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lunes, 21 de octubre de 2019

Un twittero placentero +18


Un Twittero placentero


Apenas eran las 11 de la noche cuando no sabía que hacer. Un viernes noche tirada en mi habitación como si fuese un trapo viejo. Una anciana precoz que estaba con los pelos como si fuese la suplente de Bitelchus y que tenía el pijama del Rey León como si acabase de hacer la primera comunión. Esa era yo.

Sin embargo necesitaba distraerme antes de irme a dormir, porque resultaba muy deprimente que con mi edad me acostase un fin de semana como si fuese una octogenaria en invierno. Así pues, me preparé un colacao (porque soy muy mayor para tomar ya café por las noches) y me senté en el PC a navegar un rato por ahí.

Iba a ponerme Netflix, pero sabía que iba a estar mas de 1 hora pasando recomendaciones y géneros para acabar cerrando la app y yéndome a dormir. O en su defecto me iba a poner a ver Friends por centésima vez en el mes.




Recordé mi adolescencia... esas noches en el Chat de los Simpson, donde hablabamos de todo menos de los Simpson. Ese Chat de Yahoo con su cuaderno de bitácora. Las nubes de Evax donde estaba a salvo de los penes y era un oasis de mujeres y conocí a una de mis mejores amigas. El Terra...(¿ quién no conoce el Terra? Si no lo conoces no eres digno de seguir en la red), aquellos zumbidos del MSN, aquellos iconos de la cebollita y el zorro... aquellos gif porn.... Céntrate Sam, no puedes dejarte llevar por la nostalgia. La red a evolucionado. Los críos que hay hoy día no entienden la importancia de tener un cable más largo que cruzase media casa, que se viera la cam borrosa y aún así flipar con lo que te enseñaban (mejor no decir lo que enseñaban... so guarra), ponerse no disponible para que rabiaran sin poder avisarte con zumbidos, que se cayera el chat y no poder hablar, que te robaran el nick, que se hicieran pasar por ti, llenar el msn de iconos molones en movimiento, ansiar llegar a casa para conectarte al PC y poder evadirte de todo durante horas.... muchas horas, que dieran tu teléfono en el Terra para que te llamasen salidos a las 4 de la madrugada... (eso igual no lo echo tan en falta, la verdad), conocer a tíos lo bastante cachondos como para querer enseñarte el miembro viril aunque le dijeses que eras un hombre... (vale, esto no ha evolucionado mucho, pero antes tenía otra clase de gracia), en fin, esas cosas.


Pero ahora me tenía que conformar con leer algo, estar en Twitter e instagram y chatear a la manera moderna, con esos iconos tan random y sin personalidad ninguna.

Entré a Twitter y abrí algunos MD que tenía pendientes del día anterior. Y del otro. Y del otro. Dios... voy a necesitar una secretaria para responder a todo lo que he ignorado durante la semana.

Sin embargo fui al que siempre conseguía distraerme más de lo normal. Frederick, que así se hacía llamar con su nick en Twitter, tenía una costumbre un tanto peculiar hacía a mi. Le encantaba mandarme gifs porno para ponerme cachonda y hacer que me excitara hasta tocarme. Tenía cierto fetiche con que disfrutara a través de la pantalla.

Hacía años que nos conocíamos y como otras tantas veces, hablabamos de sexo con mucha naturalidad, humor y morbo. Sabía perfectamente mis inclinaciones y gustos sexuales, y que clase de escenas conseguían ponerme húmeda y hacerme revolverme de mi sitio.

Sin embargo disfrutaba haciéndome sufrir con eso sabiendo que no siempre podía sucumbir y acceder al calentón. Menos aún cuando no estaba sola en casa o mi novio estaba fuera. Cosa que también le encantaba... calentarme para que después asaltara a mi novio cuando le viera.

Comenzó con uno donde la chica, a cuatro patas, estaba siendo sometida y penetrada lentamente.
Otro donde ella estaba sobre él, de espalda, teniendo el chico una visión total de su espalda desnuda y su culo, que se movía arriba y abajo, dejando ver como salía y entraba su polla de su interior.

Uno donde ella estaba de rodillas sobre la cama, con la cara sobre el colchón y él por detrás penetrando vaginalmente mientras le tiraba del pelo.

Otro con ella sobre él, a horcajadas, con las manos en su pecho moviéndose arriba y abajo mientras sus pechos se movían al son del baile que estaba haciendo sobre su miembro erecto.

Y cuando me descubrí apretando los muslos y contrayendo mis músculos vaginales pensé que necesitaba que alguien me echase una mano.

Le pedí que parara, pero en lugar de eso él disfrutaba llevándome al límite de la calentura. No sólo por los gifs, que eso de por si no me hace nada, sino la falta de sexo, mi increíble imaginación para eso y las ganas que tenía de tocarme desde hacía unos días.

Comenzó con un gif donde la chica salía con los ojos tapados, haciendo una mamada lenta y pausada que llegaba hasta su garganta para... volver a empezar.

Otro donde la chica, de rodillas en el suelo y ojos vendados, daba golpecitos con la lengua en la polla de un chico que estaba de pie frente a ella.

El siguiente era de un chico tumbado en la cama, con una chica sentada sobre él y las muñecas esposadas a su espalda. Él la cogía fuerte de la cintura marcando el ritmo de penetración, mientras su cara desvelaba el placer que sentía.

Ahora había una chica de rodillas frente a un chico que sostenía su polla en la mano y la rozaba por su boca mientras se corría en sus labios.


Vale. Quizás la noche había pasado de ochentera aburrida a adolescente salida. Esa adolescente que estaba deseando quedase sola en casa para tumbarse en la cama, abrirse de piernas, ponerse el porno y tocarse como una loca para correrse como una posesa.


Curioso que no me hubiera dado cuenta que me había abierto de piernas y tenía la mano izquierda sobandome una teta.

Él insistía, como tantas otras veces, en que me tocase y se lo mostrase con fotos. Cosa que no iba hacer.

Con el labio entre mis dientes, mi mano en mis bragas, y mirando la pantalla fijamente, sentí como un escalofrío y un impulso se adueñaba de mi, y como tantas otras veces aparté la braguita a un lado y me acaricié con ganas, deseando que pasase esta necesidad que me comía por dentro porque ya no aguantaba más.

Le conocía, y sabía que el hecho de que me estaba tocando por su culpa lo iba a encender y no quería ser la única que pecase de salida. Así que se se lo solté, escribiendo con una mano mientras con la otra me tocaba, alcanzando el orgasmo en cuestión de un momento.

Después seguimos hablando de varios temas que no vienen al caso y cuando nos fuimos a dormir volvió a mandarme un gif de los suyos.


Sábado noche. Todos tenemos un concepto de que este día es un día de descontrol sin freno, fiesta, bebida sin límites, sexo como conejos, acostarse tarde, preparar una quedada...

Yo estaba con mi pijama de invierno de cerezas, porque empezaba a hacer fresco, mi colacao caliente, un libro a mi lado que no iba a terminar nunca de leer y la 3DS jugando al Animal Crossing.

Tenía el PC encendido, siempre lo tengo, y Twitter abierto. Estaba entusiasmada con el juego cuando escucho mi móvil, por no  moverme, miro la pantalla de Twitter en el PC para ver que tengo un mensaje privado en el.

Lo abro y era él, Frederick. Su saludo habitual era un gif porno, como no. Con una chica abierta de piernas y un tío con el pantalón desabrochado y el cinturón medio caído se acercaba a ella para comerle el coño.


Juro que intenté seguir recogiendo bayas, pero lo único que me apetecía era sentarme en el PC y empezar a jugar con él. Apagué la consola, cogí el vaso de la mesita de noche y me senté en el ordenador. Con un “Hola pervertido“ lo saludé, llegando a recibir su respuesta inmediatamente.

Me citó mi último RT en el que hice un comentario que daba a mal pensar y contestó con un nuevo gif. Una mujer abierta de piernas, con una de ellas sobre el hombro de un tío que la estaba poniendo fina filipina.

Y así empezamos una nueva noche de conversación en la que llegué a ignorar hasta los mensajes de Whatsapp de mi novio durante horas, llegando a tener que llamarme para asegurarse que seguía con vida.

Una chica abierta de piernas, expuesta, rozaba su sexo con la erección de un tío que la apretaba los muslos, y cada dos roces le introducía la punta para volverla a sacar y volver a empezar.

En la ducha con una pierna alzada y de pie, una mujer está siendo penetrada con la espalda en la pared mientras el agua los empapa.

En el siguiente una chica está en medio de las piernas de un hombre haciendo una felación. Con la polla en la mano pasa la lengua mientras lo mira, recorre su piel con ella hasta llegar a la punta para envolverla y metérsela en la boca.

Apoyada contra la encimera de la cocina, con las manos atadas a la muñeca y las piernas separadas, un tío está comiéndole el coño desde atrás.


Vale estaba viendo suficiente material como para que mi imaginación se disparara y como no tenía otra cosa mejor que hacer y estaba sola pues empecé a tontear.

Tanto que opté por darle mi Skype donde podíamos seguir hablando. Lo sé. Yo hace años que no uso eso para fines pornográficos, pero... pero... ¡¡me sentía muy sola!! . Cuando nos agregamos empezó a mandarme porno sin parar, pasando de los gifs a los mini videos, así que la cosa se fue poniendo seria y caldeando cada vez más.

Sin entender porqué, le mandé una foto. Me había quitado la parte de arriba del pijama y estaba sólo con la camiseta de interior blanca y escotada que dejaba ver parte del sujetador azul de encaje que llevaba.

“Más“ me pidió. E impulsada por un calentón enorme y el morbo de la situación, le complací. Nunca había hecho eso, nunca había enseñado fotos mías de esta manera en la red, jamás había experimentado la sensación de placer y poder que me daba verme expuesta de una manera tan íntima, personal, privada... “Prohibida“. Podía notar su nerviosismo y excitación a través del monitor. Su escribiendo constante queriendo soltar algo que volvía a borrar para volver a escribir le delataba. 

Me quité el pantalón y me quedé en braguitas, descalza y sólo con los calcetines. Me volví a sentar haciendo caso omiso al tiempo que corría y que me iba a resfriar tan ligera de ropa.

La siguiente foto era una mía abierta de piernas, enseñanando mis bragas blancas que estaban notablemente humedecidas, pegándose a mi piel y marcándose mi sexo hinchado.

Recibí correspondencia. Una foto de él con un abultado paquete bajo unos vaqueros a medio desabrochar con un cinturón abierto que colgaba. “Anda mira, algo que seguro que te gustará“. Me conocía muy bien y conocía mi obsesión por ciertos complementos que me pudiesen atar o amordazar, entre ellos los cinturones. Quizás otro día os hable de las corbatas.

En la siguiente foto me había quitado el sujetador, me había cruzado de piernas y me había tapado sólo los pezones con la mano.

Él se había quitado la camiseta y había dejado su pecho al descubierto. Dios... que bueno estaba... y salía agrarrándose el paquete.

Entre medias otro gif, una chica apoyada en un escritorio con un hombre detrás que le subía la falda y acariciaba su culo.

Mi foto ahora consistía en mi tumbada en la cama bocabajo y sin bragas, mostrando parte de mi culo y mis tetas apoyadas sobre el colchón.

Y aquí empezó a mandar vídeos que ya no eran precisamente cortos.

Una mujer apoyada sobre una mesa y un hombre desde atrás bajando el pantalón hasta las rodillas, separando un poco las piernas de ella y acariciando su coño desde atrás por encima de la tela. Azota y aparta las bragas a un lado para posar su boca en su entrada y empezar a jugar con su lengua.

Y vuelta a estar sentada en la silla me puse a acariciar mi sexo por encima de mis bragas, llevando mi dedo a la boca sin darme cuenta, a mis pezones que acariciaba con la yema del dedo, pellizcaba, bajaba y apretaba mi coño contra mis bragas.

Cuando vió que no recibía respuesta alguna por mi parte pese a lo que me estaba mandando, y me envió una solicitud de cámara. Creo que no aceptaba una solicitud de esas desde que Jesucristo fue clavado en la cruz. Dudé un momento pero finalmente acepté sin enfocar mas arriba de mi boca.

Me vi reflejada en la cámara tapándome los pechos, en bragas, con el pelo asomando por mis hombros y con el pintalabios medio corrido que aún no me había quitado de esa tarde asomando por la pantalla.  Y le vi a él, igual que en las fotos, magreando su entrepierna mientras se enfocaba de cuello para abajo. Los ojos se me fueron directamente a su erección que se escondía bajo una tela fina de color oscuro.

Me indicó que viera el vídeo, donde el tío estaba preparando a la mujer para follársela con ganas, metiendo y sacando sus dedos de ella para después coger su miembro y llevarlo hasta su entra y comenzar a entrar y salir mientras sus cojones chocaban con ella.

Ella gemía, apoyada con las manos intentando sostener su peso, y él, agarraba ambas tetas desde atrás sin parar de embestirla.

Madre del amor hermoso, la situación me estaba poniendo mala y el morbo me estaba ahogando. Vi cómo él liberó su erección delante de mi webcam y empezó a acariciarse, subiendo y bajando con su mano despacio, soltándola para escribirme que quería verme la cara.

No sé por qué accedí. Incliné un poco más la cámara y me ví ahí, como una adolescente nerviosa, tímida, excitada, con los mofletes rojos de la verguenza y excitación, los ojos brillantes de deseo y mordiéndome el labio sin querer, por acto reflejo.

“Tócate“ . Dijo antes de enfocar su cam para que le viera, dejando al descubierto la barba que tantas veces había visto y bromeado sobre ella. Y recordé la sensación de sentir una barba entre mis muslos haciéndome cosquillas mientras comenzaba a lamer mi piel y acercarse lentamente hasta mi sexo. Y volví apretarme el coño con una mano, hundiendo la tela en el, completamente mojada. Solté mis pechos y recayeron con la fuerza de la gravedad, quedando expuestos y a la vista para él, con los pezones duros y erguidos, apuntando a la cámara.

Aparté la mirada y miré hacía abajo, notando como el calor inindaba mi cara, como todo mi cuerpo ardía, como sentía una mezcla de verguenza y excitación por la situación y el morbo del momento.

“Mírame, quiero que me observes mientras te tocas“, y lentamente alcé la vista, temblorosa sin saber si iba a soportar mantenerla durante más tiempo.

Su cara hablaba por él. Sus ojos lascivos me observaban atentos mientras mis manos me recorrían. La suya seguía puesta en su polla, que tocaba sin descanso pero sin prisa mientras me contemplaba tocarme.

Sin oírnos, sólo viéndonos y leyéndonos, observabamos el uno al otro como nos dábamos placer.

El vídeo en segundo plano había terminado y ahora recibía otro donde un hombre tumbado boca arriba tenía una mujer sentada sobre él, pero dándole la espalda, y él agarrando su cintura la impulsaba hacía arriba y abajo, teniendo total plenitud de como su polla entraba y salía de él. Ella hacía muecas de placer, se apoyaba en sus piernas para alzarse y bajar, él le tocaba el culo, la azotaba y enredaba su pelo en sus manos para tirar, haciendo que se arqueara y abriera la boca mientras subía y bajaba montada en su erección.

Pasaba de una pantalla a otra sin dejar de tocarme, agarrando un pecho con mi mano y apretándolo, tirando del pezón, echando la cabeza hacía atrás mientras gemía sin que él pudiera oírme. Sólo pequeños quejidos salían de mi boca que intentaba reprimir mordiéndome el labio y intentando mantener el control de mi respiración. Estaba tan tentada a meter la mano en mis bragas...

Llevé el pezón a mi boca, saqué la lengua y la pasé por el notando lo terso que estaba y en ese momento le miré a él, que tenía la boca entreabierta, su pecho subía y bajaba acelerado y su mano había comenzado a moverse con más energía. De repente mi placer se basaba en el suyo, en que disfrutara una escena que no pudiera imaginar. Había pasado los límites y una vez mojados los pies yo me metía hasta el fondo.

Así que abrí las piernas, eché la braguita a un lado y dejé mi sexo expuesto para él, que se quedó completamente sorprendido y abrió más los ojos mientras se le escapaba una sonrisa.

Enfoqué la cámara más aún, para que se me viera con la luz que proyectaba el ordenador, y empecé a relamerme los labios, jugando con mi lengua, guardándola y sacándola, para volverla a pasar por mis labios. Mi mano me acariciaba los pechos, la otra frotaba mi sexo mientras uno de mis dedos se perdía en mi, entrando y saliendo, para llevarlo a mi boca, chuparlo mientras le miraba a él, sonreir y volverlo a llevar al interior de mis piernas.


Me retorcía, cerraba los ojos, echaba la cabeza hacía atrás, me arqueaba, abría la boca para dejar salir el aire reprimido con algún sonido de placer, las piernas las sentía como si me temblaran, y entre todo eso abría los ojos para observar a él como se tocaba para mi, disfrutando conmigo, compartiendo mi placer mientras ambos jugábamos.

Nunca pensé que fuera tan excitante ese tipo de juegos sexuales.

Poco a poco sentía que me acercaba al orgasmo, mi cuerpo se tensaba, el vídeo porno había terminado y ya no tenía ninguno más en la pantalla, sólo él y yo, tocándonos, follándonos con los ojos y las manos, intercambiando ese momento íntimo y placentero.

Activé el audio.

Y empezó a escucharme entrecortada, oyéndole yo también a él, respirando con dificultad como cuando estás sofocado de tanto moverte.

Seguí el movimiento de mi mano, entrando y saliendo de mi con uno, varios dedos, y llevándolo hasta mi zona más sensible al tacto, para frotar con suavidad mientras poco a poco me acercaba a la cima del placer y mi cuerpo se contraía, se tensaba y me dejaba ir en un orgasmo mientras los débiles espasmos me hacían moverme de cintura para abajo con varios impulsos.

El siguió, oyendo mis gemidos de placer y observando mi cara, masturbándose para mi, hasta que un “quiero que te corras para mi“ con mi voz que le volvía loco, lo hizo reventar mientras cerraba los ojos y echaba la cabeza hacía atrás. Apretando con su mano libre en su pierna y veía en directo como se corría a borbotones con nuestro juego.


Por inercia cerré la ventana de la webcam y me eché una manta encima. Intenté asimilar lo que acababa de ocurrir y lo que me había llevado a hacerlo, pero también me recordé lo placentero y excitante que había sido y como lo había disfrutado.

Por supuesto aquella noche, se despidió como era habitual. Con un gif porno.

viernes, 18 de octubre de 2019

El deseo de tenerte +18


Acababa de salir del baño. Me había dado una ducha para intentar bajar la fiebre que me tenía desde el día anterior sin poder pegar ojo.

Sólo con la toalla me vino la inspiración, y antes de vestirme, abrí un bloc de notas del portátil que descansaba sobre mi cama para anotar algunas ideas para mi próximo relato.

Tenía un café caliente humeante en la mesita de noche, eso de la leche con miel remedio de mi abuela no es que me fuera mucho, y un par de pastillas para intentar bajar la puñetera fiebre.

Mi móvil sonó. Supe que no era un mensaje normal por el sonido. Ese era el de las redes sociales.


Efectivamente. Era uno de los chicos que me suelen hablar por Instagram y que está encantado con mis estados y mis publicaciones.

Aunque desde hace unos meses nuestras conversaciones se están volviendo un tanto...íntimas. Así que no sé como, bueno vale sí... lo sé, pero de hablar de como estaba llevando esos días del resfriado a estar hablando de lo interesante que sería entrar en mi habitación ahora mismo.

-          - No se cuanto tardarías en salir corriendo.
-          - Sabes que eso no pasaría.
-          - No, ¿eh? ¿Sabes que estoy rodeada de pañuelos de mocos por toda la habitación, que tengo 4 tazas sin fregar desde ayer, y que tengo la naríz como si fuese Fofó? Además, si te acercas a mi boca te quedas pegado por los kilos de cacao que llevo en ellos para combatir la sequedad y el tener que respirar por la boca.
-          - Hasta así estarías follable.
-          - Venga ya... estoy horrible.
-          - Exagerada.
-          - ¿Exagerada?

Y le mandé una foto con mi cara de pocos amigos, con ojeras, ojos llorosos, rojos como la nariz, los labios agrietados, el turbante de la cabeza puesto...y eso fue una pequeña perdición. No por mi sensualidad reprimida bajo esa apariencia de escritora fracasada y pandémica, sino por que él se fijó en lo único posiblemente, sensual que había.

-          - Te quitaría esa toalla de un tirón, te tumbaría en la cama y te agarraría las muñecas impidiendo que te movieras.
-          - ¿Quién ha dicho que me movería? – Le seguí el rollo.
-          -  Pues entonces esperaría que me rodearas con tus piernas y pegases tu coño a mi, para que notases como me pones.

Me abrí un poco la toalla, notando el fresquito que me recorría estando aún con la piel húmeda. Vamos, una situación ideal para curar mi resfriado en pleno proceso de infección viral. Los pezones se pusieron tersos, producto del frío y de la reciente excitación que estaba sintiendo al saber por donde iba esta conversación y lo mucho que me deseaba. Y en cierto modo... yo a él. Habíamos creado un ambiente íntimo, erótico, sensual, donde dábamos rienda suelta a la imaginación, conteniendo parte de la pasión.

Le mandé una foto tapándome los pechos y con la toalla entre mis piernas, tapando mi intimidad.

-          Quiero ver más.
-          No, es todo cuanto enseñaré.
-          - Un poquito más...
-          - Si quieres verlo tendrás que venir hasta aquí.
-          - ¿Y si voy?
-          - ¿Vendrías? – Una parte de mi lo ansiaba.
-          - Si me lo pides enserio iré.

Ante la duda de no saber que hacer, se lo pedí. Y entre bromas y suposiciones quedamos para vernos una semana más tarde.

Le recogí en una cafetería céntrica de mi zona. Nos dimos dos besos y una descarga eléctrica me recorrió de arriba abajo. Me puse un escote, sabiendo cuanto le gustaba y no me decepcionó al intentar evitar mirarlo varias veces sin éxito. Estuvimos durante un rato sin saber que decir, que hablar, donde mirar, hasta que un ángel vestido de camarero rompió el hielo y nos trajo los cafés.

Centrada en mi café y removiendo la cucharilla como si quisiera hacer desaparecer el local, me quedé absorvida por el olor del líquido oscuro que estaba en mi taza. Sentí su mano tocando la mía y pegue un sobresalto en el asiento. La cara me ardía, estaba cardíaca, porque no esperaba que fuese a venir de verdad.

-          - Al final has venido...
-          - Sí...

Silencio. Y como siempre se me dan mejor las acciones que las palabras metí una mano bajo la mesa y la puse en su pierna, aprovechando que estaba sentado a mi lado.

Nos miramos durante unos segundos y me perdí en el verde de sus ojos, saliendo de la inmersión cuando sentí como él me tocaba.

Me bebí el café y me fui al baño, saqué el móvil y le mandé una instantánea de mi boca sacando la lengua, con un mensaje debajo   ven aquí“.

Al minuto escuché como la puerta se abría, me asomé del cubículo y le vi entrar. Agarré su brazo y lo metí para dentro.

Frente a mi, presionada contra la pared me tocaba el pelo y me miraba de arriba abajo mientras su mano se clavaba en mi cintura.

Abrió mis piernas con la suya y la puso en medio, evitando que las cerrara. Su cadera presionaba mi cintura y empezaba a notar algo más que crecía bajo la tela.

Su boca a excasos centímetros de la mía, sintiendo su respiración agitarse, llevando yo mis manos a su pelo y acercando su cara más a mi. Sus ojos se quedaron clavados en mi escote, que me puse expresamente para él.

Puse un dedo en su boca y la entreabrió, observando en cada momento mi cara y lo que hacía. Me relamí, le miré y metí el dedo en su boca. Me acerqué más a él y susurré en su boca “ahora puedes ver lo que tu quieras“ y sentí como se le revolvía su erección bajo los pantalones y su respiración se agitó.

Llevé mi mano a su paquete y lo acaricié a través del vaquero, notando que seguía endureciéndose bajo mi contacto.  “¿Hay algo que me quieras enseñar tu? “

Tragó saliva, asintió y agarró mi mano apretándola contra sus pantalones. Se acercó a mi boca y me besó, metiendo la lengua sin dejarme respirar, excitándome aún mas la situación, el momento, él... Me agarró de la barbilla, salió de mi boca, cogió aire y volvió a entrar, saliendo y mordiendo mis labios, pasando la lengua por ellos y pegando su frente a la mía.

Agarré su cinturón y tiré de el, abriéndolo con impaciencia para meter la mano bajo sus boxer. Él llevó sus manos hasta mis pechos, que apretó y junto, metiendo su cara en ellos y suspirando contra mi piel. Abrió la camisa y cuando quiso sacarlos del sujetador le frené. “Aquí no“ .

Le pedí que saliésemos uno detrás de otro, que le esperaba en la puerta. Nos fuimos hasta mi casa. Abrí, entramos y me quedé frente la cama, de espaldas a él.

Escuché como la puerta se cerraba, sus pasos hasta mi. El sonido de la cremallera de su chaqueta bajando. El sonido de ésta cayendo sobre la mesa. No podía darme la vuelta porque lo que estaba a punto de pasar podía cambiar de parecer en un momento a otro, y una parte de mi ansiaba mucho que pasara.

Noté sus manos agarrando mi cintura, como me pegaba a él, sus labios en mi oído respirando acelerado. Subiendo sus manos por debajo de mi camisa y descendiendo con su boca por mi cuello. Me estremecía en sus manos imaginando las mil y una cosas que me había dicho a través de la red y las posibilidades de cumplirlas todas aquí.

Cerré los ojos, centrándome en la sensación de sus besos y su lengua por mi piel. Moví el culo, para posicionarlo contra su erección y notarla palpitar. Me mordí el labio envuelta en un mar de sensaciones que me impulsaban a querer más.

Me dio la vuelta y me abrío la camisa de golpe, saltando algún que otro botón, y me dejó en sujetador. Le aparté, me di la vuelta y me quité el calzado y los vaqueros mientras movía mi culo de manera insinuante y notaba sus ojos pegados a mi.

Volví a hasta él y le quité la camiseta dejando su pecho al descubierto, enredando mis dedos en su vello y descendiendo hasta su cinturón. Lo abrí, tiré de el y bajé sus pantalones pasando mi cara por su paquete. Subí, con mi cara pegada a él sin dejar de observarle y sonreír, rozando en el proceso mis pechos contra su paquete.

Tragó saliva y se endureció aún más. Agarró mi cabeza y me pegó a su boca mientras sus manos iban a mi espalda a desabrochar mi sujetador. Dejó mis pechos al aire y los agarró con sus grandes manos, abarcando casi toda la carne de la que disponía, apretó, acarició el pezón con el pulgar y bajó su boca hasta ellos para lamer, besar, morder... chupando con gana y deseo apretándolos contra su cara y su boca. Pasaba la punta de la lengua mientras observaba mis ojos y chupaba desesperado como un crío hambriento mis pezones duros.

Agarré su cabeza, hundiéndolo más en ellos y tiré de su pelo hacía atrás para que me mirara. Se apartó y me tiró en la cama, llevó su mano a mi sexo y me tocó por encima de la tela, agarrándolo con toda su mano y apretando. Aumentando mi excitación. Pasó los dedos por el y los llevó a mi boca mientras se colocaba sobre mi en la cama.

Descendió despacio por mi barbilla, llegando a mis pechos, hasta llegar al filo de las braguitas, de las que tiró con el dedo para bajarlas un poco. Aún con ellas puestas acercó su boca a mi intimidad y pasó la lengua, clavando un poco los dientes, hasta que subió a la cinturilla para agarrarla con ellos y con ayuda de las manos tiró para abajo, quitándome la única ropa interior que me quedaba.

Se sentó sobre mi, teniendo su paquete a escasos centímetros de mi y llevé mis manos hasta el. Agarré fuerte notando como latía en mi mano y la introducí en los calzoncillos para sacarla, aprovechando la postura para rozarla por mis pechos. Se apartó, bajó y agarró mis muslos se posicionó de rodillas en medio y llevó su polla hasta mi sexo, rozándome y empapándonos el uno al otro haciendo suaves movimientos de arriba y abajo.

Estaba al borde del colapso. Necesitaba sentirle dentro de mi, que me llenara, que me follara como tantas veces me había dicho. Ansiaba que me tocara.

Se colocó el condón y lo empujé contra la cama, me puse sobre él a horcajadas, agarré su miembro duro y lo introducí dentro de mi despacio, sintiendo el doble placer por mi y por ver su cara de desesperación y excitación. Subí y bajé varias veces. Pegándome lo más posible a él para que con cada movimiento mis tetas se movieran al ritmo del baile que estaba creando sobre su cuerpo, pero sobretodo por el simple placer de sentir las cosquillas de su barba por mis pechos, rozando mis delicados y duros pezones.

Agarré sus manos y me clavé más aún en él. Paré. No quería que se acabase tan pronto.“fóllame como tantas veces has deseado“susurré en su oído cuando me incliné, con mis tetas descansando en su pecho.

Sentí como se endurecía y temblaba dentro de mi.

Me levantó, desencajándome de él y me puso a cuatro patas. Detrás besó mi cuello, rozándome con su barba mientras bajaba, dándome pequeños mordiscos en la espalda. La piel se me erizaba.

Agarró mis nalgas y clavando los dedos en la piel me pegó más a él, cogió su erección y la puso en mi entrada. Con una mano en mi cadera y la otra en la parte baja de mi espalda fue apretándose más contra mi hasta que la metió, entera, sintiendo como se adaptaba a mi estrecho interior. Empezó un movimiento de mete saca que pasaba de ser ligeramente dolorosos a extremadamente placentero.

Apoyada sobre la cama, con la cabeza sobre la almohada, me costaba contener los gemidos de placer. Desde esa posición tenía total acceso a mi sexo, que tocaba y masturbaba mientras no dejaba de penetrarme.

Los quejidos retumbaban por la habitación, mezclándose con los sonidos que se escapaban de su garganta. Secos, animales, roncos... era consciente que estaba disfrutando tanto como yo.

Mis piernas temblaban por la presión de la postura, por las ansias de correrme y por la agitación de mi cuerpo con cada embestida. Hasta que sentí como mi orgasmo se acercaba, como mi corazón se aceleraba y le pedí “Más fuerte“ mientras yo aumentaba el ritmo. Me dejé llevar mientras se estremecía mi cuerpo y me empapaba más aún sobre él.


Me dejé caer sobre la cama mientras él seguía con sus embestidas, hasta que paró y me dio la vuelta. Sabía perfectamente lo que quería.

Me senté sobre la cama, le quité el condón y junté mis pechos con su polla en medio. La apreté con ellos y comencé un suave masaje sobre su polla mientras él observaba, atónito, la escena. Cuando bajaba mis tetas y su miembro sobresalía le lamía la punta, mirando de reojo como me miraba y como su cara se tornaba en deseo y placer extremo. Me agarraba la cabeza, apretándome el pelo, intentando controlar la necesidad de apretarme más contra él.

Instintivamente movía su cadera contra mi, arriba y abajo, hasta que aceleró el ritmo y se dejó llevar, corriéndose en mis tetas y salpicando mi boca.


Se apartó, le miré y lo que pasó después... otro día os lo contaré.


miércoles, 16 de octubre de 2019

Mi fiel lector +18


Durante mis años de escritora de relatos eróticos en la red, me he visto sometida a varios tipos de lectores, comentarios, proposiciones, invitaciones e incluso estados visuales del grado de satisfacción de mis palabras.

Sin embargo, cuando empecé a narrar mis propios relatos en la web en la que suelo publicar, mis lectores están ,mucho más si cabe, receptivos.

He tenido todo tipo de proposiciones, pero sin embargo la última se lleva la palma.





Un lector fiel a mis historias y que me sigue desde hace bastante tiempo y que estaba encaprichado conmigo ha dado un paso más desde que empezó a escuchar mi voz.
Varias veces me ha pedido que mantenga conversaciones con él y me ha propuesto pagarme por ello.

Por supuesto es una locura, sin embargo parte de mi aceptaba la idea de lo morboso que sería guiarle en el proceso y hablar mientras se autocomplacía.

Una de las ventajas de internet es el anonimato y la gente, en especial los hombres, suelen dar mucha rienda suelta a sus fantasías. Si algo he aprendido en estos años es a saber escuchar y valorar la privacidad de sus confesiones. Aunque también claro está, me he visto envuelta en comentarios poco respetuosos y acusaciones. Pero he visto una faceta sexual, morbosa y excitante a través de la escritura y he podido saborear la victoria y el poderío de tener a un hombre en las manos a través de una pantalla, sólo con lo que mi mente decide narrar.
He llegado aprender un mundo aparte que no conocía y del que me estoy familiarizando, descubriendo una parte del sexo que desconocía.

Pero él era distinto. Desde el primer momento me apoyaba, me animaba, ansíaba un relato mio para perderse entre mis letras y caer en la tentación de darse placer con ellas.

Lógicamente me halagaba. Era una prueba evidente de que estaba haciendo bien mi trabajo, por el cual aparte de pagarme, hacía una buena obra.

Cada día leía la cantidad desorbitada de correos que me llegaban donde entre burradas y sin sentidos, a veces encontraba alguno que me sacaba una sonrisa de satisfacción. Lo gracioso del asunto es que nadie sabía mi apariencia, mi altura, como era mi cuerpo, mi color de pelo y ojos... sólo conocían mis palabras, un nick con el que me identificaban y mi voz.

Para muchos lo último era lo que les excitaba más que el propio relato. Una voz dulce, inocente, y angelical... nada mas lejos de la realidad y de la persona que hay detrás.

Pero este hombre conocía mi verdadera identidad. Mi nombre. Mi estatura. Mi fisico. Mi color de ojos y pelo. Sabía muchas cosas sobre mi y me seguía en todas mis redes sociales. Sin embargo no conoció mi voz hasta que empecé a narrar para esa web a raíz de las últimas actualizaciones.

Así que volvamos al principio. Una joven escritora erótica que publica en una web de relatos donde su mayor público es masculino. Donde los hombres acuden para un momento de desahogo y fantasía. Donde se dejan llevar por las situaciones que plantean esas historias y donde la imaginación es la madre de todos. Ahora tenían voz.
Como tantas otras veces hablé con él tras el relato, donde me contó su experiencia, lo que le había gustado, lo que había imaginado y como se había... complacido.

Deseaba que narrara para él, y sólo para él, mis otros relatos escritos.

Día tras día insistía, hasta que cedí, y un día le narré uno de mis relatos más visitados. Mientras hablaba conmigo escuchaba el audio que le había mandado de fondo y se le ocurrió hablarme por voz a través de instagram, a causa de tener las manos ocupadas.

Su voz entrecortada, mi propia voz de fondo narrando obscenidades, su respiración acelerada diciéndome cosas que me hacían revolverme en la silla mientras tragaba saliva y me ponía mas nerviosa a medida que avanzaba.

„ Me ató las muñecas y con ellas así le desabroché como pude el pantalón, con su paquete cerca de mi cara, haciendo que al liberarle me diera con su erección en la boca. "Abre" „

Oí de fondo mi propia voz y un fragmento de uno de mis relatos más leídos. Pero me centré en él.

-          - Te imagino a tí, arrodillada, mirándome a los ojos mientras te relames, con la boca entreabierta, los ojos lascivos, deseando abrir la boca para dejarme entrar en ella, acariciar tu mejilla... te deseo. Aquí y ahora me gustaría follarte despacio, saborear el momento y ver como disfrutas.
-          - ¿Qué estás haciendo? – Logré decir tragando saliva y por escrito, pues yo no hablaba.
-          - ¿Quieres verlo? – Y una parte de mi sentía curiosidad y ganas por saltarse las normas que me había impuesto.
-          - Vale.

Aquella aceptación lo elevó en segundos a una escala mayor de placer. El ser visto, observado, descubierto sólo por su escritora erótica, la que tantos buenos momentos le había proporcionado a través de las letras. Pues tras unos segundos sin hablar me mandó una foto donde se intuía su erección. No puedo negarlo... sentí excitación al ser yo quien había provocado eso y quería seguir investigando mis límites.

-          - ¿Te gusta?
-          - Sí...
-          - Ahora tu.
-          - Yo no mando fotos.
-          - Pero necesito verte. – Yo dejé de escribir. – Estoy viendo tu perfil y sólo pienso en que seas tu la que está en ese relato, conmigo.

Pero yo no escribía. Estaba callada viendo a donde llevaba esa charla. Y debo reconocer que mi excitación se incrementaba através de sus declaraciones.

"ve el placer de tu cara en el espejo, mientras te follo y te la meto hasta el fondo"

Podía reconocer mi propias palabras en boca de mis protagonistas que ahora llevaban mi voz.

-          ¿Sigues ahí?
-          - Sí.
-          - Necesito oír tu voz mientras me toco con tus relatos, pensando en ti.
-          - No. Ya tienes el relato narrado como pedías, no puedo ofrecerte nada más.
-          - ¿Y si te pagara por hablar conmigo mientras me masturbo?

Esa proposición no me la esperaba para nada. Me quedé callada sin saber que responder y desconecté.

Al día siguiente volví a hablar con él, como si nada hubiera pasado y nuestra conversación volvió a terminar donde siempre acababa. Con él masturbándose con mis relatos de fondo, volvió a confesarme lo de otras veces.

-          - Me gusta tocarme oyéndote y viéndote.

Y eso despertó en mí cierto nervio en mi interior. Haciendo que apretara mis piernas instintivamente y tragara saliva.

-          - Estoy viendo tus fotos. – „subí el vestido hasta mi cintura y abriendo las piernas me empecé a acariciar mi sexo empapado, llamando su atención y haciendo que sus ojos casi se desencajaran“ escuchaba de fondo otros de mis antiguos relatos que había narrado días atrás. -  Mientras te veo reflejada en el relato y noto tu voz muy cerca de mi.
-          - ¿Tanto te gustan? – Sin darme cuenta había empezado a pasar mis dedos por mis pechos, acariciando con las yemas los pezones por encima de la ropa, haciendo que se endurecieran.
-          - Me encanta hacer esto, es como tenerte aquí.
-          - ¿Qué estás viendo?

Y me mandó pantallazos de las fotos que estaba viendo de mi perfil.

-          - No puedo dejar de observarte. – Quiero decirte todo lo que estoy haciendo, lo que pienso y lo que siento.

Abrí mis piernas y llevé mi mano a mis braguitas. Mientras le escuchaba, casi sin darme cuenta, empece a acariciarme através de la tela, imaginando cada una de las cosas que me decía.

- Quiero oírte ahora. – „sentí su mano por mi cuello, apartando el pelo, deslizándose por mi clavícula, tirando con un dedo de la cremallera de la camisa que empezaba a ceder.“

Y ahí estaba... otra frase de fondo de uno de mis relatos. Me viene a la cabeza su comentario sobre aquel día.

-          „Imaginaba que eras tu, que yo era el que te hacía todas esas cosas, el que te desnudaba, te tocaba, te follaba y hacía que te corrieras en mis manos, deshaciéndote en mis dedos, suplicando más y más hasta que perdías el control.“


Siempre me comentaba cada una de mis publicaciones, todas con halagos, confesiones y fantasias.


Pero yo seguía callada, escuchando cada audio anonanada. Imaginando sin querer lo que él soñaba y recreando en mi mente los relatos que yo misma había creado.


Pero nuevamente desaparecí.


Hasta el día siguiente, claro está. Había subido un nuevo relato y el me había comentado como era habitual. Digamos que recibir sus palabras eran casi tan gratificantes como recibir él las mías... quizás en cierto modo cedía ante él y él tenía el control sobre mi. Ya que terminaba haciendo y disfrutando con lo que hacía para él. Debía reconocer que parte de mis ganas de escribir se las debía a él.

Y volvimos a la charla de siempre, donde se tocaba mientras oía de fondo mis historias, mientras imaginaba mi cuerpo, mi olor, mis acciones y seguíamos hablando. Y me encantaba.

Esta vez romí mis propias reglas y fui más allá. Nunca imaginé que sucumbiera a estos delirios de internet, con un extraño, con un desconocido que podría contarme cualquier historia a través de la red. Pero quería ver donde llegábamos, como y cuando pararíamos, y seguí el rollo a cada una de sus provocaciones. No puedo culparle, yo misma iba subiendo el nivel hasta que poco a poco perdimos el control.

Pero no podía estar mal ¿no? Ambos éramos libres, no teníamos pareja ni ataduras, así que era una manera mas íntima de complacer a mi lector favorito por su fidelidad.

Me dejé llevar.

Dejé el relato que estaba escribiendo y me tumbé en la cama. Le mandé una foto de mí mordiéndome el labio. Otra después de mi tirante deslizándose por el hombro. Otra de mi escote. Otra dejando entrever parte de mi cintura.

Me quité la camiseta. Una en sujetador. Me quité el pantalón corto. Otra en braguitas. Pero él pedía más .

-          Saber que son sólo para mí... me está volviendo loco.

Otra foto con mi mano dentro de mis bragas. Otra sin sujetador, tapando mis pechos con una mano. Otra sin nada, sólo tapando los pezones por dos iconos de instagram.

Me empezó a mandar audios.

A estas alturas yo estaba con el móvil sobre una pierna, una mano en las bragas y la otra en un pecho, acariciando mi pezón con las yemas de los dedos.

Reproducía el audio: Quiero besarte el cuello, lamerte lentamente, bajar por él hasta tu pecho y coger un pezón con los dientes, mordisquearlo, lamerlo y mirar como te estremeces y se endurece bajo mi boca.

Pero yo no escríbia, simplemente me pellizcaba simulando sus palabras y me tumbé más para tener acceso a mi pezón con mi boca. Desde esa posición podía lamer, mordisquear y chupar mis pezones mientras en mi cabeza era su lengua la que jugueteaba con ellos.

Casi se me cae el móvil.

Intenté ponerlo de otra manera pero lo que conseguí es darle a la cámara y echarme una foto desprevenida que sorprendentemente me gustó y se la envié.

„Se acercó hasta mi boca y me mordió los labios. Pegó su cadera a mi y noté una tremenda erección desde mi sexo hasta mi cintura.“ Escuché de fondo otro de mis relatos.

-          ¿Lo oyes? Así me tienes tu a mi. Me la pones dura con sólo leerte, con solo mirarte, con sólo pensarte. Quiero follarte hasta reventarte
No sabía que decir, era algo nuevo para mi. Pero el deseo crecía a medida que escuchaba sus audios.

-          ¿Qué quieres que haga?- Logré decir por audio.
-          - Oh... me encanta oírte tan receptiva... Dime ¿estás mojada?
-          - Tengo las braguitas empapadas, por tu culpa.
-          - Quiero que te toques pensando en mi, como yo haré contigo.- Abre las piernas, lleva una de tus manos a tu boca, roza tus labios con los dedos, chupalos y deslizalos por tu pecho, despacio, dejando un camino de saliva hasta llevar a tus bragas. Quiero que te acaricies por encima de la tela, pensando que son mis manos las que están ahí.

Le mandé un pequeño clip del recorrido de mis dedos hasta mi entrepierna.

-          Ahora, quitate las bragas y vuelve abrirte de piernas. Acariciaté con los dedos, despacio, lentamente, y llevalos a tu boca. Coje tus pechos y masajéalos, apriétalos, júntalos como si mi polla estuviera entre ellos y quisieras abrazarlos con ellas. Quiero que te estremezcas, que chorrees, que estés al borde de la desesperación por tocarte.

Leía atentamente y la sóla idea de hacerle caso y que él llevase el control me estaba poniendo mala. Sentía como la parte baja de mi vientre se contraía, como el calor se centraba entre mis piernas para ascender hasta el interior de ellas. Mis pezones se erguían, un escalofrío me recorría y una sensación enorme de querer llevar mi mano a mi sexo se apoderaba de mi.

Mordisqueaba mi labio, echaba la cabeza aún mas atrás mientras cerraba los ojos y me centraba en su voz, oyendo de fondo fragmentos de mis historias que se reproducían para él.

„Se sacó la polla y me la pegó al culo, la pasó despacio y pude notar su calor, su dureza y la humedad que empezaba a desprender. La acercó a mi entrada y la rozó, con la punta, haciendo amagos de querer entrar "La quieres ¿eh, niña?" me dijo en mi oído antes de darme un toque con ella. "Voy a follarte tan fuerte y va a gustarte tanto que suplicarás por más".

Recordaba ese relato porque fue uno de los mejores momentos que escribí.


-          Lleva tus dedos hasta tu entrada y acaricia con la yema del dedo, sin entrar, solo presionando un poco para notar lo humeda que estás. Acaríciate el centro del placer y esta vez lleva tu dedo a tu interior y entra en el. Despacio, entra y sal, para entrar una vez más con dos dedos. Para... quiero que ahora te acaricies con ellos y repartas la humedad que desprendes.

Mi cara era una odisea de placer. ¿El momento? ¿La situación? ¿El morbo? Quizás a una experiencia nueva y muy placentera a la vez que gratificante. Podría ser. El caso es que estaba deshaciéndome en placer con solo mis manos.

Con una mano me tocaba los pechos y los pellizcaba, con la otra me estaba masturbando como una posesa oyendo a un tío de internet.

-          Me encantaría rozar la punta de mi polla contra tus pechos, ponerla en medio y juntarlos, ver como sobresale la punta por arriba para que acerques tu lengua y relamas las gotas que caígan, y deseo correrme contra tus pezones, sentir como mi semen resbala por tu piel.

Mis pezones estaban tan duros que iban a reventar entre el tacto, sus palabras y mi excitación.

-          Sigue tocándote para mi, ansiaba masturbarme hablando contigo, sentir tu placer en mis manos, hacer que te derritieras por mi, y follarte hasta que no puedas mas. Córrete para mi, dame tu orgasmo.

Y como si fuese una orden seguí tocándome, acariciándome, metiendo mis dedos, entrando y saliendo de mi para compaginar la penetración con suaves caricias en el clítoris.

-          Quiero escucharte gemir.

Y sin razón ninguna ante el momento me vine arriba y grabé mis gemidos y mi respìración agitada y entrecortada mientras me tocaba, llegando al placer más extremo, fáltandome el aire y arqueándome en la cama para dejarme llevar y correrme para él, el fiel lector.

-          Bien... así me gusta.

Me pidió una foto de mi cara y como una chica obediente se la envié.

-          Aún puedo ver tu cara de placer tras correrte... eres preciosa con las mejillas así. – Su voz se entrecortó. – Voy a correrme, cielo.

Y escuché como lo hacía.


Durante los días posteriores no hablamos, pero al cabo del cuarto día me volví a encontrar con él y me comentó en confianza que había hecho algo los días atrás.

-          Ayer llamé a una línea erótica y después de escuchar varias voces, elegí la que más se parecía a la tuya y por un momento fuiste totalmente mia.


Pero eso es otra historia que os contaré en el próximo relato.




miércoles, 10 de julio de 2019

Perdiendo el miedo 2 final +18


Estábamos a solas. Y yo no sabía muy bien que decir así que me quité la ropa y, sintiendo, como el calor me recorría la cara me acerqué a la piscina.

  • - Espera, voy a cerrar las puertas para que no venga nadie.

Tenía un nudo en el pecho, en la garganta y un burullo saltando en mi estómago. Estas situaciones conseguían ponerme muy tensa y nerviosa.

Escuché de fondo la puerta metálica cerrarse y unos pasos venir hasta a mi. Se quitó el silbato del cuello, las chanclas y se fue hasta la piscina.

Se tiró de cabeza. (pero luego dice que está prohibido... já).

  • - Vamos. - Me incitó con las manos desde la parte media de la piscina donde yo ahí ya no haría pies mas que de puntillas. - Tírate.
  • - ¿Qué? - Pregunté atónita. - No... no...
  • - No te va a pasar nada, estoy yo aquí.
  • - No te conozco lo suficiente para confiar en ti, permite que te lo diga.
  • - Pero ¿confías en mi título o eso tampoco? - Sonreía como si tuviera una percha en la boca. - ¡Vamos!
  • - No se ni tu nombre... como me vas a pedir que me lance al agua por que tu lo digas.
  • - Me llamo Adrián. Y tu sé que eres Cati, que se lo escuché a tus amigas.- Asentó con la cabeza y volvió a abrir los brazos. - ¿Te puedes tirar ahora?
  • - No, que no hago pie.
  • - Por eso es mejor que te tires aquí.
  • - Me voy a desnucar.
  • - ¿Qué? - Y empezó a reírse... se divertía conmigo desde luego. - No te va a pasar nada si saltas lejos del borde.
  • - Es que no sé.
  • - Coge un poco de carrerilla y salta.
  • - No...
  • - Bueno, vayamos por partes.


Salió de la piscina y yo quería meterme bajo el agua. No podía dejar de mirar como las gotas caían por su cuerpo y como estaba de empapado. (Cati, acaba de salir de una piscina, si no goteara es que habría un problema por ser piel antiadherente).

  • Vamos, entra en la piscina como lo haces siempre.

Me fui hasta la escalerilla, bajé las escaleras metálicas y me quedé de pie esperando sus indicaciones.

  • Ve hasta la parte media.
  • No, sola no puedo.

Se metió el y cuando estaba pegado a mi sentí el contacto con su piel bajo el agua. Carraspeé.

  • - Venga, nada hasta allí.
Me coloqué en posición y empecé a mover brazos y piernas para ir hasta la parte media donde tanto miedo me daba sola. Me agarró por la cintura.

  • - Estoy aquí.
  • - Sé nadar... - Dije empezando a dudarlo. - no necesito que me cojas.
  • - Quiero que confíes en mi. - Susurró muy cerca de mi cara.

Comencé a ir hasta donde me había dicho y todo iba genial, hasta que empecé a notar que el me iba soltando y temía que me dejase sola en mitad de la piscina donde casi no hacía pie. Siempre me pasaba que al ponerme nerviosa era como si mi cerebro se reseteara y todas mis habilidades en el agua desaparecieran.

  • - No me sueltes.
  • - Confía en mi y en ti, puedes hacerlo. - Él seguía haciendo pie y avanzó un poco más hasta la parte donde ya no hacía pie alguno y tenía que nadar si no quería hundirme. - Sígueme, estoy seguro que puedes.
  • - No puedo.
  • - Sí puedes. - Vino hasta a mi y me cogió en brazos. - Voy a soltarte pegada a mi, no te pasará nada porque yo estoy aquí y no permitiría que te ocurriera nada.

Podía sentir su cuerpo pegado al mio, como yo, estática como una niña pequeña e indefensa, no me atrevía a moverme, y como su aliento rozaba mi cara al estar tan cerca.

  • - Nada Cati, nada. - Me soltó y se apartó un poco para dejarme espacio.


Todo iba bien, pese a mi miedo que me tenía el corazón acelerado, hasta que me dijo el siguiente paso.

  • - Muy bien, lo estás haciendo muy bien. - Se zambulló en el agua y desapareció unos segundos. Segundos que aprovechó para bucear y llegar hasta a mi, sacando la cabeza rozándome los pechos. - Ahora vamos a por lo de antes. Tienes que tirarte, sólo así perderás el miedo.
  • - No, no puedo.
  • - sí que puedes. Lo haré contigo.

Salimos de la piscina y nos pusimos mas atrás del borde, me dio la mano.

  • - Sígueme, muévete conmigo. - No sé por qué pero con esas palabras me vino a la cabeza otras cosas y otro tipo de movimiento. - ¿Cati?
  • - Perdona es que me aterra.
  • - Que tu cuerpo siga al mío, verás que fácil, salta cuando yo, y caeremos juntos.

Todo esto tenía una epicidad digna del Titanic, pero yo vivía en el mundo real y no estaba dispuesta a desnucarme con un tío que acababa de conocer sólo porque su vena de socorrista le presionara para salvarme de mi miedo.

  • No, no no. No quiero. - Agarró mi mano y una descarga eléctrica me recorrió de arriba abajo, haciendo que el contacto de mi cuerpo con su tacto y el agua fría me pusiera los pezones duros.
  • - No va a pasar nada que no quieras. - Y parecía una promesa de algo ajeno a lo que estábamos haciendo. - Una vez y dejaré de insistir.

Accedí. Porque ya no sabía ni que cojones estaba haciendo yo allí y estaba perdiendo la cabeza con la situación tan surrealista.

Nos pusimos separados del borde, el empezó a coger impulso y yo hice lo mismo, llegamos al borde y saltamos a la vez impulsándonos para caer lejos del filo. Cerré los ojos en el salto y sentí como me zambullía en el agua y llegaba al final para que mi cuerpo después saliera a flote con un impulso en el suelo.

Me puse nerviosa cuando sentí que se soltaba de mi mano y no supe que hacer entonces. Pegué manotazos, abrí los ojos y empecé a nadar buscando la superficie. Cuando salí él estaba mirándome, me cogió en brazos y me pegó a él.

  • ¿Ves? - Agarró mi cintura levantándome un poco. - Lo has hecho muy bien y no ha pasado nada.
  • - Quiero salir. - Logré decir cuando cogí aire presa del pánico.
  • - Vale. Pero te dejaré sola y tendrás que ir tu misma hasta la escalera.
  • - No por favor. - Supliqué atemorizándome sólo de pensar que me iba a quedar sola en el agua en un sitio donde no hago pie.
  • - Si quieres que me quede tendrás que hacer lo que yo te pida.
  • - ¿Qué? - La cosa se estaba poniendo tensa ya y yo me quería salir del agua.
  • - Cierra los ojos.
  • - ¿Estás loco?
  • - Confía en mi, hasta ahora no he hecho nada de lo que te arrepientas, ¿no?
  • - Esta bien... - Cerré los ojos.
  • - Cierra los ojos y nada con los ojos cerrados hacía adelante, cuando toques el borde los abres.

Hice caso confiando en que él estaba a mi lado, y avancé con los ojos cerrados hasta el borde más próximo de la piscina. Cuando llegué los abrí y no lo veía.

  • Adrián... esto no tiene gracia. - Miraba intentando buscarle pero claro, sin mis gafas no veía nada bien. - Empiezo a asustarme y a ponerme nerviosa.

Hasta que descubrí que estaba debajo de mi, zambullido en el agua, y salió rozando mis pechos con su cabeza y pasando su cara por ellos, pegando su cuerpo más a mi y agarrando mi cintura.

  • - Estoy aquí.
  • - Ya te veo ya.
  • - ¿Ves como puedes confiar en mi?
  • - Sí... - Tragué saliva. Tenerlo tan cerca me estaba poniendo mala.
  • - Y podrías descubrir varias cosas que seguro te gustarían... si es que me dejas ayudarte a perder el miedo.
  • - ¿ah sí?
  • - Sí... - Pegó su cuerpo al mio más aun clavando sus manos en mi culo. - Todo es cuestión de confianza y valentía.
  • - ¿Qué... qué haces?- entre abrí la boca dejando escapar mi respiración entrecortada. - nos puede ver alguien.
  • - Sólo yo tengo la llave...
  • - Pero es que... - Agarró mi mano y la llevo hasta su entrepierna donde la colocó sobre su erección. - Adrián, por favor...
  • - No soy tonto... se muy bien que te gusto y que has estado toda la tarde cuchicheando con tus amigas y observándome. Lo sé por que yo también te he observado a ti.

No supe que decir, me limité a mirarle a los ojos y al fondo de la piscina. Me cogió de la cintura y me guió por el agua hasta el borde donde yo hacía pie. Me cogió a pulso y me levantó, sentándome en el filo y abriendo mis piernas, para colocar su cuerpo en medio.

Con su cara a la altura de mi vientre acercó sus labios hasta el y sacó la lengua, lamiendo las gotas de agua que se caían por mi piel. Agarró las bragas del bikini por la cinturilla lateral y las desató, quitándomelas en el momento. Sujeté su cabeza intentando evitar que se acercara.
  • - Ya te dije que conmigo las sorpresas te gustarían.
  • - En el agua no...
  • - Shhhh, cállate.


Agarró mis muslos con las manos y acercó su boca hasta mi vientre, bajó con su lengua jugando con mi ombligo y recorriendo cada recoveco para parar en la intimidad de mi entrepierna. Pasó la nariz, pasó los labios, hundió su boca y deslizó la lengua por la parte mas sensible de mi cuerpo, haciéndome respirar agitada, contraerme por la necesidad de sentir más, por la avaricia de querer que me diera todo de golpe.

Se apartó, pasó sus dedos por donde antes había estado su boca y me introdujo dos dedos con dificultad. Volvió a poner su boca y mientras me comía sin descanso jugaba con sus dedos entrando y saliendo de mi.

Volví a agarrar su cabeza, aunque esta vez era para pegarlo más a mi y no dejarle retirarse. Ansiaba correrme, dejarme llevar y disfrutar con lo que me estaba haciendo, pero cuando unos minutos después sentía que iba a hacerlo par´en seco, me agarró de la cintura y me puso de pie en el agua donde me quitó la parte de arriba del bikini, dejando mis pechos al descubierto y pegados a él.

Se quitó el bañador y se quedó con todo al descubierto. Aproveché la ocasión para agarrar su erección con mi mano y empezar a masturbarle bajo el agua.

Con una mano intentaba juntar, sin mucho éxito, mis tetas, que acercaba a su cara y besaba, mordía, pellizcaba... con su otra mano perdía sus dedos en mi interior y acariciándome en pequeños círculos hasta hacerme estremecer.

Abrí más las piernas y acerqué su miembro hasta mi sexo, lo rocé por el y jugueteé un rato masturbándolo con mi mano y mi coño. Me clavó la mano en el culo para pegarme tanto a él como fuera posible.

Cuando pensó que no podía seguir asó me la quitó de la mano, la agarró con la suya y abrió mis piernas con una de las suyas, para ponerse en medio y buscar mi entrada. Me penetró con brusquedad, casi con desesperación, como si ansiara perderse dentro de mi, y un dolor placentero mezclado con la sensación que producía hacerlo dentro del agua me estaba llevando al límite poco a poco de una manera rápida y excitante.

Agarré su cintura con mis piernas y se movía dentro de ellas entrando y saliendo de mi con fuerza, ganas...

Apoyada en la pared de la piscina sentía el vaivén del agua y su estimulación en mi cuerpo, en la parte más íntima de mi ser.

Con cada embestida me elevaba mas, con mis manos agarraba su cuello y acariciaba su pelo, sentía su barba en mi cuello y sus dientes clavarse en mi, su respiración agitada en mi oído, sus gemidos que intentaba callar mordiéndose los labios... aceleraba más el ritmo hasta que con la fricción me estimuló y me corrí sintiendo como entraba y salía de mi.

Me tapó la boca para callar mis quejidos y susurró entrecortado en mi oído. “Shhh” mientras me la metía más y más fuerte hasta que sentí como él mismo se movía más por instinto para correrse también.

Creyendo que lo haría dentro de mi se apartó, pegándola a mi vientre donde se corrió, notando la diferencia de temperatura en mi cuerpo del agua y su semen.


Se apoyó respirando con dificultar en el borde, encima de mi, y susurró en mi boca antes de besarme “no cabe duda que es tu primera vez en el agua, pero es una buena manera de ir perdiendo el miedo”.



Fin