con su boca me corrí, apretándole con mi coño mientras clavaba las uñas en su brazo con el que me estaba presionando la garganta y me mordía él mismo el labio inferior.

Salió de mí, se colocó nuevamente de rodillas y me volvió a penetrar cogiéndome de los hombros fundiéndose conmigo por completo, acelerando el ritmo, buscando correrse. Le cogí del cuello, acerqué mi boca a su oído y entre quejidos le susurre “quiero que te corras en mi boca”. Se apartó de mí, se quitó el condón y acercándola a mis labios la agarré, le pasé la lengua rozándole la punta y empecé a pajearle pegada a mi boca, con esta abierta y la lengua fuera, mientras le observaba.

Agarró mi pelo y miró hipnotizado como su semen caía por mi lengua y resbalaba por mi barbilla hasta gotear en mis pechos. Yo pasaba la lengua por mis labios, y mi otra mano por mis pechos restregando la corrida.

Él me miraba… su pecho subía y bajaba alterado, sonreía, expresando en sus ojos el deseo y el morbo de la escena.

Quizás una cuarentena curaba todos los males, ¿no?. Duele… pero cuando todo pasa empiezas a entender.

viernes, 6 de marzo de 2020

Que comience el espectáculo +18


Que comience el espectáculo

Dicen que los hechos superan las palabras, ¿pero qué me dices de las miradas?. Todo empezó con un par de miradas que se nos iban de las manos, que nos ponía nervioso, tensos, nos hacían coquetear, jugar, como si estuviéramos en una partida de póker donde tuviéramos que hacernos señas visuales. Pero no, estábamos en un teatro, viendo un musical erótico. Sí sí… desconocía su existencia hasta que hace unos meses mi prima, que es la protagonista principal de uno, me lo contó.
Siempre vi la película Moulin Rouge, de mis favoritas, cómo algo ficticio e ignoraba que fuera algo tan habitual en este mundillo. Quizás esta actuación pecase más de erótico que los propios cabarets.

Y allí estaba con el chico con el que había ido, con el que había quedado en más de una ocasión y nunca terminaba de pasar nada, viendo aquella obra.
La melodía de Welcome inundaba el teatro, dando previo paso a las mujeres, perfectamente vestidas para la ocasión con trajes minúsculos y pomposos de seda, corsés apretados, largas piernas cubiertas por medias de brillo que llegaban hasta sus tacones.
Una fila de sillas adornaban el escenario, donde ellas salían en fila para sentarse y contonearse al ritmo de la música mientras cantaban, dando voz a la melodía que las acompañaban.

Roxanne se movía al ritmo de Bumps and Grinds como una introducción previa a reencontrarse con Joel, el protagonista masculino que la debía de coger en brazos tras acariciarla, recorrer su cuerpo y meter las manos por debajo de su corto vestido de seda motoso.
Él sentado la esperaba para colocarla entre sus piernas cuando la clásica lady mermelade empezó a sondar y Roxanne se contoneaba cada vez más cerca de su cara, acercando su gran escote pronunciado por su corsé hasta su cara. Las manos de Joel se perdían dentro de su vestido hasta estirar y dejarla en bragas.

Se sentó a horcajadas sobre el mientras las manos del chico la recorrían lentamente y un coro detrás de ellos simulaban tocamientos entre ellos como si de una gran orgía se tratase.

A mi lado, mi compañía estaba sumida en el erotismo del espectáculo, tenso, nervioso, agudizando sus sentidos mientras veía la escena y yo, disimuladamente colocaba mi mano sobre su muslo para acceder a su paquete, que comencé a acariciar despacio mientras miraba el espectáculo igual que él. Sentí que me observaba, me relamía los labios sonriendo sin apartar los ojos del escenario ni mi mano de entre sus piernas.

Su erección crecía bajo mi tacto y su respiración acelerada podía sentirla pese al alto sonido de la música.
La luz se atenuó cuando un cambio de música dio paso al clásico tango de Roxanne, donde semi desnuda se movía bailando cada vez más sensual junto a Joel. Que en determinadas subidas de tono la agarraba del cuello doblegándola a inclinarse a modo erótico. Cada nota repercutía en sus cuerpos, alterando el ritmo de sus movimientos, sus manos y sus caras, expresando en cada letra emociones que te llegaban al alma.

Desabroché el botón de su pantalón y metí la mano, bajando la cremallera sin esfuerzo hasta llegar a su polla, cubierta por la tela de los calzoncillos que amenazaba con romperse.

Acaricié, haciendo que se removiera en el asiento mirando a todos lados en busca de miradas indiscretas que pudieran descubrirnos. Me llevé el dedo a la boca para susurrar un “shhhh” que dejé en el aire mientras le sonreía y me lamía los labios. Y mientras los protagonistas de la actuación fingían un encuentro sexual empecé a masturbarle bajo la tela, sintiendo su mirada clavada en mí y su mano a cada instante sobre la mía, indicando que parara. Pero no lo hacía, seguía moviendo mi mano lentamente bajo su ropa, subiendo y bajando, al ritmo de la música erótica que se elevaba y cuando sentí que le tenía en el punto donde yo quería, a mis pies, me sentí como Roxanne cuando veía a Joel lamiendo sus tobillos de rodillas en el suelo y subiendo por sus piernas. Una diosa sexual que podía provocarle, manejarlo y calentarlo bajo el erotismo de la música. Llevarlo al límite cuando y como yo quisiera, aunque fuera en una sala con más de 100 personas.

Saqué mi mano de su pantalón, mientras Nasty Naughty boy empezaba a sonar y un coro de bailarines emparejados con el sexo opuesto se pegaban, estando la mujer delante y el chico en su espalda, pegando sus cuerpos.
Mientras él me miraba y miraba al escenario coloqué mi mano en mi rodilla y fui subiendo despacio por mi muslo hasta llevarla al interior de mis piernas, por debajo de la falda negra que llevaba. Abrí un poco las piernas mientras me acariciaba mirando la actuación y me mordía el labio, sintiendo como sus ojos no se apartaban nada más que con un leve parpadeo para continuar observando esa escena de mi mano apartando las bragas a un lado para dejar mi sexo expuesto y que sólo lo viera él y quién se fijara en mí.

Llevé los mismos dedos que estaban entre mis piernas a mi boca, y mientras no le dedicaba mi visión a él, los chupé, pasándolos por mis labios llevando el pintalabios rojo en ellos hasta su boca. Sentí la calidez de su lengua y su respiración agitada en mis dedos. Bajé hasta su mano y la recogí con la mía, la llevé a mi boca y chupé dos de dos dedos, envolviéndolos con mi lengua y succionando, mientras seguía atenta a Roxanne y Joel, que ahora empezaban a cantar una Feeling good mientras montaban una coreografía imposible de seguir sin excitarse. La tensión se palpaba en el ambiente, se susurraba el sexo entre ellos, sus miradas, sus caricias… como las manos de Joel dominaban a una Roxanne que quería escapar de una cadena que se enrollaba en su cuello.

Del techo bajó una enorme jaula que Joel abrió, empujando a Roxanne dentro, para meterse con ella y cerrar con llave un candado y tirarla a uno de sus compañeros. Una vez dentro de la jaula subía su falda, dejando su liguero expuesto, que recorría con sus manos mientras ella, con la cadena en su boca se aferraba a los barrotes de la jaula.

Yo estaba absorbida con la escena, pero sin perder atención del chico que tenía a mi lado y del que chupaba sus dedos, bajándolos hasta mis muslos y subiendo por ellos hasta llegar al interior de mis piernas. Rozaba su mano con mi coño, empapando sus dedos y él no podía dejar de mirar donde su mano se escondía.

No aguantaba más. Dejé su mano entre mis piernas para tocar su paquete que estaba a punto de reventar el pantalón, y bajo mi tacto soltó un quejido de súplica que no pude ignorar y sonreí como respuesta. Le miré y me relamí los labios.

Se acercó hasta mi cuello cuando los actores, rodeando la jaula donde estaban sus protagonistas uno sobre otro acariciándose, se pusieron a hacer una coreografía impresionante interpretando I Will survive.

“Necesito follarte”

Me estremecí, cogí su mano y la puse entre mis piernas nuevamente, la dejé ahí mientras yo cerraba los muslos y le apretaba con ellos evitando que pudiera salir.

Pero me apartó, me cogió de la muñeca y tiró de mí hasta que me levanté y me acerqué a su cara. “¿Qué?”. Se puso de pie y me llevó a la parte trasera del teatro.
En la oscuridad de la noche y bajo la única luz de un letrero de neón desgastado que estaba tirado en una esquina del suelo me puso sobre la pared, de espaldas a ella y me agarró del cuello, presionando lo justo para que le mirase y sonriera, como triunfo de lo que había conseguido.

Sonaba Teeth, cuando empezó a besarme el cuello, apartando mi corta melena a un lado, pegando su erección a punto de reventar en mi barriga. Me besó, mordiendo casi enfadado y dejando un picor en la piel. Abrió los botones de mi camisa para dejarme en sujetador y agarrar mis tetas por encima del sujetador. Las juntó, pasó su cara por ellas y sacó la lengua, lamiendo el escote y terminando en un beso. Las sacó del sujetador, rozó mis pezones ya duros con su lengua y los acogió con sus dientes mientras yo acariciaba su pelo y empujaba la cabeza, obligándole a bajar hasta ponerse de rodillas.

La imagen bajo la música me estaba poniendo a tono, subí mi falda para exponerle las bragas pegadas a mi coño empapado y empujé su cabeza hasta el. Mordió, restregando su boca a la vez que sacaba la lengua y apartaba las bragas a un lado para pasarla por mi rajita y empaparnos mutuamente. Se ayudó de sus dedos para abrirme, y poder lamer más profundamente mi sexo, acariciando con dos dedos la entrada apretada y lubricada. Pasó los dedos por mi coño, los llevó a mi boca, chupé, subió, chupamos a la vez que nos besamos con mis dedos en medio y volvió a estar entre mis piernas, metiendo sus dedos en mi interior mientras acercaba su boca a mi sexo y me seguía comiendo a la vez que entraba y salía de mí.

Dios… iba a morir de placer, ansiaba correrme en esa boquita que me estaba volviendo loca. Agarré su pelo, haciendo presión sobre su cabeza para restregar mi coño por su boca y estimularme con más fricción, acelerando cada vez más mis movimientos mientras su mano libre se servía para abrir mis labios vaginales y tener un acceso total a mi interior.
Me aceleraba, respiraba más rápido, me tensaba, un escalofrío me recorría, la adrenalina de saber que estoy a punto de llegar al placer y de disfrutar, abrí la boca y empecé a gemir sin importar que se me pudiera oír, porque bajo la música que sonaba, poco importaba. Mis jadeos se mezclaban con las notas musicales que estaban haciendo bailar en el escenario a los demás sin ser consciente de que aquí al lado estábamos él y yo a punto de follar de verdad.
El placer de la obra había llegado a nuestros cuerpos y estaba a punto de correrme en su boca mientras él no dejaba la lengua quieta. Me encantaba. Así… dios sí. Apreté su pelo, su cara contra mí todo lo que pude y me corrí mientras las piernas abiertas me temblaban y los pezones duros podía sentirlos tan tirantes como si fueran a romperse.

Me mordisqueó antes de apartarse mientras yo le cogía de la camisa y le pegaba ahora a él en la pared, me tocaba a mí e iba a disfrutar.

Abrí su camisa y subí con mis manos por su pecho, acercándome hasta su cuello, aspirando su olor, respirando en él, rozando con mis labios y yendo a su boca, mordisqueando su labio y bajando por su barbilla con mi boca, pasando la punta de la lengua. Mordisqueé su clavícula, su pezón, bajé por su vientre hasta que llegué a la cintura de su pantalón. Pasé mi boca por su paquete mientras me agachaba y me acomodaba y le observé desde abajo, sintiendo su mano en mi pelo, acariciando mientras veía en su cara la excitación y el deseo.

Me aparté para desabrochar el botón nuevamente, bajar la cremallera y bajar un poco su pantalón. Acaricié por encima de los calzoncillos y pasé la lengua por la tela notando como me apretaba contra él. Agarré la cintura de su ropa interior para tirar, mientras mi boca estaba cerca, consiguiendo el efecto deseado, que su polla diera en mi boca al liberarla.

Saqué la lengua, y sin dejar de mirar a sus ojos, empecé a subir la lengua por él, arriba y abajo, deteniéndome en sus huevos que tanteé con ella para meterlos en mi boca y chupar mientras acariciaba su miembro con mi mano y me rozaba la cara. Subí por su polla, llegué a la punta y mientras tocaba sus huevos con la mano, la envolví con mi lengua, succionando y recorriéndola apretando con mis labios para bajar y subir por ella, llenándome la boca de él.
Me apretó la cabeza cuando la sintió en mi garganta, evitando mi respiración, y me aparté para dejarla salir cubierta de mi saliva y de su humedad. Empecé a chupar, subiendo y bajando con mi boca y mi mano, apartándome solo para rozar la punta por mis labios y volverla a chupar, entera, llegando hasta mi garganta.

Sentía la presión de su mano en mi cabeza, como se movía follándome la boca cada vez más fuerte buscando su propio placer, del cual estaba disfrutando yo de primera mano. Verle tan entregado al deseo, disfrutando del placer que yo y mi boca le dábamos, era tan excitante que sólo conseguía encenderme más pese a haber terminado de correrme hacía poco.

Me agarró el pelo, apartándolo de mi cara para verme mejor y ver como su polla se perdía en mi boca, entrando y saliendo de ella, y me tiró para apartarme “Quiero follarte, ahora”.

Me puse de pie, me colocó de cara a la pared, inclinó mi cuerpo, subió mi falda, echó las bragas más aún a un lado y se pegó a mi culo. Tanteó mi entrada con su mano para llevar la punta de su miembro hasta ella, colocarla y mientras me agarraba las tetas desde atrás me la metió de una embestida haciendo que jadeara y soltara un “ah” al sentirme abierta de golpe por el tamaño, el grosor y la dureza con la que me iba a follar.

Empezó a moverse dentro de mi mientras se aferraba a mis pechos en esa postura y me los apretaba, entrando y saliendo jadeando en mi cuello, mordiendo para evitar hacer más ruido mientras yo, sin importarme eso, gemía y soltaba quejidos por el placer que me inundaba al sentir su polla en mi interior, sintiéndome llena de él.

Bajó su mano hasta mi culo y sentí sus dedos clavarse en mi piel, dando azotes que resonaban haciendo que me encendiera más. Llevó su otra mano a mi boca, metiendo los dedos en ella y susurrando en mi oído “chupa, quiero sentir tu boca mientras te follo”. Mis manos apoyadas en la pared y mi cara contra ella amortiguaban las embestidas salvajes y profundas. Dios bendito, me iba a volver a correr con su erección dentro de mí.

Moví el culo, apretándome contra él, ejerciendo el movimiento a su inversa para follarnos mutuamente en esta postura. Era tan placentero… que pocos minutos después me bastaron para sentir como apretaba su polla con mi coño corriéndome con él en mi interior. Aquello le bastó para, tras unas cuantas embestidas más rápidas y duras, se abandonara al placer. La rudeza de sus gemidos en mi cuello, como su cuerpo se contraía, como su polla palpitaba en mi interior… se corrió dentro de mí, sentí como su semen caliente me inundaba por dentro y chorreaba por mi coño y mis muslos.
Con un azote salió de mí y me dio la vuelta para besarme, agarrando mis tetas y juntándolas. “¿Te ha gustado el espectáculo?“ Pregunté en su boca antes de morder su labio. “Tu sí que eres un espectáculo” me respondió mientras acariciaba mi coño nuevamente.

jueves, 5 de marzo de 2020

Mi adorable vecino +18


Mi adorable vecino

Apenas hace un par de semanas que me he mudado a este edificio y ya odio a una gran parte del mismo con todo mi ser.

Entre las fiesteras de abajo, que me hacen sentirme como una puta octogenaria gruñona, los niños de arriba, que deseo que crezcan más que sus propios padres, y las ancianas del primero que controlan mi vida como si fuese el Sálvame diario, vivir en un tercero me parece un castigo porque desearía saltar por el balcón. Pero viviendo donde vivo, con mi suerte, no me mataría y encima me quedaría tonta para el resto de mis días y lo último que quiero es ser una carga para mi pobre madre.

Lo único que salvo es ese vecino guaperas que me saluda y me sonríe cada vez que baja con Miguel y Lucifer. Esos putos niños se están matando todo el santo día y tengo que soportarlos y reprimir mis ganas de asesinarlos. Porque soy buena, no soy una asesina y ellos son niños. Pero qué asco más grane le tengo a los niños.

A su padre también lo mataría, pero a polvos y en el ascensor. Y eso que tengo pánico a los ascensores, pero de pensar que estaría en uno con él…

Hace tres días ocurrió. Nos encontramos en el rellano de la planta baja justo en frente del ascensor. Yo iba cargada de bolsas, el bolso colgando de un brazo, el cable de los auriculares enganchado en el asa, la bolsa pesaba, yo maldecía, se me bajaban los pantalones, medio se me salía una teta... fue una experiencia curiosa a la par que vergonzosa.
Me sonrió cuando entré en el ascensor, dejándome paso a mi primero y entrando tras de mí. Se puso a mi lado mirando al frente y yo iba hablando por wasap con una amiga mientras le miraba de reojillo de arriba abajo. Desde su barba, que me encantaba, bajé por su cuello, observando su espalda, sus brazos… Dios bendito que brazos… y bajé y bajé hasta que al culo llegué.

Empezaba a irse de las manos la postura desde la que lo miraba, y se dio cuenta, joder si se dio. Me miró, clavando sus ojos en los míos y sonriendo mientras observaba mi escote. Agradecí mentalmente haberme puesto el jersey verde que tan buenas tetas me hacía.
Subimos hasta la tercera planta, el ascensor paró y me salí, dejando un “hasta luego” en el aire con la mano. El siguió hasta el cuarto, donde vivía con su mujer y los dos arcángeles que se peleaban constantemente, creando el apocalipsis en el salón. Lo que viene siendo mi techo.


Aquella noche no me podía dormir, tenía los nervios más de punta de lo normal, y por más que intentaba cerrar los ojos y quedarme lista, los niños seguían gritando, corriendo y peleándose en su habitación. Que para mi desgracia estaba encima de mi cuarto.
Di varias vueltas en la cama. Me levante a mear varias veces. Fui a tomarme un batido, y los putos niños no paraban quietos y eran las 1 de la madrugada. Maldito verano del infierno que me estaban dando los críos. Así que ya, presa de un ataque de ira que me estaba haciendo desarrollar un poder ocular rojizo, me puse las chanclas, dejé la puerta abierta y subí dando pasos que retumbaban en todo el bloque. Llamé a timbre y salió mi vecina.
-          ¿Ocurre algo? – Menuda mirada me echó. Si las miradas matasen…
-          Sí, es que son las 1 de la madrugada y parece que tengo a unos albañiles en mi cabeza, ¿Podrían tus niños dejar de saltar y gritar, por favor? Algunas trabajamos mañana y necesito dormir.
-          Son niños, están disfrutando de las vacaciones… no es para tanto. – claro, como ella no madrugaba ni trabajaba, ni hacía nada más que levantarse a la hora que le salía el papo.
-          Estas no son horas para que los niños, ni nadie, estén dando por saco.
Y sentí pasos y apareció detrás de ella, mi vecino. Sin camiseta… con unos pantalones tan minúsculos que dejaban poco a la imaginación, descalzo, despeinado… madredelamorhermoso.
-          ¿Qué ocurre?
-          Le molestan los niños. – Me señaló la arpía a mí.
-          Estaba diciendo a tu mujer que madrugo y los niños están en mi habitación metidos con sus juegos.
-          Perdona, con la cosa de las vacaciones se nos ha ido la hora, ahora mismo te dejan descansar. – La mujer lo miraba con una cara de rabia contenida que no sabía si era por quitarle la razón a ella o dármela a mí.
-          Gracias. – Logré decir sin apartar mis ojos de los suyos y tragando saliva ante su sonrisa.
-          Buenas noches. – y recibí un bonito portazo en la cara cuando mi adorable, e hija de la gran puta, de mi vecina me cerró en las narices.

Me metí en la cama, y sólo cuando estaba tumbada y abrazando la almohada, me di cuenta de que había subido con el mini camisón, que tenía los pezones duros amenazando con salir de la tela, y me hizo pensar en la posibilidad de que su sonrisa fuera por eso.  Entendí las miradas de Belén cuando me vio así.

Sentí unas cosquillas en el interior de mis piernas que subían hasta mi pecho, haciendo que apretase los muslos y me moviera buscando fricción con mi cuerpo para calmar ese desasosiego que notaba ahí. Notaba mis pezones rozar la fina tela del camisón que llevaba y sin poderlo, ni queriendo evitar, me llevé la mano a mis muslos y tiré de la poca tela hacía arriba, metiendo mi mano entre mis piernas, acariciando con un dedo mis bragas por encima.
Desprendía calor, y al apretar el dedo contra mí, sentí como empezaba a mojarme. Rocé, arriba y abajo con mis dedos, apretando, cogiendo mi coño con la mano para calmar el ansia de correrme y frenar un poco más. Seguí con ellos acariciando por encima de la tela, que se pegaba cada vez más a mis bragas con la humedad.

Bocarriba en la cama y ya con mi mano dentro de las bragas, llevé mi otra mano a mis pechos, que acariciaba por encima del camisón, poniendo los pezones cada vez más duros, notando la tirantez de la tela, pellizcando, apretando, hasta que bajé los tirantes y me saqué las tetas para poder acariciarlas con soltura.

Me revolvía en la soledad de mi cuarto y mi cama buscando mi propio placer. Recorriéndome con mis manos, llevando un pecho a mi boca que acariciaba con la punta de mi lengua hasta alcanzar mi pezón, envolverlo, mordisquearlo y jugar con él.
Empapada, excitada, cachonda como hacía días que no estaba, acaricié mi entrada con la yema del dedo para meterlo en mi interior. Pero uno no me bastaba, y en un segundo ya había dos dedos entrando y saliendo de mí, desde el fondo de mi cuerpo, hasta arriba para acariciar mi clítoris y volver a bajar hasta meterlos dentro de mí.

Mi imaginación volaba, pensaba en él, en su sonrisa, en su boca, en todas las situaciones posibles que podrían darse y casi sin darme cuenta me encontraba alterada, agitada, respirando entre cortada y faltándome el aire, jadeando, arqueada en la cama y alcanzando un orgasmo brutal que me dejó exhausta y me hizo despertarme con el corazón en la boca y la mano en las bragas.

Había sido un sueño… y menudo sueño.

Miré el reloj, pronto sería la hora de levantarme, pero ahora no podía conciliar el sueño. Había dormido y disfrutado en todos los aspectos de él. Cerré los ojos intentando volver a dormir, pero nada, que no había manera. Así que me levanté de la cama y me salí al balcón a fumarme un cigarro. Que lo estaba dejando, pero me faltaba saber cuándo lo iba a dejar.

Sentí ruido arriba y miré, encontrándome con mi vecino asomado, haciendo lo mismo que yo. Nos saludamos con un gesto de la cara y volvimos cada uno a nuestra soledad.
Pero yo me sentía observada, y lógicamente no iba a mirar para que el me pillase mirando.  Me apoyé en la barandilla y seguí fumando. Terminé el cigarro y con la mala costumbre que tengo lo tiré por el balcón y me metí en casa.


El día se me hizo eterno en el trabajo, ansiaba terminar mi turno de día en el hospital para volver a casa, tumbarme en el sofá y ponerme con la consola.
Llegué, me duché, me puse cómoda y lavé la ropa. Cómo se me habían roto las cuerdas de la ventana y estaba esperando que mi hermano viniera a ponérmelas, tuve que subir a la terraza de la comunidad y tender en mi lado.
Esperaba no encontrar a nadie, pero por cosas del destino ahí estaba mi vecino, con la puerta de su trastero abierta, ese trastero que estaba pegado a la terraza, al lado del mío.

Madre mía como estaba… y siempre estaba sin camiseta el puto cabrón. Sentí como mis pezones reaccionaban a las cosquillas de mi cuerpo y se endurecían, transparentándose la tela de la camiseta de tirantes. Me arrepentí de no haberme puesto sujetador.

Pasé por su puerta con el cesto de la ropa mojada que pesaba más que un muerto, tuve que dejar el barreño en el suelo para poder abrir la puerta. Cuando me agaché y me volví a levantar sentí como se rozaba conmigo, y como susurró un “perdona” casi de inmediato. Sonreí, pensando en que ya podía rozarme otra cosa, y me fui a la terraza a tender la ropa.
Los días pasaban y cada vez coincidíamos más. Nos habíamos dado los teléfonos porque le tocaba ser presidente de la comunidad y era la “nueva” y no tenía el mío.
Esa noche cuando me metí en mi Instagram me salió en sugerencias y le agregué. Empezamos a hablar, de cosas tan tontas como las vecinas viejas de abajo que parecían sacadas de una comedia de la televisión. De las fiesteras de abajo que montaban escándalo cada fin de semana. Y una cosa llevó a la otra y terminó soltando algún que otro comentario por mis fotos. Cabe decir que yo había stalkeado todo su perfil y había visto hasta el primer nacimiento de sus hijos.

El coqueteo me estaba gustando. Mucho. Y el hecho de que fuera mi vecino me empezaba a atraer mucho más. Así que subí aquella tarde con la excusa de hablar de temas de la comunidad.
Pero no subía para eso, quería provocarle. Me puse una minifalda de vuelo que usaba para estar por casa de lo corta que era, una camiseta con botones en el pecho, que dejé todos abiertos y se podía ver perfectamente mi escote y fui hasta su puerta. Llamé y salió su mujer. Esto se ponía interesante.

Le pregunté por su marido y a muy regañadientes le llamó. No podía ocultar el asco que me tenía, igual que yo no podía ocultar las ganas que me daban de tirarla por las escaleras.
Salió, sin camiseta, por supuesto, sacó la carpeta de la comunidad y me apoyé en la puerta, haciendo presión con mi brazo en mi pecho para que asomase por el escote.
Miró muy levemente, pero lo bastante para darme cuenta que se estaba poniendo nervioso.

Abrí el fajo de papeles que llevaba y con un torpe movimiento de manos (que casualidad, ¿eh?) se me cayó alguno. Aquí estaba perdido. Si me agachaba yo se me vería el escote más aún, y si se agachaba él podría ver mis bragas semitransparentes debajo de mi falda.

Nos agachamos a la vez, coincidiendo en el suelo recogiendo los papeles y mirándome al escote tragó saliva. Me levanté tan rápido que no fue consciente de ello hasta que se percató de que estaba por encima de él, viendo perfectamente mi ropa interior debajo de mi falda y yo abría un poco las piernas dejándole ver lo que le estaba llamando su atención. Yo mientras tanto me hacía la tonta muy interesada en mis papeles y preguntando cosas que no me llegaba a responder. Hasta que moví los papeles en su cara, inclinándome un poco para dejarle ver un poquito más y atraje su atención.

Al final se dio cuenta de que le estaba provocando, y eso no hizo más que aumentar mis ganas de jugar. Por la noche, a través del móvil, empezamos a entablar más conversación, y entre dimes y diretes, empezamos a insinuarnos un poco. Que si no puedo dormir, que s que calor que hace, que si por qué no subimos a la terraza un rato y me explicas lo de la comunidad, que si tal y que si cual, que eran las 12 de la noche y ahí estaba yo, sentada en el suelo de la terraza apoyada en la pared, con el pijama de verano blanco que dejaba poquito a la imaginación y esperando ver si mi adorable vecino picaba el anzuelo.

Y lo picó. Subió a la terraza a los 10 minutos, pero esta vez con camiseta para mi desgracia. Se sentó a mi lado y con la luz pobre que nos daba la terraza 8otra cosa más que había que hablar para cambiar), se dispuso a explicarme varios puntos a los que, sinceramente, no atendí lo más mínimo.
Sólo atendía a su boca cuando hablaba, a sus manos cuando me señalaban algo en el papel y a su cuello. Joder que cuello tenía… ¡ay! como sería morder ahí.

Mis pezones se erguían bajo la ropa, notándose claramente por fuera y él se percató de ellos, sonrió, carraspeó y siguió hablando de cosas a las que no hice ni caso.
Puse la mano en su muslo y se tensó cuando yo me puse de rodillas a su lado para acercarme a él.
-          Voy a necesitar que me des clases particulares por las noches porque esto me supera.
-          No es tan difícil. – sonrió, nervioso, tenso.
-          Es que no me puedo centrar con esta puta calor. – Me abaniqué con los papeles que cogí de su mano, echando la cabeza hacía atrás, dejando expuesto mi pecho a sus ojos.
-          Ya, hace calor, sí…
-          A ver… por dónde íbamos. – Puse los papeles sobre su regazo, rozándole con toda la mala intención el paquete, y alterándolo al momento. – no me dejes a medias.
-          Íbamos… no sé, ¿por la última reunión en la que no estuviste? – intentó cruzar sus piernas para disimular una erección, y al no conseguirlo dejó los papeles mal colocados encima.

Después de explicarme varios puntos que me iban a costar un dineral, me levanté para estirar las piernas y me fui a la cornisa a apoyarme. Mi incliné, dejando mi culo semi en pompa, sabiendo que el corto pijama haría que parte de mis nalgas se vieran en primer plano. Saqué el móvil y por la cámara observé como me miraba el culo completamente engatusado mientras lo movía levemente como si estuviera nerviosa.
Me giré para verle la cara de lleno y apartar la vista en el último instante. Aproveché la ocasión para picarle un poco más.
-          ¿Qué mirabas?
-          ¿El qué?
-          ¿Estabas mirándome? – Me acerqué hasta él y me puse de rodillas inclinándome hacía adelante para que tuviera una visión más profunda de mis pechos sin sujetador bajo la camiseta ajustada del pijama. - ¿Hay algo que te guste?
-          Miraba al frente, sólo eso. – tragó saliva, pegando su cabeza completamente a la pared y poniendo sus manos sobre su regazo.

Me acerqué a su cara, a escasos centímetros de su boca y le miré a los ojos, mientras ponía mis manos sobre sus muslos.

-          No temas, que no muerdo.
-          No temo nada.
-          Te veo nervioso. – Pero él no respondía, porque mis manos estaban subiendo por sus muslos despacio mientras su respiración se agitaba en mi boca y llegué hasta los papeles. – Dame eso, tendré que leerlos con calma.
Y cuando fui a levantarme me eché hacia adelante y casi le rozo con mis pechos.

Me había dado cuenta perfectamente de que estaba empalmado y cachondo con la situación, y como soy muy juguetona aquella noche no me hizo falta sueños para volver a correrme. Pero esta vez creé una sección de mejores amigos en Instagram y subí un par de vídeos acariciándome por encima del pijama y jugueteando con mi cuerpo. Por supuesto en la lista sólo le metí a él.

A los 5 minutos lo había visto, estaba en línea y me habló, soltándose como siempre hacía cada vez que hablábamos por ahí.

-          ¿Sigues con calor? Ahora no están mis hijos dando la vara para que no puedas dormirte. -  y me puso un icono sonriente.
-          Ahora tengo más, ¿no lo has visto en los vídeos?, mi insomnio es crónico cuando estoy un poco alterada.
-          Algo he visto sí…¿Alterada?
-          ¿Cachonda lo entiendes mejor?

Leyó el mensaje y se quedó unos minutos escribiendo y borrando sin llegar a mandarlo hasta que me escribió.

-          Vaya… yo también.
-          Pues estamos para echarnos una mano.
-          ¿Qué?
-          Qué bajes si quieres y nos echamos una mano.
-          No me lo digas dos veces que bajo. – Y como siempre que se envalentonaba por la red, lo picaba.
Se desconectó. Así que me metí en twitter en lo que cogía el sueño, y recibí un mensaje. “Abre”. Riéndome creyendo que se estaba quedando conmigo fui hasta la puerta y cuando abrí lo encontré ahí, con el pijama, con el móvil en la mano, mirándome.
-          No sé qué hago aquí.
-          ¿Quieres entrar?

Pasó, se sentó y le ofrecí algo de beber. Se tomó un Beefeater con tónica y yo me tomé una Ginebra rosa. Al día siguiente iba a estar yo bonita cuando tuviera que levantarme a las 7. En menos de 5 horas sería el desenlace de mi noche con alcohol y desvelo.

Se sentó en el sofá, y yo me puse a su lado, brindamos y bebimos. En silencio. Ninguno daba margen a lo que habíamos hablado por Instagram momentos antes. Así que pinché y mencioné que esta era de las pocas veces que le veía con camiseta, que normalmente le veía muy… destapado. Sonrió.

Y yo no podía más, necesitaba soltarme y la fuerza de la ginebra me empezaba a inundar. Sentía las burbujas recorrer la parte baja de mi vientre ante la escena de vernos a él y a mí solos en mi salón.

Me incliné, puse mi mano en su muslo y le besé. Así sin más. Y me aparté para mirarle y descubrir como me miraba la boca. Agarró mi mano y la puso sobre su paquete, que empezaba a crecer bajo mi tacto. Juguetona me puse a horcajadas sobre el y me apreté con él, pegando mis tetas en su cara, restregando este en ellas a través de la ropa.
Uso sus manos en mi cintura y las metió bajo mi camiseta, subiendo la tela a medida que ascendía por mi cuerpo, hasta llegar a mis pechos y dejarlos libres frente a él.

Moví mi cintura restregando mi coño con su paquete y aprovechó para agarrar mi culo y clavarme más en él. Con su boca en mi cuello recorría mi carne, excitándome, calentándome y poniéndome como una puta moto mientras me besaba y mordía haciendo un camino con la lengua.
Mis tetas rozaban su pecho, y me aparté para quitar su camiseta y sentir su piel bajo mis duros pezones. Acercó la cara, cogió mis tetas con sus manos y puso la boca en ellas, metiéndose uno de los pezones en la boca, succionando, lamiendo, mordiendo y tirando de él.

Agarré su pelo y apreté su cabeza contra mi pecho impidiendo que saliera de ellas, a lo que respondió frenético y con más atención, notando como en mi coño crecía su erección hasta una dureza que podía romper el pantalón.

Bajé mis manos hasta su paquete y, apartándome, pasé mis manos por él, apretándolo, masturbándolo por encima de la ropa hasta que metí la mano y se la saqué para acariciarle en esta postura sentada sobre él.

Él no dejaba de manosear mis pechos, estrujarlos, volviéndose loco con ellos, haciendo incapie a lo que más de una vez me había insinuado que le gustaban, en sus comentarios, en sus miradas, sabía que mis tetas le volvían loco.

Me puse en pie para bajarme el pantalón con la ropa interior y me quedé desnuda frente a él, que me miraba atónito, pasándose la lengua por los labios mirándome de arriba abajo. Y aprovechó para levantarse y bajarse él también la ropa, quedando su polla a mi entera disposición.

Le empujé, sentándolo en el sofá y me puse sobre él. Restregué mi coño sobre su polla agarrándome a sus hombros para tener firmeza, acercando mi boca a la suya, mordiendo su labio inferior, lamiendo, y chupando, mientras me estaba masturbando con su erección. Y poco después me corrí, mientras el tapaba mi boca y susurraba en mi oído “Córrete, pero no hagas ruido, bastante manía te tiene ya mi mujer”, y el morbo de lo que estábamos haciendo hizo que me propulsara a un orgasmo brutal y me corrí sobre su miembro, clavando las uñas en él.
Tiró de mi pelo, exponiendo mi cuello, y pasó su lengua por él mientras yo manoseaba su polla completamente empapada por mí. Pero me aparté, fui a por un condón y se lo puse con la boca, bajando con mis labios por su dureza, colocando el maldito plástico que tanto odiaba.

Me incliné, agarré su polla y me la puse en mi entrada, bajando muy despacio sobre ella hasta estar completamente metida en mi interior. Me sentía tan llena… abierta expuesta, cachonda, empecé a subir y bajar mientras una de mis tetas estaba en su mano y la otra rozaba su cara.
Me agarraba el culo con la mano libre para intentar marcar el ritmo, pero realmente, yo era la que le follaba. Subí y bajé, hasta quedar sentada totalmente con él dentro de mí y me restregué adelante y hacia atrás con su polla en mi interior.

Con la cabeza hacía atrás y los ojos cerrados me estaba dejando llevar por el placer. Dios… iba a correrme en esta postura otra vez. Empecé a moverme más rápido, desesperada, agitada, exaltada, mientras me aferraba a su carne y él abría la mía. Sentí como algo en mi interior se formaba, luchando por alcanzar algo que se acercaba, como ansiaba llegar, como sentía mi cuerpo cada vez más tenso hasta que me corrí, ahogando los gemidos en su cuello intentando no hacer mucho ruido.

Pero él no había terminado, así que me quité, me puse de espaldas a él y me senté sobre su polla, teniendo él total visión de mi espalda y mi culo, viendo como su polla se perdía en mi interior con cada movimiento mío.

Me agarró de la cintura para clavarme, marcando él ahora el ritmo, acelerando los movimientos desesperado por correrse y poco antes de hacerlo, controlando como podía la eyaculación, me apartó, se quitó el condón y se masturbó, rozándome, hasta correrse en mi culo.

Tiró de mi pelo hasta poner mi cara a la altura de la suya para susurrar en mi oído “esto no termina aquí”.