Recomendación

Empujo, abrazo y beso

Empujo, abrazo y beso Hace unos años monté una copisteria con una amiga, Susana. Yo tenía en mente una heladeria, así que un dí...

miércoles, 10 de julio de 2019

Perdiendo el miedo 2 final +18


Estábamos a solas. Y yo no sabía muy bien que decir así que me quité la ropa y, sintiendo, como el calor me recorría la cara me acerqué a la piscina.

  • - Espera, voy a cerrar las puertas para que no venga nadie.

Tenía un nudo en el pecho, en la garganta y un burullo saltando en mi estómago. Estas situaciones conseguían ponerme muy tensa y nerviosa.

Escuché de fondo la puerta metálica cerrarse y unos pasos venir hasta a mi. Se quitó el silbato del cuello, las chanclas y se fue hasta la piscina.

Se tiró de cabeza. (pero luego dice que está prohibido... já).

  • - Vamos. - Me incitó con las manos desde la parte media de la piscina donde yo ahí ya no haría pies mas que de puntillas. - Tírate.
  • - ¿Qué? - Pregunté atónita. - No... no...
  • - No te va a pasar nada, estoy yo aquí.
  • - No te conozco lo suficiente para confiar en ti, permite que te lo diga.
  • - Pero ¿confías en mi título o eso tampoco? - Sonreía como si tuviera una percha en la boca. - ¡Vamos!
  • - No se ni tu nombre... como me vas a pedir que me lance al agua por que tu lo digas.
  • - Me llamo Adrián. Y tu sé que eres Cati, que se lo escuché a tus amigas.- Asentó con la cabeza y volvió a abrir los brazos. - ¿Te puedes tirar ahora?
  • - No, que no hago pie.
  • - Por eso es mejor que te tires aquí.
  • - Me voy a desnucar.
  • - ¿Qué? - Y empezó a reírse... se divertía conmigo desde luego. - No te va a pasar nada si saltas lejos del borde.
  • - Es que no sé.
  • - Coge un poco de carrerilla y salta.
  • - No...
  • - Bueno, vayamos por partes.


Salió de la piscina y yo quería meterme bajo el agua. No podía dejar de mirar como las gotas caían por su cuerpo y como estaba de empapado. (Cati, acaba de salir de una piscina, si no goteara es que habría un problema por ser piel antiadherente).

  • Vamos, entra en la piscina como lo haces siempre.

Me fui hasta la escalerilla, bajé las escaleras metálicas y me quedé de pie esperando sus indicaciones.

  • Ve hasta la parte media.
  • No, sola no puedo.

Se metió el y cuando estaba pegado a mi sentí el contacto con su piel bajo el agua. Carraspeé.

  • - Venga, nada hasta allí.
Me coloqué en posición y empecé a mover brazos y piernas para ir hasta la parte media donde tanto miedo me daba sola. Me agarró por la cintura.

  • - Estoy aquí.
  • - Sé nadar... - Dije empezando a dudarlo. - no necesito que me cojas.
  • - Quiero que confíes en mi. - Susurró muy cerca de mi cara.

Comencé a ir hasta donde me había dicho y todo iba genial, hasta que empecé a notar que el me iba soltando y temía que me dejase sola en mitad de la piscina donde casi no hacía pie. Siempre me pasaba que al ponerme nerviosa era como si mi cerebro se reseteara y todas mis habilidades en el agua desaparecieran.

  • - No me sueltes.
  • - Confía en mi y en ti, puedes hacerlo. - Él seguía haciendo pie y avanzó un poco más hasta la parte donde ya no hacía pie alguno y tenía que nadar si no quería hundirme. - Sígueme, estoy seguro que puedes.
  • - No puedo.
  • - Sí puedes. - Vino hasta a mi y me cogió en brazos. - Voy a soltarte pegada a mi, no te pasará nada porque yo estoy aquí y no permitiría que te ocurriera nada.

Podía sentir su cuerpo pegado al mio, como yo, estática como una niña pequeña e indefensa, no me atrevía a moverme, y como su aliento rozaba mi cara al estar tan cerca.

  • - Nada Cati, nada. - Me soltó y se apartó un poco para dejarme espacio.


Todo iba bien, pese a mi miedo que me tenía el corazón acelerado, hasta que me dijo el siguiente paso.

  • - Muy bien, lo estás haciendo muy bien. - Se zambulló en el agua y desapareció unos segundos. Segundos que aprovechó para bucear y llegar hasta a mi, sacando la cabeza rozándome los pechos. - Ahora vamos a por lo de antes. Tienes que tirarte, sólo así perderás el miedo.
  • - No, no puedo.
  • - sí que puedes. Lo haré contigo.

Salimos de la piscina y nos pusimos mas atrás del borde, me dio la mano.

  • - Sígueme, muévete conmigo. - No sé por qué pero con esas palabras me vino a la cabeza otras cosas y otro tipo de movimiento. - ¿Cati?
  • - Perdona es que me aterra.
  • - Que tu cuerpo siga al mío, verás que fácil, salta cuando yo, y caeremos juntos.

Todo esto tenía una epicidad digna del Titanic, pero yo vivía en el mundo real y no estaba dispuesta a desnucarme con un tío que acababa de conocer sólo porque su vena de socorrista le presionara para salvarme de mi miedo.

  • No, no no. No quiero. - Agarró mi mano y una descarga eléctrica me recorrió de arriba abajo, haciendo que el contacto de mi cuerpo con su tacto y el agua fría me pusiera los pezones duros.
  • - No va a pasar nada que no quieras. - Y parecía una promesa de algo ajeno a lo que estábamos haciendo. - Una vez y dejaré de insistir.

Accedí. Porque ya no sabía ni que cojones estaba haciendo yo allí y estaba perdiendo la cabeza con la situación tan surrealista.

Nos pusimos separados del borde, el empezó a coger impulso y yo hice lo mismo, llegamos al borde y saltamos a la vez impulsándonos para caer lejos del filo. Cerré los ojos en el salto y sentí como me zambullía en el agua y llegaba al final para que mi cuerpo después saliera a flote con un impulso en el suelo.

Me puse nerviosa cuando sentí que se soltaba de mi mano y no supe que hacer entonces. Pegué manotazos, abrí los ojos y empecé a nadar buscando la superficie. Cuando salí él estaba mirándome, me cogió en brazos y me pegó a él.

  • ¿Ves? - Agarró mi cintura levantándome un poco. - Lo has hecho muy bien y no ha pasado nada.
  • - Quiero salir. - Logré decir cuando cogí aire presa del pánico.
  • - Vale. Pero te dejaré sola y tendrás que ir tu misma hasta la escalera.
  • - No por favor. - Supliqué atemorizándome sólo de pensar que me iba a quedar sola en el agua en un sitio donde no hago pie.
  • - Si quieres que me quede tendrás que hacer lo que yo te pida.
  • - ¿Qué? - La cosa se estaba poniendo tensa ya y yo me quería salir del agua.
  • - Cierra los ojos.
  • - ¿Estás loco?
  • - Confía en mi, hasta ahora no he hecho nada de lo que te arrepientas, ¿no?
  • - Esta bien... - Cerré los ojos.
  • - Cierra los ojos y nada con los ojos cerrados hacía adelante, cuando toques el borde los abres.

Hice caso confiando en que él estaba a mi lado, y avancé con los ojos cerrados hasta el borde más próximo de la piscina. Cuando llegué los abrí y no lo veía.

  • Adrián... esto no tiene gracia. - Miraba intentando buscarle pero claro, sin mis gafas no veía nada bien. - Empiezo a asustarme y a ponerme nerviosa.

Hasta que descubrí que estaba debajo de mi, zambullido en el agua, y salió rozando mis pechos con su cabeza y pasando su cara por ellos, pegando su cuerpo más a mi y agarrando mi cintura.

  • - Estoy aquí.
  • - Ya te veo ya.
  • - ¿Ves como puedes confiar en mi?
  • - Sí... - Tragué saliva. Tenerlo tan cerca me estaba poniendo mala.
  • - Y podrías descubrir varias cosas que seguro te gustarían... si es que me dejas ayudarte a perder el miedo.
  • - ¿ah sí?
  • - Sí... - Pegó su cuerpo al mio más aun clavando sus manos en mi culo. - Todo es cuestión de confianza y valentía.
  • - ¿Qué... qué haces?- entre abrí la boca dejando escapar mi respiración entrecortada. - nos puede ver alguien.
  • - Sólo yo tengo la llave...
  • - Pero es que... - Agarró mi mano y la llevo hasta su entrepierna donde la colocó sobre su erección. - Adrián, por favor...
  • - No soy tonto... se muy bien que te gusto y que has estado toda la tarde cuchicheando con tus amigas y observándome. Lo sé por que yo también te he observado a ti.

No supe que decir, me limité a mirarle a los ojos y al fondo de la piscina. Me cogió de la cintura y me guió por el agua hasta el borde donde yo hacía pie. Me cogió a pulso y me levantó, sentándome en el filo y abriendo mis piernas, para colocar su cuerpo en medio.

Con su cara a la altura de mi vientre acercó sus labios hasta el y sacó la lengua, lamiendo las gotas de agua que se caían por mi piel. Agarró las bragas del bikini por la cinturilla lateral y las desató, quitándomelas en el momento. Sujeté su cabeza intentando evitar que se acercara.
  • - Ya te dije que conmigo las sorpresas te gustarían.
  • - En el agua no...
  • - Shhhh, cállate.


Agarró mis muslos con las manos y acercó su boca hasta mi vientre, bajó con su lengua jugando con mi ombligo y recorriendo cada recoveco para parar en la intimidad de mi entrepierna. Pasó la nariz, pasó los labios, hundió su boca y deslizó la lengua por la parte mas sensible de mi cuerpo, haciéndome respirar agitada, contraerme por la necesidad de sentir más, por la avaricia de querer que me diera todo de golpe.

Se apartó, pasó sus dedos por donde antes había estado su boca y me introdujo dos dedos con dificultad. Volvió a poner su boca y mientras me comía sin descanso jugaba con sus dedos entrando y saliendo de mi.

Volví a agarrar su cabeza, aunque esta vez era para pegarlo más a mi y no dejarle retirarse. Ansiaba correrme, dejarme llevar y disfrutar con lo que me estaba haciendo, pero cuando unos minutos después sentía que iba a hacerlo par´en seco, me agarró de la cintura y me puso de pie en el agua donde me quitó la parte de arriba del bikini, dejando mis pechos al descubierto y pegados a él.

Se quitó el bañador y se quedó con todo al descubierto. Aproveché la ocasión para agarrar su erección con mi mano y empezar a masturbarle bajo el agua.

Con una mano intentaba juntar, sin mucho éxito, mis tetas, que acercaba a su cara y besaba, mordía, pellizcaba... con su otra mano perdía sus dedos en mi interior y acariciándome en pequeños círculos hasta hacerme estremecer.

Abrí más las piernas y acerqué su miembro hasta mi sexo, lo rocé por el y jugueteé un rato masturbándolo con mi mano y mi coño. Me clavó la mano en el culo para pegarme tanto a él como fuera posible.

Cuando pensó que no podía seguir asó me la quitó de la mano, la agarró con la suya y abrió mis piernas con una de las suyas, para ponerse en medio y buscar mi entrada. Me penetró con brusquedad, casi con desesperación, como si ansiara perderse dentro de mi, y un dolor placentero mezclado con la sensación que producía hacerlo dentro del agua me estaba llevando al límite poco a poco de una manera rápida y excitante.

Agarré su cintura con mis piernas y se movía dentro de ellas entrando y saliendo de mi con fuerza, ganas...

Apoyada en la pared de la piscina sentía el vaivén del agua y su estimulación en mi cuerpo, en la parte más íntima de mi ser.

Con cada embestida me elevaba mas, con mis manos agarraba su cuello y acariciaba su pelo, sentía su barba en mi cuello y sus dientes clavarse en mi, su respiración agitada en mi oído, sus gemidos que intentaba callar mordiéndose los labios... aceleraba más el ritmo hasta que con la fricción me estimuló y me corrí sintiendo como entraba y salía de mi.

Me tapó la boca para callar mis quejidos y susurró entrecortado en mi oído. “Shhh” mientras me la metía más y más fuerte hasta que sentí como él mismo se movía más por instinto para correrse también.

Creyendo que lo haría dentro de mi se apartó, pegándola a mi vientre donde se corrió, notando la diferencia de temperatura en mi cuerpo del agua y su semen.


Se apoyó respirando con dificultar en el borde, encima de mi, y susurró en mi boca antes de besarme “no cabe duda que es tu primera vez en el agua, pero es una buena manera de ir perdiendo el miedo”.



Fin

Perdiendo el miedo parte 1


Había quedado con Jessica y Pilar para ir a la piscina aquella mañana y aún no sabía si finalmente iría o no. Así que cuando estaban cerca las 11 tuve que correr más que una poseída para depilarme, ducharme y ponerme el bikini. A las 11:30, supuestamente, vendrían a mi puerta y todo sabemos que la impuntualidad conmigo se paga cara, así que mas les valía llegar a su hora.

Había preparado una neverita con todas las bebidas que habíamos comprado el día anterior, un bolso con varios aperitivos y mi bolso con la toalla, la crema y algunas cosas que me llevo a la piscina para pasear porque al final nunca utilizo y ah, un libro. Estaba muy enganchada a esa novela de Elisabet Benavent de la que ahora harán una serie, Valeria.

A las 11 y 20 estaba sonando el telefonillo y bajé a toda prisa cargada como una mula. Pilar y Jessica me esperaban con el coche en marcha y cuando abrí el maletero para meter todo dentro resoplé.

"El verano que viene vamos a necesitar una caravana para las tres". Grité tan alto que hasta mi vecina loca del sexto se asomó gritando un "seguro que la queréis para meter hombres ahí", "Señora metase en su casa que se va a pillar una insolación" le dije justo antes de meterme en la parte de atrás del coche.

  • - ¿Porqué llevamos tanto equipaje? Parece que nos vamos de turismo rural una semana.
  • - Tu no, pero yo si . - Jessica tenía ya sus planes hechos con antelación. - ¿Te acuerdas de Dani, el chico que conocí hace unos días? Pues quiere invitarme unos días a su casa de la playa.
  • - ¡Qué bonito! - Exclamó Pilar. - Si apenas le conoces...
  • - Lo bastante como para no rechazar unos días en la playa.
  • - ¿Y eso qué tiene que ver con el equipaje?
  • - Pues que me voy esta tarde a eso de las 5...
  • - Pero ¿Y como volveremos a casa?
  • - Lo tengo todo pensado... - Y clavó la vista en el espejo de delante. - He hablado con mi hermano, que está trabajando justo al lado de la piscina. Él sale a las 8 de trabajar y la piscina cierra sobre esa hora y podrá recogeros y llevaros a casa.
  • - Jess, yo paso de ir con tu hermano que sabes que últimamente nos tiramos muchas piedras, me iré dando un paseo, que además tengo que llegarme a recoger unas cosas del chino de camino. - Se apresuró a decir Pilar.
  • - Pero ¿y yo qué? ¿Me vais a dejar sola con este equipaje que parece que nos vamos de vacaciones a Roma?
  • - A ti te lleva mi hermano, Cati, que además me preguntó por ti el otro día y le hará ilusión verte.


El resto del camino a la piscina, que no era muy largo que digamos, fuimos discutiendo por ver que música poníamos en el coche. Mientras que Jessica queria escuchar a Pablo Capo y Pilar quería David Jimenez, yo aproveché el Bluetooth y puse Metallica con su Nothing Else Matters. Hecho que desencadenó miles de quejas pero que al final terminaron aceptando como la mejor elección.

Tardamos unos 10 minutos en llegar y con Still loving you de scorpions terminamos aparcando en el quinto coño y tuvimos que acarrear con todo el equipaje a cuestas durante un trecho.

Cuando llegamos buscamos el sitio que mas cerca de la parte baja estaba, ¿Por qué? Pues porque tengo pánico a la parte mas honda del agua, hecho por el que vamos a la piscina y no a la playa, porque tengo fobia al mar.

Colocamos los petates como si fueramos unas reinas de la estrtegia y mientras Pilar se perdía en la ducha, yo colocaba la toalla fuera de la sombra para tostarme al sol, y Jessica hacía lo mismo.

Me quité la camiseta, las chanclas y el pantalón, me quedé en bikini y terminé de sacar algunas cosas que supuestamente iba a usar, pero que nunca uso (las gafas de sol, el mp3 (¿quién iba a usar un mp3 teniendo el móvil ya? Además creo que llevaba sin actualizar la lista desde el 2009 por lo menos), la crema para no quemarme pero que nunca me echaba y tenía que estar ya como un resto arqueológico y mi libro, esto si que lo iba a usar.

Cuando quise darme cuenta ya estaban las dos putas metidas en la piscina y me habían dejado sola.

Me recogí el pelo en una coleta lo que pude, ya que al tenerlo corto siempre me costaba, y me fui a la ducha.
El agua fría me sentó como un tiro y rápidamente corrí hasta la piscina, a riesgo debo decir, de escurrirme y quedarme tontita con el bordillo, pero resistí y no me caí.

Iba a meterme por la escalerilla cuando veo a un crio de unos 4 o 5 años ahí acoplado, aferrado a la escalera, jugando con otro niño. Pero vamos a ver criaturita del señor, ¿no tienes tu puta piscina de críos? Pues metete en ella y deja ésta para los mayores.

Pero nada, el puto niño no se iba, así que di la vuelta para meterme por el otro lado y había una señora mayor con una chica que intentaba bañarla. Esto si me dio pena y ternura pobrecita, así que me resigné y me fui al borde y me senté a mojarme los pies cual vieja esperando que algunas de las dos escaleras se quedaran libres, porque por supuesto eso de tirarse al agua de golpe no iba conmigo, ya sabes, mi fobia a morir desnucada o ahogada estaba ahí presente.

Fue entonces, cuando el sol empezaba a picar y a sentir la necesidad de mojarme porque me iba a dar un golpe de calor, cuando sentí el pitido del socorrista y pasó por mi lado un dios que había venido de otro universo paralelo donde la perfección existía. Se fue hasta los putos niños y les pidió amablemente salir de la piscina porque estaban molestando a varias personas y los mandó para la piscina de niños.

Sonreí maliciosa por dentro.

Me levanté y con los pies arrugados ya me fui hasta la escalerilla y me metí despacio, sintiendo como el agua ascendia por mi cuerpo hasta que me quedé de pie y con ella a la altura del pecho. Justo lo bastante para dejar mis tetas suspendidas en el agua y que se movieran más de la cuenta por el movimiento de ésta.

Como era habitual en mi el miedo no me dejaba nadar con soltura así que lo hacía siempre muy cerca de Jessica y Pilar. Cuando podía. Se dedicaban a hacer el gilipollas la una a la otra y a correr por toda la piscina conmigo detrás como si fuese un pato persiguiendo a su madre.

Me cansé de seguirlas, así que nadé hasta el borde donde antes me había sentado y apoyé los brazos, apoyé la cara y me quedé mirando sin darme cuenta al socorrista.

Con unas gafas de sol y una barba perfecta. Con un bañador rojo que le llegaba hasta más arriba de la mitad del muslo y un pecho descubierto que llevaba algún tipo de crema o aceite porque lo hacía brillar bajo esa cantidad de pelo perfecta que le cubría la piel... vale, sí, me quedé atontada mirando y lo peor no fue eso, sino que se percató de ello y me pilló mirando. Seguro. Porque me dedicó una sonrisa que me dieron ganas de bucear.

Me aparté del borde y nadé hasta la escalera, subí despacio y me tiré en la toalla bocabajo. Cerré los ojos y a lo lejos oí llegar a las dos petardas riéndose. Se sentaron en la toalla, sacaron varias bebidas de la nevera y me ofrecieron una. Me senté, la cogí y les hice gestos con los ojos indicando al guaperas que teníamos cerca.

  • - Joder como está. - Jessica no es que fuera muy disimulada. Así que alzó la bebida y le sonrió.
  • - ¿Pero qué haces, gilipollas? Que va a saber que estamos hablando de él.
  • - Venga Cati, no seas tan simple, alegrarse la vista no es nada malo.
  • - Pero llamar la atención si... aunque la verdad, no me importaría ahogarme. - Bebí un trago del Té frío.
  • - ¿Lo ves? - Le dijo Pilar. - No es tan tontita como tu te crees.

Pues no, de tonta tenía lo justo.

Me tumbé bocaarriba y cerré los ojos, giré la cabeza hacía la derecha desde donde podía ver al socorrista y cerraba y abría los ojos. Le pillé en mas de una ocasión mirándome pero retiró la mirada rapidamente.

Me dí la vuelta al cabo de un rato y me desanudé la cuerda de la parte de atrás del bikini. Cuando el sol picaba me di la vuelta, agarrando los pechos con el bikini desatado y me puse boca arriba, tapando mis pechos con la tela colocada estratégicamente para que no se viera nada.

Los niños, que les encanta dar por culo en la piscina, no paraban de tirarse al agua, salpicando y haciendo que varias gotas me cayeran encima, provocando que se me escapara algún que otro sobresalto.

Me agarré la tela y me incorporé, rezando todo lo que sabía por lo bajini y atando mi bikini para levantarme, dispuesta a meterme en la piscina otra vez.

Todos sabemos lo que son los niños y también los padres, así que cuando quise volver a meterme los niños estaban como antes, en la puta escalerilla.

  • - Bonito, ¿te importa quitarte de ahí? Es que no se puede pasar. - Pedí tan amablemente pude.
  • - Claro señora. - Señora...- ¿No sabe nadar?
  • - Sí que sé, bonito, pero es que no me gusta tirarme.
  • - ¿No sabe?
  • - ¿Y tus padres, dónde están? - Tenía una piscina de 1,20 a mi alcance y un crío tocapelotas que no hacía ni pie... podía ahogarlo y fingir un accidente. Pero no. No soy una psicópata.
  • - Allí. - Señaló a la otra punta, donde estaba la zona mas honda y había un burullo de gente gritando, jugando y haciendo ruido.

Genial, la zona de la piscina que mas miedo me da y este crio porculero aquí, dando la nota. Ser padre para desentenderse así debería estar perseguido por la ley.

Conseguí librarme del crío cuando Jess y Pilar se vinieron hasta mi lado y empezamos a hablar. El niño se fue alejando otra vez a la escalerilla y subía, con el flotador incluido, para tirarse al agua.

A la tercera vez el guapo del silbato vino y le llamó la atención, diciendo que como siguiera haciendo eso podría caer mal y quedarse cabeza abajo en el agua. Además recordó a sus padres que estaba prohibido tirarse al agua y que estaba pasando por alto el hecho de que los niños están mas seguros en su propia piscina.

Cuando se iba para su escalera se me escapó un "gracias a dios" y sonrió, mirándome.

Poco después necesitaba ir al baño y en esta piscina tenían una estricta norma sobre orinarse en el agua, así que tenían los servicios con llave, para que la gente tuviera un mayor control de cuando entraban o salía o si había algo sospechoso. Fui hasta él.

  • - Perdona, los baños están cerrados... Necesito entrar.
  • - Sí, toma. - Y me tendió la llave. - Es que así vemos quien puede estar haciendo sus cosas en el agua y quien no.
  • - Hay mucho guarro en el mundo.
  • - Te sorprendería...- Y sonrió. - Tu eres la señora de los niños, ¿no?
  • - ¿Cómo? - ¿Me acaba de llamar señora?
  • - Lo digo por Ismael... tiende a llamar señora a toda chica mas grande que él.
  • - Vaya, me dejas mas tranquila. - Me relajé. - Disculpa, debo ir al baño.

Me fui al baño, me miré en el espejo y vi que el sol se me estaba pegando por algunas zonas más de la cuenta. Además las malditas cuerdas estaban dejando marcas.

Salí, fui a llevarle la llave y me detuvo otra vez.

  • antes quería preguntarte una cosa...
  • - Claro dime.
  • -¿Te gustan los niños?
  • - ¿Cómo?
  • - Veo que no te hacen mucha gracia. - Soltó una carcajada.
  • - Bueno, me gusta más hacerlos. - Inmediatamente descubrí que mi falta de filtro me hacía decir cosas que no debía. - disculpa, es que no tengo filtro.
  • - Pues eso está muy bien. - Hizo un mohín con la boca. - Ambas cosas lo están.

No me dio tiempo a reaccionar cuando me lanzó otra pregunta.

  • Perdona que te lo pregunte, pero es curiosidad de socorrista... ¿Tienes algún problema con el agua?
  • - ¿Qué?
  • - Te he visto tener mucho respeto a la hora de nadar o meterte desde los bordes y eso me hace pensar que o no sabes nadar o tienes miedo de algo.
  • - Me da miedo el agua, pero se nadar.
  • - ¿Por algún motivo? - Se puso de pie y se llevó el silbato a la boca para llamar la atención a alguien que estaba dando jaleo en la piscina. - Perdona, responde si quieres.
  • - Bueno siempre he tenido un pánico a ahogarme bastante grande la verdad, y el mar ya es impensable, la piscina aún la tolero.

Miró hacía la piscina, se lamió los labios como si sopesara alguna respuesta y me miró.

  • Bueno, he visto gente con tu mismo problema, llevo varios años de socorrista y entiendo lo que puede pasar...¿Hay algo que pueda hacer por ti?
  • - No creo, el miedo es muy difícil de controlar.
  • - Podrías quedarte conmigo después del cierre... tengo un rato para bañarme y siempre estarás más segura y tranquila con un socorrista... de hecho con nadie estarás más a salvo.
  • - No sé... - Titubeé. - Además he venido con mis amigas y eso.
  • - Bueno... piensaló.

Me fui de allí con esa idea en la cabeza. Las chicas me preguntaron que había hablado tanto rato con él y cuando le contesté ambas se rieron.

  • - Sí, claro... quitarte el miedo. - Repuso Jessica mientras metía la mano en la nevera. - Mas bien te quiere meter de todo menos miedo.
  • - Cállate, por dios.
  • - Pero ¿tu has visto como te miraba? - Si casi se le cae el bañador.
  • - Tu siempre con lo mismo, ves sexo donde no hay nada. Salida.

Me volví a desatar el bañador y me tumbé otro rato a tomar el sol.

Noté un pegote frío en la espalda. "¡Ay!" exclamé. Me di la vuelta y pillé a Jessica echándome crema "¿Qué haces, si nunca...?" Me indicó que me callara y me mandó a mirar con gestos de su cara al socorrista, que miraba muy atento la escena.

Siguió bajando con la crema por mi cintura hasta llegar a mi culo, donde destapó un poco de la braga y me echó crema en los cachetes, masajeandome y relajándome. "Si sigues así me vas a poner cachonda, querida, que llevo mucho a dos velas" , se rió.

  • - Date la vuelta.
  • -¿Qué? Nooo
  • - ¡Venga!
  • - Pero que no.
  • - O te das la vuelta o te quito el bikini... y sabes que lo haré.

Resoplé, me di la vuelta y accedí, porque conocemos a Jessica y sabemos que lo que dice, lo cumple.

Se dedicó a echarme crema por la parte de arriba del pecho, por debajo, por el vientre, por mis muslos y la parte interna de ellos y cuando ya me estaba durmiendo paró... "jo..." me lamenté.

  • - Enserio, Jess, somos mayorcitas para andar dando numeritos con la crema.
  • - Tu calla y observa.
  • - ¿Observar el qué?
  • - Como te mira, que te estará comiendo con los ojos.
  • - Deja de montarte películas.
  • - Dile que si, que te quedas.
  • - No, que tengo que llevar todo el equipaje después a mano, además ya había quedado con tu hermano aquí cuando salga, ¿no?
  • - Pero eso puede solucionarse, ¿Verdad, Pilar? - Le hizo mohines con la cara. - Lleva tu las cosas y ella que se quede aquí.
  • - No, no y no.

Pero la charla no quedó ahí, y tuve todo la tarde a Jessica dando la vara hasta que a las 5:45 se puso a recoger, convenció a Pilar, y se despidió de nosotras cogiendo sus cosas.

Antes de irse no dudó en acercarse al socorrista y soltarle un "cuidámela" antes de salir por la puerta. Él sonrió y se quitó las gafas de sol, me dedicó una mirada y me sonrio. "Ay que ojos...".

Cuando la gente empezó a irse y eran en torno a las 19:30 la piscina estaba cada vez más vacía, así que intentando olvidar que me había dicho el socorrista, recogí mis cosas. Cuando estaba metiendo las toallas en la bolsa y Pilar se estaba dando una ducha, se acercó a mi.

  • - ¿No te quedas, entonces?
  • - Es que... vienen a recogernos cerca de las 8 y bueno, no quiero irme luego a pie.
  • - Puedo llevarte yo.
  • - Eh... no gracias. - He visto lo bastante películas de terror como para saber que pasa si alguien se va con un desconocido en el coche.
  • - No voy a matarte.
  • - Pero podrías secuestrarme o traficar con mis órganos... quién me dice a mi que no quieres vender mi cuerpo.
  • - Nunca vendo lo que me gusta. - Sentí un cosquilleo por dentro recorrerme entera. - Perdona, no quería incomodarte.
  • - No me incomodas, me sorprende más bien.
  • - ¿Poco acostumbrada?
  • - Sí, poco acostumbrada a las personas directas.
  • - ¿Quieres que sea más directo?
  • - ¿Es que puedes serlo más?
  • - Te sorprendería.
  • - No me gustan las sorpresas.
  • - Quizás las mías sí...

Pero gracias a Pilar me libré de responder a eso que no sabía como hacerlo. Él se apartó y volvió cerca de su puesto, al lado de una mesa.

  • - Quédate, nena
  • - Que no
  • - Venga no seas siesa que igual te ayuda con tu miedo al agua mujer.
  • - ¿Pero como quieres que me concentre en nadar con el tio que tendré al lado? Que no soy de piedra.
  • - Ni él.

Ella siempre tenía que llevar la última palabra.

Cuando teníamos todo preparado y la piscina estaba a punto de cerrar la gente ya se había ido, sólo quedábamos allí nosotros tres y una pareja que poco después se fue. Eran las 20:05 cuando apareció el hermano de Jessica y recogió a Pilar, y en un arrebato de poca cordura decidí quedarme allí.

La sonrisa de ambos cuando dije que me quedaba para que me diera unas clases era una premonición de lo que iba a pasar.








miércoles, 12 de junio de 2019

La master class y una pasión entre fogones +18


La master class y una pasión entre fogones



Llevo años fuera de circulación, por eso cuando me ofrecieron la oportunidad de participar en un curso para parados que no estudian ni trabajan no dudé ni un instante y allí que me apunté. Entre mis muchas cualidades (cuando no me quiera yo quién lo va hacer) está el hecho de que soy una chica muy muy curiosa. Adoro aprender cosas nuevas y es por eso que la oportunidad de apuntarme y entrar en el curso de cocina, pasión desde niña debo decir, no podía dejarla pasar.

Apenas llevaba un mes en dicha formación cuando uno de esos días imprevistos nos surgió un evento muy interesante y que desde primer momento me entusiasmó. Junto al resto de mis compañeros asistiríamos a una máster class donde aprenderíamos de la mano de unos profesionales más secretos sobre la cocina y su mundo.

Y ahí comienza esta historia...

Aquella mañana hubiera necesitado una grúa para salir de la cama. No obstante me tuve que conformar con la ducha que me pegué y con el café triple que me pedí de camino al evento. Una vez allí acompañé a los demás miembros del grupo hasta la sala donde se iba a celebrar la clase y escogimos algunos la mejor posición y desde donde se percibe hasta el más mínimo detalle. La primera fila.

No faltaron las risas, desde luego, pero debo recalcar mi fijación con el proyecto. Desde el minuto uno estaba completamente absorvida por el manejo gastronómico que se estaba dando.

Unas manos hábiles enfundadas en unos guantes negros movían con soltura y maestría los distintos ingredientes que se utilizaban para diversos platos de culturas ajenas a la nuestra. Sin menospreciar lo interesante que me estraba proporcionando conocer las raíces de otros paises mis ojos estaban fijos en esas manos que se movían con habilidad de un lado a otro, haciéndome pensar en cosas que se escapaban de toda lógica en una clase de cocina.

"Si usa así las manos para la cocina como las usará para otras cosas, ¿eh?" me dijo mi amiga Tatiana, la cual le va la marcha mas que a un DJ la fiesta. Pero intenté no hacerle mucho caso y seguir atendiendo como la buena chica que soy.

Tras varios platos a cada cual más apetecible y enriquecedor de mi curiosidad, se sumaban mis pensamientos poco profesionales sobre aquellas manos que según Tatiana, "tendrían que hacer maravillas". Y ahí estaba yo, con mis manos cruzadas por encima de mis muslos y con éstos apretados imaginando como esas manos grandes y varoniles agarraban mis rodillas y ascendían despacio y con habilidad por mis muslos, hasta llegar a mi cintura y desabrochar uno a uno los botones de mis vaqueros.

Solté aire con dificultad y tragué saliva cuando me vi imaginando cosas impropias de mi. Tampoco ayudaba la vocecilla que tenía a mi derecha repitiendo una y otra vez las maravillas de esas manos y las posibles jugadas de éstas sobre mi. Gracias a dios nos dieron un descanso. Necesitaba echarme agua en la cara y aclarar mis pensamientos impuros. "Vamos a ver, Lucía, céntrate. Estás en una clase de cocina, no en una de manualidades, limítate a mirar esas manos lo estrictamente necesario".

Fui al baño con Tatiana, la cual estaba pintándose los labios frente al espejo como es habitual en ella con el color frambuesa que nos va marcando a todos. Entramos en cada uno de los baños, cerramos la puerta y desde nuestra posición cada una seguíamos hablando del tema, sin ser muy conscientes del ruido que hizo alguien al entrar y salir rápidamente. Lo supe después.

Volvimos con los demás y nos tomamos un café mientras hacíamos algún que otro comentario sobre el tío bueno de la cocina y sus manos maravillosas para después de unos minutos volver a clase.

Cuando estaba en proceso de reconstrucción mental y en dejar de pensar cosas indebidas, me doy cuenta de que se ha quitado los guantes y que se está lavando las manos. Aprovecho mi posición para verlo desde mi sitio en aquel pequeño cuarto donde hay un lavadero improvisado. ¡Que habilidad!, y me imagino sus dedos desabrochando mi sujetador y pasando las yemas por mi espalda, trazando un camino hasta mis nalgas y cogiéndo mi carne con sus manos grandes.

Carraspeo cuando Tatiana mueve una mano delante de mi cara a un lado y a otro diciendo que espabile. Entonces vuelvo en si y siento como mi cara está tornando al color de la salsa que lleva uno de los platos que hay sobre la mesa.

Siento en todo momento el murmullo de campanilla en mi oreja, una campanilla con los labios frambuesa diciendo cosas que no hacen más que darle rienda suelta a mi imaginación, y dejadme deciros que ninguna es inocente. No señor. De hecho podría escribir un libro de experiencias eróticas con todo lo que estaba pensando en ese momento.

Y llegó el momento clave, de mi verguenza claro está, cuando su mirada se cruza con la mia y me sonríe. Insinuante, lascivo, provocador... su lengua pasea por sus labios relamiéndose mientras me observa y no soy capaz de quitarle los ojos de encima. Además me percato de que ninguno de mis compañeros se ha dado cuenta de este detalle y una parte fangirl de mi desea que ese gesto un tanto provocativo haya sido para mi.

Mi mente se traslada a Ghost y a la escena de la arcilla, pero en lugar de hacer un puto botijo, estamos haciendo un plato de comida y el guía mis manos por los platos con maestría mientras pega su cadera a mi cuerpo y siento como algo en él despierta para arrastrarme.

¡Ay señor bendito!

La clase me está encantando pero no dejo de distraerme facilmente con el moreno de la barba que cocina como los ángeles. Al cabo de una hora nos dan otro descanso y esta vez todos mis compañeros salen mientras yo estoy torpemente intentando guardar el mandil en el bolso.

Un aroma dulce me invade de repente y una presencia que mueve el poco aire que hay a mi alrededor llama mi atención. Me doy la vuelta sabiendo en el fondo de mi estómago lo que voy a ver. Y ahí está.

Vestido con la chaquetilla negra de cheff y con las manos descubiertas lo tengo observando mi reacción. Tartamudeo presa de los nervios y no consigo decir ni una palabra decente, sólo asiento como una imbécil mientras me hace preguntas que entran y salen de mi cabeza sin darme tiempo a procesarlas.

Desvío la mirada hasta la mesa, para intentar mirar a otro lado que no sean esas manos provocadoras de deseos carnales, y clavo mis ojos en uno de los postres recubierto de frambuesa y chocolate. Me relamo ante su atenta mirada y sonríe.

"¿Quieres probar?" y asiento tontamente. Me agarra del brazo y me lleva hasta detrás de los fogones y saca varios botes de debajo de la repisa, coge mi mano y me pide que extienda el dedo. Lo hago y deposita en el un poco de sirope de frambuesa que me gotea hasta el suelo. Hago una mueca con la boca y él lleva mi dedo hasta mis labios. Chupo, saboreo, le miro... agarra mi mandíbula y pasa su pulgar por mis labios llevando restos del sirope hasta su boca. Me hallo hipnotizada observando como su lengua asoma para pasarla por sus labios y morderse el labio inferior.

Cogió el bote de chocolate y se echó en su dedo, el mismo que había lamido, para ponerlo en mi boca. Abrí los labios mientras no podía dejar de mirar sus ojos y atrapé el dedo entre ellos. Chupé. Sonrió cuando pasé la lengua por la yema de su dedo.

Bajó su dedo por mi boca, mi barbilla, hasta mi cuello y se detuvo en uno de mis lunares que hay en el lateral. Siguió descendiendo hasta mi pecho colando un dedo por la raja de mi canalillo, estirando un poco del botón a medio abrochar que se deshizo con presura.


El corazón me latía con fuerza mientras no podía dejar de mover los dedos de mis manos presa de los nervios y respiraba con dificultad.

Pasó la mano por mi cintura y me agarró, acercándome más a él, donde casi unos escasos centímetros nos separaban el uno del otro.

"Ahora déjame probarte a ti" Y me deshice. Apreté mis muslos con fuerza mientras notaba como mis bragas empezaban a humedecerse. Llevó su mano hasta mi entrepierna y clavó sus dedos en mí mientras se acercaba más aún a mi boca para susurrar en ella "¿te gustaría sentirlo más aún?" y tragué saliva con dificultad mientras parte de mi cuerpo empezaba a temblar.


Agarré su mano torpemente y le frené con pocas ganas para que no hiciera nada de lo que pudieramos arrepentirnos después, pero la apartó dulcemente mientras tiraba de mi mano hasta el cuarto donde estaba el lavadero improvisado y cerró la puerta a sus espaldas.

Me arrinconó contra la encimera y pegó su cuerpo al mio, mientras sus manos agarraban mi cintura y subían y bajaban despacio por mis brazos desnudos. Puso su boca a unos centímetros de mi oído y me susurró "así que te gustan mis manos y mi barba... pues podemos ver que puedo proporcionarte con ambas cosas...", me estremecí.

Agarró la camiseta con varios botones desabrochados y la subió por mi torso hasta llegar a mi cuello donde levanté las manos y la sacó por mi cabeza. Cayó al suelo. Besó mi cuello mientras sus manos recorrían un camino de caricias por mis hombros, mis brazos, mi cintura y subió hasta mis pechos, que masajeó por encima del sujetador. Me pregunté levemente qué estaba haciendo yo y porqué no frenaba esta locura, pero era tan irreal todo y tan surrealista que continué como si estuviese dando rienda suelta a uno de mis sueños nocturnos.

Agarré sus manos y con mis dedos fui tocando cada uno de los suyos mientras las guiaba hasta mi culo. Agarró y apretó contra él sintiendo en mi vientre como empezaba a endurecerse contra mi.

Desabrochó con maestría los botones de mi pantalón, justo como había imaginado horas antes, y los abrió, deslizándolo por mi cadera hasta dejarlos en mis tobillos. Saqué los pies después de quitarme las zapatillas de cualquier manera.

Besó mis piernas y creó un camino por ellas hasta llegar a mis rodillas, donde agarró y abrió más para él. Ascendió por mis muslos con sus manos clavando sus dedos en mi piel, acercando su cara hasta mi carne y rozándome con su barba que me erizaba la piel.

Sacó la lengua para lamer la parte interna de mis muslos y siguió subiendo hasta llegar a entre mis piernas, donde hundió su cara y clavó su boca a través de la tela para mordisquear mientras con sus manos agarraba mi culo hasta hocicarse.

Acaricié su pelo con mis manos y enterré mis dedos en el mientras echaba mi cabeza hacía atrás para, acto seguido, volver a mirarle y mordisquearme el labio con ganas por sentirle más profundo en mi.

Pasó su mano por la tela humedecida y palpó con los dedos mientras acariciaba despacio y me observaba la cara, que se empezaba a poner ya mucho más colorada.

Echó la tela a un lado y acercó la boca mientras sentía mi corazón ponerse a mil por hora. La escena, el ambiente, la situación... iba a morir de ganas, excitación y deseo aquí y ahora "¿De verdad me estaba pasando esto a mi?".

Sentí las cosquillas de su barba entre mis muslos y como su lengua húmeda y caliente me rozaba arriba y abajo, trazando lametones que se convertían en pequeños círculos para después golpear la parte mas íntima de mi cuerpo.

Se apartó, acarició con sus dedos mi entrada y antes de penetrarme con ellos los pasó por mi sexo, haciendo que mis piernas temblaran. Se apartó, me agarró por la cintura y me sentó en el lado de la encimera que estaba mas libre, abrió mis piernas y enterró su cara en mi intimidad. Agarrando mis muslos comenzó a lamerme, saborearme, y mordisquearme la zona mas sensible y sexual de mi cuerpo.

Con su lengua recorría cada centímetro de mi sexo y con sus dedos entraba y salía de mi mientras yo no podía controlar la excitación por la escena y sus atenciones. Yo agarraba su pelo, pegando pequeños tirones de él cuando quería que frotase más y más rápido su boca contra mi sexo. Apartó mis pliegues con sus dedos, acarició con la yema y me dio toquecitos con su lengua, para después repetir el proceso de atención que me estaba elevando al séptimo cielo.

Casi estaba a punto de correrme, sentía como el orgasmo se apróximaba y como mi cuerpo estaba a punto de contraerse centrando toda la desesperación en la parte baja de mi vientre. Se apartó dejándome desolada para bajarme de la encimera, ponerme de espaldas a él y pegar su cuerpo al mio, para escuchar el sonido de una cremallera bajar y notar sus manos agarrando mis pechos desde atrás y decirme en el oído "voy a darte lo que tanto deseamos ambos desde hace horas". Apretó, estrujó y masajeó. Me dio la vuelta y los sacó de mi sujetador para pellizcar y lamer mis pezones mientras juntaba mis tetas y se las pasaba por su cara, restregándolas en su boca, para succionar y mordisquear arrancándome pequeños quejidos de un dolorcillo placentero.

Me dio la vuelta nuevamente cuando pasé mi mano por su entrepierna y se la acaricié por encima del pantalón, agarrando y apretando con mi mano su paquete bastante duro.

No sé en qué momento sacó el condón y se lo colocó, pero cuando agarró su miembro y se acercó a mi entrada pude sentir el latex abriéndose paso por mi carne húmeda y cálida por sus caricias y la presión que ejercía en mí.

Entró despacio en mi, subió una de sus manos hasta mi pecho y pellizcó el pezón haciendo que me arqueara pegando más aún mi culo a él. Con la otra mano agarraba mi cintura para clavarse más en mi, haciendo fuerza en las arremetidas, cada vez más fuerte, más rápido, hasta que pilló un vaivén y nuestros cuerpos bailaban al unísono.

Entraba y salía de mi interior cada vez con más urgencia, abandonando mi pecho y llevando sus dedos hasta la profundidad de mi entrepierna, donde empezó a estimularme mientras con su boca me mordisqueaba la oreja y me besaba el cuello, proporcionándome toda atención posible mientras yo escuchaba cerca de mi oreja como gruñía y su respiración se entrecortaba.

Notarlo entrar hasta el fondo de mi ser, sentir como se clavaba en mi interior, como bombeaba con furia y ganas mientras me desgustaba con la boca y me acariciaba con sus manos me estaba catapultando a lo más alto de los niveles de placer y la excitación, y sin poderlo soportar más empecé a moverme yo también cuanto podía para acomodarme más a él. Encajábamos como un puzzle perfecto.

Una vocecilla me alertó en pleno desfase cuando la escuché a través de la puerta "Nenaaaa ¿estás por ahí? ¿vienes al baño?" Tatiana, mi campanilla, estaba llegando en el momento más inoportuno y justo cuando iba a responderle, ese cocinero experimentado me tapó la boca y empezó a moverse nuevamente suave, despacio, lento, alterando aún más mi cuerpo y elevando cada una de las sensaciones que sentía al estar en contacto con su piel.

Sentía que iba a correrme... "Luci, ¿donde andas? He pensado en escribir un relato de lo que hablamos antes...¿donde coño te has metido? Si no te visto salir..." Iba a matarla, iba a quitarle el tinte de la cabeza a base de tortas cuanto la pillara, ¿se podía ser más inoportuna?.

Sentí que a los pocos segundos la puerta se cerraba y el tío aceleró el ritmo sin perder tiempo, haciendo que esta vez estallara en un orgasmo que me hizo clavar las uñas en la encimera y en su mano, mientras apretaba la suya contra mi boca.

Salió de mi y me volvió a embestir, siendo más bruto y más salvaje hasta que sentí como su cuerpo se tensaba, se contraía y un gruñido salía de su boca y lo soltaba en mi cuello, pudiendo sentir en mi interior a través del latex cómo se corría y disminuía el ritmo de movimiento hasta parar jadeante.

Poco después me puse la ropa y sonriendo me dijo que me daría su número. Salía de allí con la cara como un tomate mirando al suelo, pero lo que más tocada me dejó fue ver a mi campanilla escritora apoyada de brazos cruzados en la pared aguantándose la risa.

Me fuí de allí mirando para el suelo lo más rápido que pude, sin coger el número ni nada, ya lo cogería después, y me metí en el baño. Por supuesto Tatiana, como si fuese una pitufina detrás de mi, entró en el aseo y cerró la puerta. Después de unos segundos de eterno silencio le dije "¿Qué?" a lo que ella me respondió. "Esto si que es una master class y una pasión entre fogones".


Fin.



jueves, 7 de marzo de 2019

Sin máscaras +18



Mi vida es mas simple que el mecanísmo de un chupete, quizás por eso sentí la necesidad de escribir aquél encuentro en el baile de disfraces que celebró el instituto y en el que participó la biblioteca del pueblo.

Me llamo Beatriz, tengo 28 años y trabajo en la biblioteca de un pueblo de Málaga. Mi trabajo es muy simple, pero realmente disfruto con el. Siento un placer enfermizo rodeada de libros. Adoro leer, la literatura siempre fue mi pasión desde niña. Además en mis ratos libres escribo relatos de poesia para un taller que hacemos por la tarde dos veces en semana.

Todas las mañanas me siento antes de abrir ,en mi mesa y mientras me bebo el café repaso algunos títulos que han llegado nuevos y que empiezo a catalogar con su correspondiente etiqueta.


Y así es como comienza esta historia...


Aquella mañana se había levantado viento, la lluvía amenazaba con caer a borbotones y decidí ir a por la segunda taza de café mientras llegaba mi compañera. Apenas me había sentado con ella, me había envuelto en el aroma de las partículas de café y estaba cogiendo uno de los libros que me quedaba por colocar, cuando Sandra entró rebufando con varios sobres en la mano.

  • Vengo del instituto del barrio – Levantó la mano con los sobres. - Este año quieren hacer algo diferente por el carnaval y nos han pedido que colaboremos. Ten - Me tendió el correo. - me lo acaba de dar el conserje del centro cuando he ido a recoger unos libros que les dejé la semana pasada.

Dejé mi taza de Darth Vader sobre mi escritorio y abrí el sobre color vainilla. Efectivamente, entre otras cosas "Se complacían al invitarnos al primer evento de cine, literatura y fantasía que se llevaría a lugar el día 5 de Marzo a las 20:00 en el centro de estudiantes de educación secundaria obligatoria. Por favor, asistan con un disfraz de la temática correspondiente.No falten. "

Quedaban unos días y teníamos que poner los carteles del anuncio para que todo el que entrara a la biblioteca decidiera ir. Aproveché mi escasa experiencia con el diseño gráfico para crer varios carteles que quedaron sencillos pero monos y entre Sandra y yo los pusimos esa mañana en varias partes del barrio y de la biblioteca.

Era casi la hora de cerrar cuando escuché la puerta de la sala abrirse y sin despegar los ojos del ordenador donde estaba repasando el inventario del último mes, respondí "no prestamos libros ya hasta la tarde".

Quizás al hablar tan flojito no me escuchó, por eso no recibí respuesta. Ante la falta de esta levanté la vista y vi a alguien de espalda mirando la estantería del género de terror. En su mano tenía lo que parecía uno de los carteles. Me acerqué a él y le llamé la atención con un carraspeo de garganta.

- ¿Te ayudo en algo?
- Estaba buscando un libro en concreto. - Se dio la vuelta y me llamó la atención sus ojos verdes y su barba tan bien definida, oscura y espesa.
  • Claro, ¿cual buscas? - Y empecé a mirar antes de que me respondiera por la estantería.
  • El juego de Gerald, de Stephen King. - Trague saliva. Me llamó mucho la atención por que no es un libro que pidieran muchos hombres en esta biblioteca. (Para quien no lo sepa, la protagonista vive un momento horroroso en una cabaña aislada en mitad del bosque donde está esposada al cabecero de su cama por su marido, el cual tiene unos deseos sexuales un tanto peculiares.)
  • Lo tenemos prestado.
  • Vaya...
  • Sí, con la cosa de la película que ha hecho Netflix se ha disparado en peticiones.
  • Ya... por eso quiero leerlo. ¿Y cuándo lo devolverán?
  • Pues... deja que lo mire. - Me fui hasta mi mesa sintiendo que unos ojos me observaban de arriba abajo, y dando gracias por haberme puesto ese día esos vaqueros que tan buen culo me hacían. - Hay dos delante de ti, ¿Quieres reservar?
  • Sí. - Sacó su cartera del bolsillo de atrás del pantalón.
  • No hay nada como leer en papel, ¿eh? - Solté la primera gilipollez que me vino a la mente por que estaba de un nervioso que no entendía.
  • ¿Cómo?
  • Que digo que normalmente la gente que viene aquí no espera tanto turno para coger un libro y tiran de internet y el formato digital.
  • Ah eso... no me gusta leer en una pantalla. - Y esa frase me enamoró. - Siempre he sido de los que les encanta el olor de los libros, el tacto de las hojas, el placer de sostenerlo en las manos... además, no tengo internet en casa hasta que me lo pongan a final de semana.

Y esta descripción tan normal, tan sana, en mi mente estaba siendo de lo más lasciva y sucia. Por que no dejaba de mirar sus manos y su boca y me pasaban por la cabeza todo tipo de cosas que eran de todo menos normales.
      • ¿Nunca te he visto por aquí?
      • Soy nuevo en el barrio. Me llamo Sergio, encantado.
      • Beatriz, igualmente. - Tendí la mano y nos saludamos. - Si me das tu carnet te hagop la reserva.

Me tendió el carnet y apunté sus datos en el ordenador (lo cual no era necesario, pero quería investigar después por Facebook o instagram. Lo sé, sueno a la típica acosadora. Pero no, no iba a convertirme en Joe de You).

  • Listo. - Se lo devolví. - En cuanto esté devuelto y te toque te aviso. ¿Es este tu número actual?
  • Si. Puedes llamarme a cualquier hora.
  • ¿Sólo para el libro? - Bromeé sin saber por que cojones había dicho eso.
  • Para el libro, sí. - Y me sonrió. - Si se te ocurre alguna sugerencia sobre que leer mientras lo devuelven... también estoy abierto a otras posibilidades, claro.

Y eso me encendió la bombilla y me hizo imaginar cosas que no eran.

Sin darme cuenta había pasado la hora del cierre y ahí seguíamos. Me disculpé y le señalé el reloj de la pared, diciendo que tenía que cerrar, pero que si quería volver a las 16:30 estaríamos abiertos. Y que cualquier consulta que tuviera podría llamar y se lo miraría sin compromiso.

Me fui a mi casa, comí, limpié la cocina y cuando volví a la biblioteca por la tarde me metí en el ordenador. Por supuesto nada más llegar había puesto la cafetera y me había puesto un café doble. Abrí Facebook y miré el documento donde había apuntado sus datos.

Tenía perfil. Pero sólo había puesto uno de sus apellidos, aunque rapidamente lo localicé por la foto de perfil que llevaba. Salía con un gatito la mar de mono y que le restaba atención. Atención que después le dediqué mirando su biografia y las fotos que había en sus albúms.

Actualicé la página de la biblioteca y coloqué un post con el baile de disfraces del instituto.

Poco después miré su instragam pero aquí el éxito fue nulo, pues tenía candado y quedaría muy poco profesional de mi parte mandarle una solicitud.



Durante un rato llegaron varios lectores, estuve distraida en un libro, atendí a varias personas, y cerca de las 18 o así escucho la puerta y un olor familiar me llega de nuevo. Era él.

  • Buenas tardes, ¿Puedo usar el ordenador, verdad?
  • Sí, pero tienes que apuntarte y firmar aquí. - Le di la hoja donde cada usuario que usaba internet tenía que firmar con sus datos. - El ordenador de la izquierda no lo toques que está roto.

Me dio las gracias y se sentó en el segundo PC que había en la fila. Yo le miraba de reojo, vi que sacó un pendrive, lo enchufó y estuvo escribiendo un buen rato. Me picaba la curiosidad de a qué se dedicaba.
Poco antes de finalizar lo que estuviera haciendo lo vi que entró en Facebook. En los ordenadores de la biblioteca, nada más poner Facebook en la barra de búsqueda, te sale la página de la biblioteca, y por lo que vi en mi ordenador al segundo de meterse él, había empezado a seguirnos.

Compartió el post de los disfraces y se dirigió a mi mesa, donde yo me hice la ocupada para disimular el espionaje.

  • Perdona. - Sacó de su bolsillo el cartel que le vi esta mañana. - ¿A esto puede ir cualquiera o es un baile privado o hay que hacer algo...?
  • Colaboramos con el instituto del barrio, pueden acudir todos los interesados en la cultura. Es una manera de acercar a los más jóvenes con algo nuevo.
  • ¿Tu irás?
  • Eh... si, claro. Que remedio...

Durante los días siguientes al evento apareció varias veces por allí, para usar el ordenador. Yo seguía espiando su Facebook con una costumbre insana, y seguía observándole mientras lo tenía cerca.

Y llegó el día del baile.

Eran las 7 de la tarde cuando me empecé a vestir y me puse mi disfraz de Cisne negro. Una pequeña falda de seda negra como si fuese un tutú, un corpiño negro de pedrería con escote pronunciado, con los filos de seda como la parte de abajo, medias y tacones negros. Opté por una máscara en lugar de maquillaje, ya que odiaba esto último, y me pinté los labios de un rojo intenso, que era una seña de identidad propia ya. Para rematar, me hice un moño alto con varias horquillas con purpurina.

Sandra iba vestida de Julieta, de la obra de William Shakespeare. No se estrujó mucho la cabeza la verdad.

Nos encontramos en la entrada, cuando yo aparqué mi coche en el aparcamiento de atrás y ella llegaba con su hija mayor, Clara.
Fue una sorpresa cuando entramos, por que pese a lo que esperaba no imaginaba que hubiera tanta gente y tanta temática mezclada y bien llevada. Había varios cisnes, entre ellos algunos negros y blancos. Disfraces de época, de la edad media, algún romano... lo que mas resaltaba era ver que las máscaras se habían adueñado del evento y me felicité mentalmente por mi decisión. Tanto hombres como mujeres lucían máscaras de mano o antifaces que tapaban sus rostros. El salón de actos estaba a tope, tanto que pensé en que poca gente del pueblo se habría quedado fuera del baile.

Las luces hacían un entorno recogido, oscuro, fiestero. Había una fila de mesas que llegaban de una punta a otra con todo tipo de aperitivos y bebidas, sin alcohol, donde veías a mas de uno aprovechándose de lo lindo. En el centro, al fondo, un pequeño escenario con un micrófono y varios altavoces llamaba la atención por la ausencia de protagonista.

Cogí uno de los folletos de la entrada donde salía el programa del baile y vi que ese escenario sería para después, para pregonar el ganador del disfraz.

Estaba con mi vaso de té frío leyendo el panfleto cuando un aroma familiar de días atrás me golpeó la cara. Pero no le vi. Sólo estaba su perfume rondando el ambiente. Pensé en la posibilidad de que estuviera disfrazado y le busqué, fijándome con esmero en ver bajo las máscaras.

Volvía con Sandra cuando Raquel, una de las lectoras asiduas a la biblioteca me llamó por mi hombro y me entregó un papel. "Me ha dicho alguien sacado de Sailor Moon vestido como el caballero del antifaz que te diera esto. Tu sabrás, pero daba un mal rollo que te cagas". Raquel era lectora y amiga, siempre comentábamos los últimos libros que llegaban a la biblioteca. Esos libros que no puedes comentar con todo el mundo. Si si. Esos libros son. Los románticos eróticos.

Por su descripción busqué una versión del fantasma de la ópera pero con un detalle que me llamó la atención. Alguna rosa. Pero antes leí el papelito "Si quieres lo mismo que yo sabrás quien soy. Si quieres jugar, búscame en la planta de arriba y me encontrarás.".
No tenía idea de quien podría ser pero la curiosidad me podía, ¿Y si se habían equivocado?, cisnes negros había varios y no tenía por que ser para mi a la que nunca le pasan cosas así. Me lo pensé un rato y finalmente cedí.

Me perdí entre la sala y salí, tiré escaleras arriba y me metí en la primera habitación que vi abierta. Apenas había luz, mas que la tenue iluminación de las farolas que entraban por la ventana. Vi a alguien de pie, junto a la pizarra, vestido como había imaginado y una rosa roja sobre el escritorio.

Cerré la puerta tras de mi y me acerqué hasta él sin mediar palabra. Y entonces el habló.

  • Has venido. - Me tendió la mano. - ¿No dices nada?
Se acercaba a mi con paso despacio, cogió la rosa del escritorio y la depositó en mi boca, cogiéndola con mis labios de sus dedos. Yo le miraba a través de mi máscara, y su voz y sus ojos eran inconfundibles, así como su olor.

  • ¿No vas a hablar? - Pero yo estaba en una nube, me sentía como una de esas protagonistas dentro de los libros que solía leer. Algo extraño, sin sentido y raro en mi vida.

Sentía un torbellino en mi pecho y mi estómago, una especie de presión que no sabía como quitarme. Estaba nerviosa, tensa, avergonzada por estar ahí y que hubiera sido un error. Por esa razón me costaba hablar.

Se puso detrás de mi y rozó mi cuello con su barba, llegándome parte de su aliento a mi piel y erizando mi piel. Bajaba sus manos por mis hombros desnudos y se pegaba más a mi. Una excitación del momento desconocido y extraño resurgió de mi cuerpo, haciendo que soltase un pequeño gemido que fue casi insonoro tras la música de fondo que se escuchaba. Pero aunque mis sonidos pasaran desapercibidos por el entorno, mi cuerpo me delataba, y él estaba tocando unas teclas que facilmente me pueden alterar.

Su brazo rodeó mi cintura y me atrajo contra él, pasaba la punta de su lengua por mi oído, aspiraba mi olor desde mi cuello, y su otra mano libre estaba ya perdida bajo mi falda explorando el final de mi muslo.

Abrí la boca desconcertada. Si esto era un error que alguien me sacase de allí, pero si no era una equivocación... ¿qué hacia yo ahí con el chico de la biblioteca?. Agarré sus manos y las apreté contra mi cuerpo mientras las llevaba a recorrer parte de mi piel bajo la tela del tutú. Puse una de sus manos en mi entrepierna y noté como su miembro palpitaba bajo la fina tela del pantalón contra mi culo. Le incité a que me tocara mientras yo reposaba mi cabeza echada hacía atrás sobre su pecho.

Tiró parte de los papeles y el almanaque que había sobre la mesa con un barrido de manos, todo muy peliculero, y me subió encima, abrió mis piernas y rompió las medias que llevaba. Pasó su nariz por mi ropa interior, rozó con los labios y pegó pequeños mordiscos humedeciéndome cada vez más. Yo clavaba mis tacones en su espalda, en la capa que llevaba, y agarraba su cabeza entre mis piernas.

Me puso de pie y tiró del lazo del corsé, abriéndolo y dejando mis pechos al aire cayendo sobre su peso. Me agarró desde atrás, apretándo cada teta en su mano y las juntó dando un leve masaje a ambas, mientras se distraía con su lengua y sus dientes en mi cuello y mi oído.
Yo echaba el culo hacía atrás, pegándolo más a su paquete y restregándome sutílmente contra el, hasta que apartó sus manos de mi, cogió las mias y me apoyó contra el escritorio. Me inclinó lo suficiente para abrir mis piernas y subir la pequeña falda de seda, terminó de romper las medias y acarició mi culo, dando más de un azote en el proceso y sobresaltándome.

Llevé mi mano hacía atrás y acaricié su miembro despacio por encima de la ropa, apretando contra ella y rozando una y otra vez hasta que me cogió la mano y la apartó, para bajarse la cremallera y librarla de su prisión. La llevó hasta mis cachetes y poniéndola en medio apretó la carne contra ella y empezó a moverse despacio. "Deseaba hacer esto desde que te vi ese día y me quede mirando tu culo". Susurró antes de quitarse, un rato después, de mi.

La llevó a la parte más sensible de mi sexo y rozándome con ella la puso en mi entrada, donde apretó y metió la punta, repitiendo el proceso varias veces mientras me preparaba para él.
Yo echaba la cadera hacía atrás casi por inercia, buscando más profundidad, más movimiento, buscando más...

Me dio la vuelta y me subió sobre la mesa, abrió mis piernas y se puso en medio. Me la metió hasta el fondo de una embestida y abrí la boca casi sin darme cuenta dejando escapar un quejido. Y empezó un fuerte baile de penetraciones y salvajes embestidas. La escena era rara, surrealista, ilógica, extraña... yo ahí con un conocido de la biblioteca, vestido de época y una medio máscara, y yo con un tutú, los tacones y una máscara como única ropa.

Puso sus dedos en mi boca, que lamí y mordí despacio mientras le miraba a través del antifaz. Descendió por mi cuello, agarrando y apretando despacio mientras me embestía una y otra vez. Con una mano me apretaba la cintura y la otra había bajado hasta mis pechos, los cuales cogía y apretaba sin ningún tipo de cuidado.
Esa mezcla de dominación y despreocupación me estaba volvíendo loca. Me dejé llevar y mientras pasaba una de mis manos por su pecho bajo la ropa, la otra la llevé a mi sexo y empecé a tocarme mientras me penetraba. Movimientos lentos, suaves que se iban acelerando a medida que él aceleraba sus embestidas. Poco tiempo pasó hasta que me dejé ir y me corrí mientras gemía sin preocuparme del ruido que podía hacer.

Hacía rato que había dejado de ser consciente de que estábamos en un espacio público y que podían abrir la puerta en cualquier momento y descubrirnos.

El continuó, moviéndose casi con ira, apretándose contra mi en cada movimiento hasta que noté como su cuerpo se tensaba y salía de mi para correrse entre mis piernas. Pequeñas gotas blanquecinas cayeron en mi tutú oscuro, cosa que intentaría disimular más adelante. Se echó sobre mi y me levantó la máscara y en mi boca susurró "La próxima vez será sin máscaras".