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miércoles, 1 de agosto de 2018

Las maravillas del campo Parte 3 Final


Las maravillas del campo parte 3

Sabía que se me había escapado más ruido de la cuenta, y mis sospechas se vieron resueltas cuando escuché a Lola al otro lado de la puerta.

  • Echaros lo que tengáis ahí mismo porque voy a entrar pero ya. - Y por su tono de voz sabía que no era un farol.

Me iba a llevar un rapapolvo de mucho cuidado por parte de mi amiga, pero sin duda había experimentado una maravillosa experiencia en el campo que para mi quedaba.

Me levanté de la cama rápidamente, cogí la camiseta de tirantes del suelo y me la puse en los pechos, apoyándome sobre la puerta de espaldas a ella.

  • Lola, cálmate mujer, que son imaginaciones tuyas. - Dije haciendo presión con el culo mientras me metía la camiseta por la cabeza y haciendo un gesto con la mano a Jorge , para que se metiera bajo la cama, que se movía por la habitación nervioso intentando coger su ropa.
  • ¿Imaginaciones mías? Vi a Jorge entrar – Bajó la voz – y su teléfono no para de sonar.
  • Pues que le llamen mas tarde, ya somos mayorcitos Lola.
  • Pone cariño, Cris.

Esto último me hizo mirarlo con odio infinito en los ojos. Se encogió de hombros y en ese momento de baja defensa Lola empujó con su hombro la puerta abriendo el pomo.

-¡Ja! Lo sabía. - Se agarró los pelos. - ¿Estáis locos o que os pasa? Hay 6 adolescentes ahí y una anciana a la que habéis mancillado su cama. Enfermos.

Jorge tenía ropa en la mano y con ella se tapaba sus partes nobles mientras se despegaba ya del lado de la cama.

-Por el amor de dios tápate. - Gritó Lola a Jorge. - Y tu...ponte las bragas.

Lola se movía de un lado a otro de la habitación, nerviosa, con cara de amargura. Cogí mis bragas del suelo y me las puse, mi peto y el sujetador, que metí debajo de la camiseta y me lo puse sin quitarme esta.

Jorge se dio la vuelta y se empezó a vestir mientras Lola miraba de reojo su culo y yo la pillaba de pleno. Cuando volvió la vista hacía a mi me quedé mirándola con los brazos cruzados por el pecho.
Creó una enorme "oh" con su boca y abrió mucho los ojos, cerrando los puños y haciendo un gesto de triunfo. No había quien la entendiera.

Le pedí a Jorge que nos dejase a solas. Y cuando estuve segura que se había ido la cogí del brazo y la llevé a la otra parte de la habitación, al lado de la ventana.

-Deja de actuar como si fueses mi madre.
  • Es que me van a despedir.
  • Me he acostado yo con él, no tu, deja de ser tan paranoica.
  • Ponía cariño en su móvil.
  • Y a mi qué más me da. Yo estoy soltera.
  • Eres una puta mala.
  • Y tu una siesa. - Sabía que esa palabra la ponía enferma y que la hacía cambiar de personalidad siempre.
  • ¿qué yo qué?
  • Siesa. - Deletreé después. - S i e s a. Disfruta un poco que parece que estás amargada.
  • No estoy amargada, soy responsable.
  • Y siesa. - déjame disfrutar un poco.
  • No os volváis a tocar en lo que recta de tiempo, por favor te lo pido.
  • Que sí. - Moví con la cabeza. - Ahora ve y preguntalé quién es ese cariño.
  • Si decías que te daba igual. - Sonrió. - ¿Te has enamorado? -Y puso cara de horror.
  • ¿Tu estás loca? Por un polvo la que me lías...anda ve.


Salimos de la habitación y cogí la ropa y la llevé hasta el pequeño lavadero que tenía Clara en casa. Abrí el grifo, puse la ropa en el cubo y eché el detergente líquido para lavarla a mano. La tendí en el tendedero del patio y volví al salón donde estaban todos esperándome con el desayuno en la mesa.

Desayuné como si no hubiera mañana, estaba muerta de hambre por el desgaste energético que tuve momentos antes. Jorge no paraba de mirarme durante la comida. Lola también. A ambos. De hecho intentó que en medio de nosotros hubiera toda la gente posible. Pero por suerte lo tenía a la distancia suficiente en la mesa larga de madera donde estábamos. Era una mesa rectangular de las que posiblemente todas las abuelas han tenido alguna vez en casa.

Clara nos estaba contando no sé qué historias de sus nietos, que si no iban apenas a verla, que si eran unos desagradecidos, que si los niños de cada año eran mejores nietos que los suyos propios...

Saqué el pie de la zapatilla de cordones y levanté la pierna lentamente intentando no alertar a Lola, que escuchaba mientras nos echaba el ojo a ambos. La estiré y pasé el pie por el paquete de Jorge bajo la mesa, haciendo que casi escupiera el café y yo me aguantara la risa. Lola se asomó y me pilló con el pie al aire. Me regañó más tarde "¿Te crees que estamos en una película porno? Que hay chicos delante y una anciana".

Más tarde, cuando todos salían y Jorge ayudaba a montar a uno de los chicos en el caballo, Lola me paró y me dijo en el óido "Es su sobrina, dice. Ya me extrañaba a mi que tuviera novia y no me hubiera enterado yo" a ella se la iban a dar que no se le escapaba una a la maldita.

Después del paseo a caballo con uno de los chicos, Jorge volvió al lago donde quedó con Lola y los demás. Sonrió cuando llegó y me vio apoyada en uno de los árboles que quedaba cerca de la orilla, mientras yo me mojaba los pies.
Miró el árbol donde se apoyó la noche anterior mientras yo le tocaba y se pasó la lengua por los labios. Yo me estremecí, mordiéndome el labio inferior, mirando sus ojos, mientras me pasaba disimuladamente un dedo por la barriga y bajaba hasta en medio de las piernas.

El calentón cada vez era mayor, no sólo por lo que me ponía, sino por el hecho de estar vigilados y que hubiera tanto espectador de los que no podían mirar.

Me volví al campamento sin decir nada aprovechando que Lola estaba en el agua con 3 de los chicos jugando con la pelota. No pasó desapercibida la mirada que me echó Jorge, que poco después me siguió.

Me metí en la tienda de campaña y me quité el peto y la camiseta, así como las zapatillas, me metí en el saco de dormir sólo con la ropa interior. Poco después apareció él, y yo fingí una falsa sorpresa.
Se puso de rodillas a mi lado, quitó la cobertura del saco, deleitándose con mi cuerpo. Llevó un dedo a mi boca, lo chupé y me lo pasó por el cuello, bajando hasta el pecho donde agarró parte del sujetador, metió el dedo debajo y estiró. Soltando y haciendo que mis tetas se movieran.

Siguió bajando, hasta mi ombligo, que pellizcó y continúo su camino hasta el filo de mis bragas. Pasó un dedo por mi sexo, se lo llevó a su boca y me señaló con un gesto que me callase.

Se oía el gorgojeo de los chavales acercarse, Lola llamándome. Un cosquilleo surgió de entre mis piernas y creyendo que me iba a quedar con el calentón, Jorge me agarró de las bragas y las bajó.
Mordisqueó mis muslos, los lamió, se acercaba hasta el borde de mi sexo con la lengua para después apartarse y acariciarme con los dedos. Cada vez estaba más humeda, mas ansiosa, y cuando tuve su cabeza cerca lo agarré de ella y lo llevé hasta mi coño, apretando su cara contra la parte de mi cuerpo que requería atención.

Sacó la lengua y lamío despacio, de abajo arriba, de un lametón con el que siguó subiendo por mi vientre, mis pechos (que sacó del sujetador), mis pezones y llegó hasta mi cuello donde me clavó los dientes. Se me escapó un sonidito que calló poniendo su mano en mi boca. Bajó su otra mano hasta mi sexo, se mojó dos dedos con su humedad y me los metió mientras yo me estremecía alrededor de ellos y ponía los ojos en blanco.

Apartó su mano de ambos lados, se llevó un dedo a la boca para que me callara y volvió a bajar con su lengua por mi cuerpo hasta volver a meter la cabeza entre mis piernas. Yo escuchaba cada vez más cerca la gente y más nerviosa y excitada me ponía.

Posó su boca en mi coño, la hundió en el y me acarició con sus labios derritiéndome entre fuertes descargas que me recorrían la espalda. Haciendo imposible que me estuviera quieta, moviéndome una y otra vez bajo su boca haciendo círculos con mis caderas. Pasaba su lengua una y otra vez, una vez más, lamiendo de arriba abajo, cogiendo con sus labios partes de mi y succionando. Me estaba haciendo perder la compostura y me notaba el labio amargo por la sangre que yo misma me había provocado de tanto morderme intentando callar.

Sus manos se clavaban en mis muslos, dejando unas marcas blancas y rojizas que se desvanecieron poco después cuando quitó su mano y uso dos dedos para penetrarme mientras seguía comiéndome el coño. Metía y sacaba sus dedos de mi mientras me daba con su lengua en el centro de mi debilidad. Poco pude aguantar y corriéndome en su boca me tapó la mia mientras se oía de fondo a Lola llamándole a él.

"No la he visto", respondió a su pregunta sin dejar de mirarme mientras yo convulsionaba sobre sus dedos, cerraba los ojos y echaba la cabeza hacía atrás.

Se quitó la camiseta, se quitó los pantalones y se colocó entre mis piernas. Sin saber que ahí fuera Lola se acercaba a mi tienda de campaña preparada para abrir la ventana y entrar.
Me penetró sin más preámbulos, enterró su cara entre mis tetas y me embistió despacio aumentando las sensaciones de las penetraciones. Un lento mete saca que me rozaba hasta la salida y me la metía hasta el fondo, una y otra y otra vez. Cada vez mas fuerte mientras le rodeaba con mis piernas la cintura y le clavaba las uñas en la espalda, golpeando con mi talón su culo para que fuera más fuerte, más profundo.

Apoyó sus manos al lado de mis hombros y se apartó para ver como entraba y salía de mi cuerpo. Incliné la cabeza y podía verlo yo también, poniéndome como una moto verlo follarme una y otra vez. En cada embestida sus testículos chocaban con mi piel, dando más profundidad a las penetraciones.

Me besó, fuerte, salvaje, animal, casi chocando los dientes por el movimiento de arriba y abajo, mete y saca. Mordió mi barbilla, pasó su lengua por mi cuello, deleitándose con mis pechos, cogiendo el pezón con sus dientes y succionando, poniéndolos más duros de lo que ya estaban.

Salió de mi, me dio la vuelta y me colocó a cuatro patas. La pasó por mi sexo y entró de un vez para agarrarme de las caderas y profundizar rápido y fuerte. "sshhh, cállate. Que está cerca, nos va a oír", intenté contener los gemidos de placer que estaba experimentando. En esta postura la notaba hasta el fondo, como si me rompiese por el interior. Me mordia los labios intentando callar pero era imposible, así que cogió y me tapó la boca con su mano mientras hacía embestidas mas bruscas, duras, secas, buscando correrse cuanto antes.

"Quiero reventarte el coño" susurró en mi oído, haciendo que me corriera en pocos segundos por segunda vez, con su polla dentro de mi. Mi interior le apretaba, palpitaba y me estremecía sobre él. Salío de mi, me pidió que me diera la vuelta y de rodillas ante él se masturbó hasta correrse en mi boca, cayendo por mis pechos pequeñas gotas de su semen.

Una sombra alertó en la tela de que iban abrir y no dio tiempo a nada, más que a ver la cara de perplejidad de Lola.




martes, 31 de julio de 2018

Las maravillas del campo 2 Parte




Acepté de buena gana la propuesta, le pedí que saliera que iba a buscar el bikini (bendito por si acaso) y él se fue hasta donde estaba Lola hablando con los chicos, contando la vez que le picó una araña cuando fue de campamento años atrás y casi tuvieron que llamar a una ambulancia por una reacción alérgica.

La escuché pegar un grito cuando Jorge le comentó que íriamos al lago. Lo que me esperaba. Lo que no me esperaba es que propusiera ir ella con los chicos.

  • Pero si no te has traído bikini, petarda, ¿Por qué me haces esto? - Susurré pegándole un manotazo en el hombro.
  • Sé lo que quieres. - Y cerró los ojos poniéndose muy seria. - Tu quieres follartelo y no me da la gana, es un compañero del trabajo, Cris, me puede hacer la vida imposible.
  • No seas exagerada que es un cacho de pan, además sólo vamos al lago para bañarme y quitarme los kilos de tierra que he cogido hoy.
  • A mi no me engañas. - Me cogió de la camiseta. - Te lo quieres cepillar. Pones la misma cara de enferma cuando le miras que la que ponías con ese macarra del último curso.
  • ¿Me estás comparando con mi yo adolescente? - Pregunté flipando. - tengo 28 años, se como comportarme.
  • Oh, sí... seguro que si, pero iré con vosotros.
  • Te tienes que quedar con los niños. - Sonréi en plan maléfica.
  • Chicos – Se dirigió a ellos - ¿Quién quiere ir a dar un paseo al lago?


Dos de ellos levantaron la mano, los que me cayeron mal. Así que mientras se cambiaban me senté a esperar a los putos chicos.

Jorge entró en su tienda de campaña y se cambió, saliendo con unas bermudas de color negro y una camiseta del mismo color con el cuello de pico.
Yo me había puesto ya el bikini, uno rosa con florecitas de colores, atado al cuello y a la espalda y con la braga enlazada en la cadera, y un vestido corto de tirantes de color blanco.

Lola predispuso que esos dos chicos se fueran con Jorge y los otros se quedaban con ella. Muy a mi pesar ella me conocía lo suficiente como para saber que mi mente era un tanto perversa y que iba a intentar pillar cacho como fuera, si es que tenía ocasión. Normalmente huía del tanto varonil, siempre y cuando no me interesaran. Pero como me interesara un hombre iba por él hasta que lo conseguía.

Armados con una linterna cada uno fuimos alumbrando el camino, uno delante y otro detrás, y en medio los chicos que con la linterna de su móvil lanzaban más luz al camino.
Tardamos unos díez minutos en llegar a una zona oscura, sólo iluminada por las linternas y la luna llena reflejada en el agua.

Todo se veía considerablemente oscuro y se oía el silencio de la noche con el cantar de los grillos y las chicharras. El agua estaba en calma y no había ninguna muestra de movimiento. Los chicos se quitaron la camiseta y después de que Jorge les dijera que tenían que tener precaución y que no se alejaran, se fueron hacia el agua dejando en el suelo la mochila con la toalla.

Hacía calor pese a ser de noche y no corría nada de aire aún y eso que de noche solía refrescar. Me quité el vestido y me quedé en bikini, mirando de reojo a Jorge que me miraba con descaro de arriba abajo. Él se quitó la camiseta y casi se me cayó la boca al suelo.

El agua estaba templada, dijeron los chicos que se alejaban poco mas de unos metros para no perderse de la luz que quedaba de las linternas del suelo. Le confesé que mis ganas de venir era por darme la ducha que no había podido darme. Necesitaba quitarme la tierra y esa era la única opción. Aunque no tuviera gel necesitaba el agua casi tanto como el respirar ahora mismo, y que hasta mañana que fuesemos a casa de Clara no podía esperar.

Le agarré del brazo y le pedí que viniera conmigo. Me siguió. Nos metimos en el lago y sentí un pequeño placer cuando noté el agua entrar en contacto con mi piel. Esa sensación de calma, tranquilidad, limpieza...

Cogí agua con las manos cuando me metí hasta la cintura, y me la eché por encima de los hombros y el cuello. Me metí de lleno en el agua y saqué la cabeza echando el pelo hacia atrás, estrujándolo.
Me pasé los dedos por los ojos para retirar parte del agua y cuando los abrí lo pillé mirándome. Aún seguía de pie casi en la orilla.

Me fui hasta donde estaba él y salí parcialmente del agua. "Vamos" le dije, y tras unos minutos duditativo me siguió. Jugueteé un poco con el agua, tirándosela a la cara, riéndome como una tonta y le contagié. Me siguió el juego y cuando quise darme cuenta estabamos casi pegados, separados por unos escasos centímetros de agua oscura.

Mis pezones estaban erectos por el contacto del agua y el airecillo que empezaba a levantarse. Seguro que sería más de media noche ya, pero el tiempo se pasó volando. Propuse un juego estúpido para romper el hielo que consistía en aguantar la respiración bajo el agua, pero claro, mi idea iba con segundas.

Cogí aire, me tapé la nariz como hacen los críos pequeños y me metí de lleno en el agua, acercándome un poquito más hasta él. Al poco tiempo salí del agua, no sin antes rozarle con mi pecho en su entrepierna. Se echó un poco atrás sorprendido, y yo sonreí diciendo un "lo siento" muy falso. Cuando le tocó el turno a él se metió bajo el agua y yo sujeté su cabeza, sacando él su mano indicando que era buena idea.

No sabía si tenía lo ojos abiertos, y no tendría sentido tenerlos, pero miré a un lado y otro y cuando vi los chicos jugando en el extremo separado de nosotros, cogí la tira de la braguita y tiré de ella, desatando una y dejándola colgando.

Por si él no se había dado cuenta, cuando salió del agua y nos echamos unas bromas acerca de mi escasez de tiempo, me fui un poco más a la orilla, hasta que el agua tapaba un poco menos.
Se me veía la cadera desnuda y parte del pubis se asomaba, carraspeó un poco y me encogí de hombros cuando me señaló ahí. Sonrió y le respondí. Volví acercarme hasta a él y le pegué mi culo "Cristina, los chicos..." casi susurró entre risas. "No nos ven" le dije. Llevé mi mano a su paquete y acaricié por encima de la tela levantando una erección que me apetecía mucho llevarme a la boca. Metí la mano dentro del bañador y me acerqué a sus labios.

Mis pezones duros le rozaban en su pecho, mi boca estaba muy cerca de la suya, entreabierta, jadenante... le pasé los dientes por su labio mientras lo empecé a masturbar dentro del agua. Moviendo la mano despacio, un sube y baja lento, delicado, ansioso. Pero sin que alterase mucho el agua. Me agarró del brazo y me susurró en el oído "no empieces lo que no podrás terminar... nos pueden ver". "¿Quién dijo que no iba a terminar?" continué, llevándolo cogido por su polla, sin soltarle, hasta un rincón del agua apartado de las luces.

Si los chicos se acercaban un poco más se darían cuenta de lo que estabamos haciendo. Echó la cabeza hacía atrás, le mordí en el cuello, él me agarraba el culo y un pecho, jadeó un poco y cerró los ojos, resoplando, hasta que pasados unos minutos se corrió en mi mano dejando que el agua se lo llevase.

Clavó su mano en mi cadera y rozando su pulgar por mi boca me dijo

  • ¿Qué has hecho? - Cerró los ojos y resopló.
  • Coloquialmente se le llama paja - respondí riéndome. - Ha sido pobre porque en estas circunstancias no puedo hacer mucho pero mi objetivo lo he cumplido.
  • ¿Y cual era tu objetivo?
  • Darte placer y tocarte.
  • Si que lo has conseguido pero... - Hizo una mueca y me miró de arriba abajo. - Yo no lo he hecho.
  • Aún nos quedan dos días. - Y puse una cara de zorra digna de interpretación.


Salimos del agua al poco tiempo, llamamos a los chavales y el camino de vuelta al campamento fue en silencio. La tensión en el ambiente se disparó cuando Lola nos vio llegar y se acercó hasta a mi rápido y sigilosa como una ninja. Se metió en la tienda de campaña conmigo siendo arrastrada por ella y sólo asomó la cabeza para decir "chicos, luces fuera y a dormir".

Me miró.

-¿Qué has hecho?
  • Bañarme. - Me quité el bikini sin importarme que ella me viese. - No ves que estoy mojada...
  • Sí, pero no sé hasta que punto. - ¿Qué has hecho con Jorge?
  • Nada.
  • Venga... te conozco. No te lanzas en compañia de un tío a menos que quieras algo.
  • Pues... - me puse un pijama de pantalón corto y camiseta de tirantes. - Se la he tocado.
  • ¿Estás de broma , no?
  • No. - abrí mucho la boca. - No veas lo que tiene ahí.
  • ¿Qué dices? No quiero saberlo. Es mi compañero por el amor de dios.
  • Pues no preguntes.

Cogí el sueño facilmente, y también me desperté con facilidad a la mañana siguiente cuando los claros de luz entraban por la tela de la tienda de campaña y el cantar de los pájaros resonaba como si fuese un coro de la iglesia. Me dolía la cabeza. Cuando salí Lola y Jorge estaban bebiendo un café de un termo que se habían llevado el día de antes de casa de Clara. Esperaban a que los chicos terminasen de vestirse para ir a casa de la anciana a desayunar y a empezar el día.

Me puse uno de los vestidos de tirantes que llevaba y eché en una bolsa el de la noche anterior para lavarlo en casa de Clara y me llevé un peto, el vaquero, y una camiseta de tirantes para debajo de color roja. Tenía pensado ducharme.

Una vez allí lo primero que hice fue meterme en el baño, encerrame y meterme en la ducha donde me enjaboné y me di hasta que estaba reluciente. Que gustazo sentirse limpia y oler a jabón.
Cuando salí me fui a la habitación que me había prestado Clara y me vestí con el peto limpio. Apenas acababa de ponerme el peto cuando llamó alguien a la puerta. Era jorge. Le dije que pasara y cerró tras de si. Sonriendo. Lamiéndose los labios. "Eso te sobra" me dijo acercándose a mi. Tiró de las cinta de los hombros y me atrajo hasta él, me pegó contra la puerta y fue desatando uno por uno los botones de la ropa. Muy despacio.

Chocó su boca con la mia en un beso salvaje, profundo, fuerte. Casi chocaron nuestros dientes en el impacto. Todo era un amasijo de manos que se movían sin control por nuestros cuerpos. Le quité la camiseta.

Destapó mi parte de arriba y bajó mi ropa por mis piernas hasta dejarla en el suelo. Dejándome en camiseta y braguitas se acercó a mi cuello, besando y mordiendo, pasando sus dientes mientras sus manos se perdían por debajo de la camiseta y abarcaban mis pechos, rodeándolas con ellas y apretando casi sin poder cogerlas enteras.

Le empujé, le puse la mano en el pecho y lo llevé hasta la cama donde lo hice sentarse. De pie frente a él me quité la camiseta, deslicé un tirante del sujetador, me di la vuelta me agaché, moví el culo y lo acerqué a su entrepierna. Volví a darme la vuelta y me bajé el otro tirante, llevé mis manos atrás y lo desabroché, lanzándolo en su cara.

Lo cogió y sonrió con picardía. En bragas di unos pasos adelante y sus ojos seguían el baile de mis pechos. Me puse de rodillas con mis manos en las suyas y le pedí que se levantara. Lo hizo. Pasé mi boca por su paquete y esta se enderezó más aún. Agarré la cintura de su pantalón y tiré hacía abajo, haciéndo que al liberarla me diera con ella en la boca. Saqué la lengua mientras le miraba desde abajo y la busqué con mis labios

Una vez en mi boca la agarré con la mano y empecé un movimiento de sube y baja con mis labios, sacándola de ella y rozando la punta con la lengua, con los labios, restregándola por mis pezones con su punta mojándome con su humedad, por mis pechos y colocándola en medio para empezar un movimiento suave, lento, y hacerle una cubana mientras le miraba a los ojos y veía el placer y el deseo en su cara.
El morbo se olía en la habitación, en cada esquina. Podían abrir la puerta en cualquier momento y pillarnos sin previo aviso. Y eso por alguna extraña razón me gustaba más. Seguí moviéndome, agarrando mis pechos con ambas manos y masturbándole con ellos cada vez tan rápido como me permitía mi cuerpo. Saqué la lengua y en cada embestida de su polla entre mis tetas subía un poquito más para rozarme la lengua con su punta mojada.

"Si sigues así voy a correrme y lo que más me apatece aparte de eso es follarte" confesó. Así que paré, me puse de pie delante de él y me agarró las bragas, las deslizó por mis piernas hasta dejarlas en mis tobillos y pasó la mano por mi sexo. Me tocó, abriendo la palma de su mano y rozando con sus dedos mi entrada, acariciando mi clítoris con el pulgar, y poniendo mis tetas en su boca, lamiendo y besando mis pechos y pillando los pezones entre sus dientes. Estaba sentado y yo de pie, si no me sujetaba iba a desplomarme ahí mismo.

Le vi hacer el amago de meter su boca entre mis piernas, pero le frené "Quiero correrme contigo dentro de mi", asintió "pero dejáme probarte", y hundió su boca en mi provocando que me temblaran las piernas y me aferrara a su cabeza, metiendo los dedos entre su pelo.

Pequeños jadeos se escapaban de mi boca pese a mis vanos intentos de retenerlos mordiéndome los labios.

Se apartó, se levantó pero yo le incité a que se volviera a poner en la cama, esta vez tumbado. Me subí encima de él, a horcajadas y la agarré, metiéndomela de una embestida y echando la cabeza hacía atrás mientras su mano me tapaba la boca intentando ahogar el gemido "Cállate que nos pueden oír y menudo ejemplo estamos dando".

Subía y bajaba sobre su polla y me apoyaba en su pecho, echándome hacía adelante de vez en cuando para rozarle las tetas por la cara. Él inclinaba la cabeza hacía a mi sacando la lengua intentando pillarme en los movimientos. Sus manos me agarraban el culo y me clavaban los dedos en el. Me aparté, me di la vuelta y en la misma postura pero de espaldas a él, me la volví a meter dándole un espectaculo visual de mi culo en primer plano, viendo como salía y entraba de mi coño una y otra vez. Me rozaba la espalda, repasando mi columna vertebral con los dedos, pellizcaba mi culo, me daba algún azote y me cogía del pelo estirándome hacía atrás. Y así empezamos un baile erótico de sube y baja caja vez más intenso y fuerte, apoyándome sobre sus rodillas, echando mi cuerpo hacía atrás y hacía delante, llevándo una de mis manos a mi clitoris y acariciándome hasta que me corrí. Seguí el movimiento un poco más hasta que él se tensó un poco, salió de mi y rozándome con ella entre mis nalgas se corrió en mi culo, salpicando la parte baja de mi espalda.

Sabía que se me había escapado más ruido de la cuenta, y mis sospechas se vieron resueltas cuando escuché a Lola al otro lado de la puerta.

  • Echaros lo que tengáis ahí mismo porque voy a entrar pero ya. - Y por su tono de voz sabía que no era un farol.

Me iba a llevar un rapapolvo de mucho cuidado por parte de mi amiga, pero sin duda había experimentado una maravillosa experiencia en el campo que para mi quedaba.

Las maravillas del campo Parte 1




Entraba Agosto. Pronto se acabaría las vacaciones y este año no habíamos hecho nada especial en verano. Así que una amiga, Lola, me propuso una escapada con un campamento donde ella era monitora de unos adolescentes. No me apetecía ir yo sola, ya que los niños y yo no nos llevabamos muy bien, sin embargo me vendió tan bien la moto que no pude más que aceptar.

Preparé una pequeña maleta para los próximos 4 días. Igual pequeña se queda pequeña para lo que yo llevaba, que más que de acampada parecía que me iba de viaje por tres meses, pero claro está, las mujeres estarán de acuerdo conmigo, en que los "por si acasos" ocupan mucho sitio.

"Por si acaso refresca.
Por si acaso hay que ir bien vestida.
Por si acaso llueve.
Por si acaso hace más calor.
Por si acaso se me estropea este bikini.
Por si acaso hay sitio donde bañarme.
Por si acaso..."

Así que acabé con una maleta que me llegaba por la cintura y que con un poco más de ropa parecería una minicaravana de mano.
Eché varios bikinis, varios petos, pantalones cortos, camisetas de tirantes, alguna rebeca, un par de zapatos, dos de sandalias, algunas chanclas... Mas que una acampada parecía que me iba de gira por el mundo. Que yo no sabía si nos íbamos a ir a un sitio donde habría agua, porque Lola no me había dicho absolutamente nada, pero repito, el por si acaso.

Lola, mi amiga. Llevaba 5 años haciendo de monitoria de adolescentesde 15 y 16 años. En plena edad del pavo, aclaro. Por lo que me insistió en que no eran niños y que no me iban a dar ganas de enterrarlos en mitad del campo. "Son buenos chicos, ya verás" decía ella mientras peinaba a su gata Kitty y le dejaba una lista de tareas que hacer a su vecina, la que se encargaría de la felina en su ausencia.

Preparé la ropa para el día siguiente, un peto vaquero y una camiseta de tirantes rosa chicle, junto con mis zapatillas de cerezas. Me haría una coleta alta y bajo ninguna circunstancia me echaría maquillaje. Cosa que a mi prima Carla le habría puesto de muy mal humor.

Al día siguiente a las 7 de la mañana estarían esperando en la puerta del colegio un autobús para salir. Me levanté a las 5 y media, me repasé los pelillos rebeldes que me había dejado el día anterior al hacerme la cera, y terminé de coger algunas cosas. Como la tablet. Porque a mi el contacto con la naturaleza me gusta que sea con un aparato en la mano. No desconectada del todo. ¿Era compatible, no? Además era la primera vez que iba y Lola no paraba de ponerme aquello como si fuesemos a estar todo el día recogiendo setas. Cosa que me aburría sólo de pensarlo. Mi idea de desconectar y estar en paz con la naturaleza incluía tranquilidad, soledad y algo para leer o ver series. Y mi tablet tenía mucho de eso. Además del móvil, claro, porque si estaba más de un día sin hablar a mi madre y decirle que estaba bien, encontraría en Twitter un anuncio de desaparecida al día siguiente.


Me bajé del taxi que me recogió en mi puerta a las 6:20 y llegué al colegio a las menos 5 con la hora pegada al culo. El señor con bigote y un sombrero rojo (que me recordó sospechosamente a Mario)me ayudó a bajar la maleta y se lo agradecí dándole 1Euro, "para un café" como solía decir mi abuela al butanero.

Metimos las maletas de los chicos y la mía en la bodega del autobús y Lola puso una cara de espanto brutal cuando vio la mía. "¿Pero a dónde te vas?¿Te vas un mes?" me preguntó mientras abría mucho los ojos y se estiraba de la cola repeinada que llevaba. "Los por si acaso, ya sabes..." dije cargando en brazos mi maleta que pesaba como si llevase un muerto dentro, cerrando los labios y doblando las rodillas para no romperme ahí mismo. Lola resopló. Parece mentira que no me conociera...

Nos pusimos en la puerta de entrada y empezó a pasar lista. A los cinco mínutos de estar todos montados seguiamos de pie como dos tontas esperando algo.

  • ¿Qué hacemos aquí como dos tontas sin guitarra?
  • Esperar a Jorge.
  • ¿A quién?
  • Al otro monitor, niña. Metete dentro ya y cállate de una puta vez, que eres peor que los niños chicos.
  • Como se nota que no follas.
Hice un mohín y me crucé de brazos. El mal genio de Lola por la mañana era legendario, los pobres críos no sabían lo que les esperaba en el campamento. Me contó que algunos padres los enviaban porque eran chicos muy reservados y callados, y era una manera de obligarlos a socializar.

No se si socializar con Lola quejándose a las 7 de la mañana era la mejor terapia del mundo.

Estaba mirando mi móvil, pasando post de instagram y dando likes cuando sentí un aroma que me llamó la atención. Tengo fetichismo por algunos olores, y hay hombres que con sólo su perfume pueden hacer perderme por completo en una laguna de fantasias. Cerré los ojos y aspire. Joder que bien olía.
  • Siento llegar tarde. - Oí tras de mi, notando el aliento casi a la altura de mi cuello.
  • Te estabamos esperando. - Estiró el brazo tras de mi y agarró al nuevo visitante.
  • Jorge esta es Cristina, una amiga que se viene con nosotros. - Le di dos besos que no se por qué los di, porque yo no tengo ese nivel de socialización. - Cristina este es Jorge, mi compañero, el otro monitor del que te hablé.

"Si no me has hablado de él hasta hace unos minutos, cacho puta", pensé en mi mente sin llegar a decirlo. Sonriendo como una tonta me subí en el autobús y me senté al lado de Lola, delante, justo detrás del conductor, un señor con una cara de loco que parecía Jack Nicholson en El Resplandor, se ve que madrugar no cae bien a todo el mundo. Jorge se sentó al final del vehículo para controlar la pequeña jauría de adolescentes poco sociables.

Durante el camino me dormí, hablé con Lola, jugueteé con mi móvil, hice algunas stories que subí a Instagram, y cuando ya no podía soportar más mi curiosidad le pregunté.

-¿Quién es ese hombre? - dije entre susurros.
-¿qué me mira y me desnuda? - Ya se le había pasado el mal humor al menos.
-Sí, y me hace sentir mujer. - Dije atajando la coña. - Enserio, ¿quién es? ¿Por qué no me dijiste que venía un tío contigo?
  • Porque si te lo hubiera dicho me habrías dicho que no.
  • Uy que mentira. - Fingí falso dolor en el pecho.
  • Te has vuelto muy mojigata con los hombres desde que acabaste con el último. - Cerró los ojos. - ¿Cómo se llamaba?
  • Juan. - corté en seco y miré hacía donde estaba Jorge. - Si llego a saber esto vengo sin rechistar.

Me miró, cerró los ojos y resopló diciendo algo como "no hay quien te entienda". Jorge era un moreno alto, de 1,90 como poco y que estaba para mojar pan y repetir. Tenía los ojos claros y unos labios que juraria eran carnositos, una nariz pequeña y masculina, y por poner una pega, porque no todo puede ser bueno, no tenía barba. Lo que eché de menos una barba...
Suspiré, recreándome sin ser vista en su torso, cubierto por una camiseta de Batman, oscura, como no, lo cual me hizo sonreir y maldecir por no haberme llevado mis bragas de mi súper héroe favorito. Llevaba unos pantalones cortos color gris y unas zapatillas de deporte del mismo color.

Aparté la vista cuando giró su cara hacía a mi y me puse los auriculares, cerré los ojos y me sumergí bajo la música de Scorpions con Still Loving you. Siguió la lista de reproducción de Spotify hasta que noté que el autobús se iba parando y abrí los ojos medio dormida.
Había pasado hora y pico de viaje cuando llegamos a una esplanada donde hacía una calor del demonio. Había una casita de madera, cosa que me llamó la atención y que por fuera daba muy buena impresión. En uno de los lados había una valla de madera que impedía que un par de caballos salieran de ahí.

En la puerta había una mujer con un delantal muy cuco y que tenía una sonrisa de oreja a oreja. Muy simpática. Que nos dijo que nos estaba esperando y que entrasemos, nos pusiesemos cómodos y que si queríamos algo de beber.

El grupo de chavales era pequeño, 6 chicos, pero por muy pequeño que fuera no sabía donde íbamos a entrar todos.

  • La acampada es cerca de aquí, íremos a pie. - Dijo Lola. - Clara colabora todos los años con nosotros, nos deja sus caballos para dar alguna vuelta e incluso nos permite que pongamos a los chicos a dar de comer a sus gallinas.
  • Es un placer teneros aquí y no estar tan sola. - Sonreía la mujer con una bandeja en la mano que había traído de la cocina. - Pensaba que sólo habría dos monitores, Lola.
  • Sí. - Dio un sorbo a su vaso. - Ella es mi amiga Cristina, le he pedido que nos acompañara, sólo es una visita más. Considerela una estudiante.

La miré de reojo. A ella y a Jorge que estaba hablando con dos chavales que se reían y miraban al suelo avergonzados.

    • Clara, vamos a montar las tiendas de campaña que se nos hace tarde y mientras vamos y venimos...
    • Ya nos veremos. - Sonrío.

Cabe decir que no había montado una tienda de campaña en mi vida, que no sabia ni que íbamos a dormir en una y que sólo de pensar en dormir a la interperie me estaba rascando viva de imaginarme las picaduras de mosquitos psicológicas. Digamos que ir de campamentos yo me lo esperaba con una casita en el campo, con Clara por ejemplo, y que estar en contacto con la naturaleza era que daríamos paseos. Está claro que Lola se guardó la información que más le interesó, para evitar mi negativa.

  • No me dijiste que íbamos a estar como en campamento infernal. - Le dije cuando me puse a su lado ayudándola con la carpa de la tienda.
  • ¿Si te lo hubiera dicho habrías venido?
  • No. - confesé.

Montamos la tienda. Claro que la montamos. Pero cuando me metí dentro para meter mi equipaje aquello empezo a temblar como si estuviese aterrizando la estrella de la muerte en la puerta. Todo se vino abajo.

  • ¡¡¡Lola!!! - Grité en plena enajenación. - Esta mierda se cae.
  • Esa boca, Cris, que hay niños delante. - (Bueno... niños) Vino corriendo desde la otra tienda donde estaba con Jorge. - a ver ¿qué ha pasado?
  • ¿Que qué a pasado? - Salí desliándome el trozo de tela de encima. - Que esto tiene menos estabilidad que una pata de palo.
  • ¡Jorge! - Llamó. - Ven a echarme una mano anda.
  • Si Jorge, hazlo tu porque como lo haga Lola dormimos en la hierba.
  • Has sido tu, so lista, que no sabes montarla bien.
  • Se ve que tu sabes divinamente. - Volví a sacar mis cosas de lo que quedaba de tienda.

Me gustaría saber como sobrevivieron en los anteriores campamentos con Lola montando tiendas de campaña, de verdad que me gustaría. Porque aquí el único que se dignó a montar algo decente fue Jorge.

Pasaban las 2 de la tarde cuando la calor empezaba a apretar más de la cuenta. Lola estiró un tapete en el suelo, enorme, donde colocó algunas fiambreras abiertas, sacó algunos aperitivos y se sentó con las piernas cruzadas. Yo hice lo mismo y después de un silencio sepulcral no pude soportar más la tensión.

  • ¿Cómo vamos a sobrevivir aquí cuatro días con esto? - Señalé a los bártulos donde había alguna comida. - El hielo se va a derretir, la comida se echará a perder y además no hay para esos días. Y eso que estas pobres criaturas se han traido suministros.

Jorge se echó a reír.

  • Estaba pensando en cuanto ibas a tardar en preguntar. - Lola se estaba aguantando la risa. - Esto es para hoy. Con lo que hemos recaudado para el viaje teníamos que pagar el bus y a Clara. Íremos allí a preparar la comida nosotros mismos.
  • ¿Tu qué? - La señalé con el dedo. - Quieres matarnos a todos...

Los chicos se rieron, Jorge también, y sin dejar de apartar sus ojos de los mios me sonrió antes de levantarse y de ir a por una botella de agua a la nevera portatil.


No me enrrollaré mucho más. El día pasó, y por la mañana los chicos se turnaban para dar un paseo a caballo por los alrededores. Jorge nos ayudaba y nos enseñaba a coger setas, cosa que con él no me pareció tan aburrido. Incluso me enseñó algunas propiedades medicinales de ciertas plantas que había por allí.
Entablábamos conversación con mucha facilidad y la compañia con él era preferible a la de Lola, al menos las primeras horas de la mañana.

Estaba escuchando Every breath you de The Police en mi móvil cuando me tocó el hombro y me hizo darme la vuelta y quitarme el auricular. Yo estaba ensimismada haciendo fotos a una planta preciosa de color blanco con manchitas rosas, estaba ensimismada.

Llevaba un pantalón vaquero corto, que dejaba parte de mis nalgas fuera, y una camiseta blanca de tirantes que me quedaba por encima del ombligo. En los pies unas zapatillas planas de cordones en blanco. Me había hecho dos trenzas para intentar camuflar mis pelos de loca y lo único que pude mantener fue eso.

Sonrió, le devolví la sonrisa como una auténtica gilipollas sin saber hacer otra cosa más que asentir a lo que me estaba diciendo y que no me estaba enterando. Porque estaba embobada mirándole los labios y viendo como la nuez de su garganta se movía.

Sentí un vacío cuando quitó su mano de mi piel. Me había contado que por la tarde tenían plan para ir a ver a las gallinas y dar un paseo por el campo. Reconozco que ninguna de las dos cosas me fascinaba mucho, pero acepté sin saberlo.

Tras un par de horas andando sin rumbo fijo y sin saber porqué acepte, mis pies estaban listos para ser amputados sin anestesia. Estaba sudada, sucia, llena de tierra por todos lados y mis zapatillas ya no eran blancas, eran color marrón. Los pelos se habían escapado de las trenzas y mi cara estaba adquiriendo un color rojizo en los mofletes y la frente. Pensé que lo último que necesitaba era un brote de dermatitis atópica en pleno campo. Pero cada vez que me veía por la cámara del móvil me veía mas roja. Amén de los doscientos bichos que vi y que juraría alguno me probó carnalmente.

Por la noche los chicos se sentaban en un círculo para hacer algún tipo de actividad que a mi no me llamaba la atención. Yo quería ducharme, meterme en mi cama y ponerme a ver la tele o leer algo. Echaba de menos mi casa, mi hogar, mi soledad, mi sedentarismo. Así que me acerqué a Lola por detrás.

  • Oye, - le dije acercándome mucho - ¿Podría ir a casa de Clara? Necesito ducharme que empiezo a oler a Koala.
  • Hueles a campo exagerada. - Se río. - Hasta mañana por la mañana no vamos a ir, ella ya estará acostada. Como no quieras meterte en el lago...
  • ¿Hay un lago?
  • Si, a 1 km de aquí, asi que dudo mucho que quieras andar a oscuras por ahí tu sola. - Miré de reojo a Jorge. - No. No pienso dejarlo aquí sólo para ir a un lago de noche. ¿Estás loca? ¿Tu no has visto películas de miedo?
  • Esa pregunta te hubiera hecho yo a ti antes si me hubieras dicho a donde me traías.
  • Acuérdate de tiburón... - Y abrió mucho los ojos al decirlo.
  • En un lago no hay tiburones, melona.
  • Ya pero es agua y es de noche, debe da mal rollo.
  • Y piensas eso cuando me traes tu aquí...
  • Bueno que no, que te esperes a mañana y cuando nos levántemos vamos a casa de Clara.

Me metí en la tienda de campaña que compartía con Lola y me eché en el saco de dormir. Me eché repelente como para rebozarme despues, y me tumbé con la tablet en la mano leyendo un PDF que me había descargado de una web de relatos.
Miré el reloj. Las 11:30 de la noche aún. Iba a ser una noche muy larga.

Estaba tumbada con un pantalón corto de chandal y una camiseta de tirantes cuando vi la sombra de una mano acercarse a la "ventana" de tela de la tienda.

Era Jorge, que me traía unas galletas que habían preparado después de comer en casa de Clara, y que según él, "mas vale que te las comas antes de que esta dulzura atraíga a mas mosquitos".

Le pedí que se sentara a mi lado y cogí una galleta de la fiambrera. Se quedó mirando lo que tenía a mi lado, la tablet, y me preguntó que leía. Cuando se lo enseñé y vio que eran relatos eróticos tragó saliva con dificultad y se puso a mirarme, intentando descrifrar algo que tenía en mente a través de mis ojos. Yo seguía comiendo la galleta, que era de chocolate y estaba de muerte. Y cuando acabé me hizo un gesto con el dedo señalando a su boca.

  • Tienes un poco de chocolate ahí.
  • ¿dónde? - Moví la lengua hacía la derecha. - ¿Ya?
  • No... - y me pasó el pulgar por el labio inferior, por la parte izquierda. - Ya está.

Ese sólo contacto me hizo fulminar las bragas y ahora más que una ducha necesitaba meterme en el lago urgentemente.

    • Me ha dicho Lola que hay un lago por aquí cerca, ¿no?
    • Sí. - Carraspeó. - Está en el lado opuesto al que fuimos esta tarde.
    • Pues Lola me ha dicho que está a 1 km.
    • Es mentira, ella es así de exagerada.
    • Lo que hace por no acompañarme.
    • Si quieres te acompaño yo.

Tintineos. Palmas. Un coro de melodías se me instaló en el estómago y descendió hasta mis bragas. Pero no por nada, sino porque mi mente tendía a la imaginación muy rápido y cuando le dije a Lola que llevaba mucho sin follar no era la única.



lunes, 30 de julio de 2018

Sola en casa parte 2




Se fue. Lo cierto es que sentí cierto alivio cuando salió por la puerta y perdí sus ojos penetrantes de mi vista. Con el crío ahí había bajado mi falda con cuidado sin moverse lo más mínimo para que el niño no viera nada. Yo sólo pude subirme el tirante con la mayor naturalidad del mundo. Pero mi calentón era épico. Mis bragas parecían sacadas de la piscina. Vale, igual exagero. Pero ese tío me estaba poniendo mucho y a pasos gigantes se había colado en mi subsconciente y tocado una parte íntima de mi ser y de mi cuerpo.

Me quedé un rato mirando al agua de la piscina, sumergida en ella, vagando por mi mente hasta recrear nuevamente ese recuerdo de hacía apenas unos minutos. Las preguntas se agolpaban en mi cabeza ¿Y si ese niño no hubiera llegado? ¿Y si hubieramos cerrado la puerta y ese niño no hubiera entrado? ¿Y si hubiera pasado algo entre los dos? Bueno esto último no era posible, era demasiado surrealista hasta para mi que tengo un record guinness de cosas raras en mi historial. Pero liarme con mi vecino al que odio no es precisamente algo que imaginase... Podría ser que esa fuera su manera de castigarme, de callarme la boca, de intentar ganar una batalla verbal que claramente él siempre perdía. Eso debía de ser, sí.


Me abracé sobre mi misma y miré al suelo donde estaba la pelota aún. Con todo el lío de antes ni se la había llevado. Así que la cogí del suelo y la lancé todo lo alto que pude embarcándola al otro lado de la pared. Era una pared corta, no era muy alta y la mitad de ella estaba hecha de alambres. La altura no era un problema, mas si su visibilidad porque desde ahí se veía más de lo que querría alguien mostrar.
Aunque con esto último he de decir que he experimentado sensaciones que no esperaba. Nunca imaginé que sentirme observada y expuesta hacía un desconocido o alguien como mi vecino me produjera la más mínima sensación, pero así era. Adoraba salir y exhibirme delante de ese cabrón. Ponerme ligera de ropa y hacer algo, lo que fuera, aúnque fuese regar los maceteros de las esquinas, me atraía el simple hecho de sentir que él, no otro, ÉL, me observase y me mirara. Me encantaba. Y siempre conseguía crearme mariposas que se me escapaban por las bragas. Cada vez le odiaba más.


Me metí en la cocina a hacerme algo de merendar y poco después me fui arriba a ponerme el bikini para darme un baño. Como era de esperar en cuanto escuchó el chapurreo del agua lo vi asomarse, esta vez sin camiseta, lo cual me pudo facilitar la visión de su pecho. Madre mía como estaba el papi. Siempre pensé que tenía un fetichismo extraño, pues me atráin los hombres que eran padres. Tenía cierto grado de cronofilia y teleiofilia, vale que no era una adolescente, pero los cambios de edad me generaban un interés importante. Quizás mi obsesión por los hombres fuese otra consecuencia de esto y que mi androfilia creciera con el paso de los años. María se divertiría cachondeándose de mi si supiera lo que me está pasando con el vecino de los cojones. No pienso contarselo jamás.

Cerré los ojos y me metí en el agua, me eché el pelo hacía atrás y saqué la cabeza. Me fui nadando hasta la escalera, me puse de espaldas a él y me quité la parte de arriba. A estas alturas ya no me importaba que otros me pudieran ver, además... estaba en mi propia casa, no es problema mío si miraban. Me di la vuelta, me agaché y cogí agua con las manos y me la eché por encima de los pechos. Miré directamente hasta su ventana y ahí estaba él, esta vez no se había quitado. Es más clavó sus ojos en los mios y mantuvimos un juego morboso de miradas mientras yo me echaba agua y me rozaba los pechos. Mis pezones se irguieron y los agarré con mis dedos para pellizcarlos, mordiendo mi labio inferior sin dejar de mirarle.

Su cara lo decía todo, estaba tan cachondo como yo lo estaba. Me metí de lleno en el agua y empecé a nadar con los ojos cerrados de un extremo a otro, perdiéndome en mis pensamientos y fantasías, imaginando situaciones que jamás sucedería.

Cuando salí del baño me di una ducha rápida y me fui a mi habitación, me asomé a la ventana y vi que en la suya ya no estaba, así que pensé que quizás desde la habitación de mis padres podría ver algo más. Cogí el pijama, la ropa interior y me fui hasta allí. Cerré la puerta y abrí las cortinas, viendo como al fondo de otras de sus ventanas se podía apreciar una luz encendida y la sombra de alguien que se estaba levantando.

Fue a echar las cortinas cuando me vio asomada y se quedó ahí con la mirada retadora. Desaté la toalla del pelo y lo dejé que cayera sobre mis hombros, sin apartar la vista de él. Lo que hice acontinuación no me lo esperaba si me lo hubieran dicho días antes. Agarré la toalla del extremo que me sujetaba y la abrí, dejándola que cayera a mis pies y que sólo el pelo me cubriera parte de los pechos, para que me viera a través de la ventana desnuda, con luz, completamente sin nada.

Se mordió el labio, cerró los ojos mientras levantaba la barbilla y se dio la vuelta dejándome así.

Cuando creí que no volvería a verle apareció de nuevo, apagó la luz de su habitación y se quedó observándome. Me di la vuelta, y caminé hacía la cama contoneándome más de lo necesario, me senté en ella y abrí las piernas de par en par y me agarré las rodillas para que viera mis pechos y mi sexo completamente expuesto para él. Quería jugar y estaba cachonda como una perra en celo, así que decidí darle un espectáculo para ver su reacción.

Me metí los dedos en la boca, jugueteé con ellos, chupando como si fuese lo más interesante del mundo y los bajé en dirección a mis pechos, apretándo mis pezones, descenciendo hasta mi ombligo, abriendo más las piernas y poniéndolos en mi sexo. Acariciaba de arriba abajo, abriendo mis labios vaginales, pasando un dedo y con la otra mano masajeando mis pechos mientras abría la boca, cerraba los ojos y la echaba hacía atrás.

Gemía, sin pensar en que él no lo estaba escuchando pues me daba igual, estaba disfrutando el momento y desesaba tocarme para él y que lo viera. Le miré, y pude apreciar a través de la oscuridad el movimiento de sube y baja que estaba ejerciendo con su mano. Me vine arriba. Sabía que se estaba masturbando mientras me veía hacer lo mismo. La excitación subía y mi ego se incrementaba hasta el punto de que su excitación por mi era mi mecha para explotar. Moví los dedos trazando varios dibujos en mi sexo mientras me tocaba, me acariciaba, me retorcía y arqueaba para dar paso, poco después, a un estallido de convulsiones de mi cuerpo con el orgasmo.



Me quedé dormida, no recuerdo cuando pasó pero estaba en la cama de mis padres completamente desnuda y el pelo enmarañado. Eran las 4 y pico de la mañana y no me podía dormir. Me puse la ropa interior y el pijama que me había llevado a la habitación y me bajé a la cocina a prepararme algo de comer.
Salí de la cocina con un sandwich de pavo y un té frío y me puse en el salón a ver la tele, puse mi adorada Netflix y me puse una película a la que no le presté mucha atención y con la que, al poco tiempo, me iría a por un libro. Esta vez en mi habitación, tumbada en la cama con el libro abierto y leyendo palabras que no retenía en la cabeza. Me puse los auriculares y cargué mi lista de spotify y me bajé a la planta de abajo para limpiar un poco la casa. A Las 5:10 de la mañana, señores, a esa hora esta yo pasando el mocho con Modern Talking sonando en mi móvil a toda ostia y sin poder pegar más ojo.

Mi cabeza era una locomotora de pensamientos y todos estaban por encima de los 40 grados. Le veía en todas las putas partes comiéndome el coño o los morros y empotrándome como una perra sin piedad. Le escuchaba a él y no a los cantantes que sonaban "Need your kisses, baby, baby, need, that stuff" decía la letra de la canción telegram to yout heat.

"Maldito hijo de perra" grité quizás más alto de lo normal sin darme cuenta de que no lo decía para mis adentros. Menos mal que estaba sola. En unos días llegarían mis padres y se acabaría este tormento lascivo, esto era culpa de la adolescencia repentina de quedarme sola con 28 años y un vecino salido que está tan bueno como para no pensar con la cabeza.

Si ese puto crío me tira la pelota, yo se la devuelvo y a callarme como una puta no vaya ser que vuelva a venir y esta vez no habrá puertas abiertas. Me sorprendí a mi misma pensando en la posibilidad de que volviera con alguna excusa y dejarme hacer y ceder ante mis fantasías.
Pero ahora me rondaba en la cabeza la puta idea de que me había tocado mirándole y totalmente expuesta...¿Pero en que pensabas, Mayka? ¿Estás loca, mujer?... era muy tarde como para arrepentirse, ¿Y si se lo decía a mis padres? Claro, y mis padres se lo iban a creer... y por qué lo iba hacer... él estaba casado y quedaría como un mirón. Y ahí estaba yo, montándome un diálogo yo sola conmigo misma que me preguntaba y respondía todo mientras echaba cristasol en las ventanas y empezaba a dar los primeros rayos de luz en mi lado de la calle.

Durante el día no salí de la casa bajo ningún concepto. No quería encontrármelo en la piscina y volver a ponerme más boba de lo normal, así que me encerré con una tarrina de litro de helado de vainilla con nueces y caramelo y me puse como Homer Simpson en mi lado del sofá con las piernas estiradas sobre la mesita auxiliar, y como no podía ser de otra forma con Netflix. Me estaba descojonando de la escena en la que Chandler abre la puerta de su habitación y Joey la había rajado por la mitad cuando mi timbre sonó. Sí. Sonó y un escalofrío me recorrió entera de arriba abajo pensando en él. Estaba aterrada en mi propia casa por un vecino al que le había abierto las piernas. A distancia eso sí.

Pero no era él, era su hijo, el pequeño Lucifer llamado Dani, que venía amablemente a decirme "Señora puede darme mi pelota", que majo el niño, "señora", luego me dirán que porque le odio con todo mi ser.

Fui a por la puta pelota cagándome en toda la corte celestial y los antepasados del niño y la cogí del agua. Esta vez no me dejó la piscina sucia. Y se la llevé hasta la puerta. Encontrándome con, sorpresa, su padre.

  • Toma. - Le tendí de mala gana la puñetera pelota. En ese momento me apetecía darle un balonazo en la cara.
  • ¿Qué se dice? - Le agarró su padre del hombro cuando el crío se iba.
  • Gracias, no volverá a pasar.
  • A ver si es verdad, bonito. - y en ese bonito iba toda mi ira acumulada en los últimos 28 años.
  • Ve a casa, que tengo que hablar con la vecina.


Terror, pavor, excitación, miedo... verguenza extrema me recorrieron entera cuando el niño se fue. Por una milésima de segundo quise cogerlo y abrazarlo como si fuese mi mejor amigo y dejarlo allí, conmigo, los dos frente a su padre.

      • Deberías cerrar las cortinas, se ve todo. - Me dijo socarrón.
      • Y tu. - Es todo lo que pude decir.
      • ¿Puedo pasar?
      • No.
      • Tengo que hablar contigo.
      • Podemos hablar en la puerta.
      • Preferiría que no se enterasen los vecinos.
      • Pasa. - Dije de mala gana por quedarme a solas con él pero con una excitación terrible por la misma razón.


Silencio. De pronto todo estaba en silencio y no había una sola palabra de su boca "Tu dirás" dije sin mirarle a la cara.

Me cogió del brazo bruscamente y me llevó hasta la parte de la piscina donde me soltó. Se quedó mirándome de arriba abajo lamiéndose los labios "Ya lo he visto, ahora quiero saborearlo" quise hacerme la tonta, hacer como que no sabía a que se refería así que hice un mohín con la boca y me encogí de hombros. Dio un paso al frente, luego otro, mientras yo retrocedía y me dejó con mi culo pegado a la altura del filo de la mesa. Me cogió del cuello y me tumbó "Estás loco, la mesa no que es de cristal", me volvió a poner a su altura y me arrastró practicamente hasta la barbacoa, poniéndome de cara a ella y pegando su cuerpo al mio, agarrándome de las caderas y pegándome a él. Susurrando en mi oído y apartando el pelo de mi cuello con su nariz mientras aspiraba mi olor y me rozaba con los labios, con los dientes y me lamía. Metía una mano por mi camiseta y subía lentamente hasta uno de mis pechos que tocaba por encima del sujetador. La otra mano la usó para desatar el pequeño cordón que ataba mi pijama y desatándolo con maestría, metió la mno dentro y palpó por encima de la tela notando mi humedad.

"¿Siempre estás tan humeda y receptiva?" preguntó en mi oreja mordiéndome el lóbulo. Apretó mi coño bajo sus dedos y suspiré, dejando escapar un gemido de deseo que intenté callar mordiendo mi labio sin mucho éxito. "Quiero follarte hasta reventarte, puta niña cojonera". Las ganas, la ira, el odio en sus palabras y esas palabras tan bien escogidas me terminaron de estremecer y apreté mis muslos con su mano en mi sexo, la que movió para clavarme los dedos. "Aquí no, nos pueden ver" logré decir cerrando los ojos, echando la cabeza en su hombro y agarrando su mano para sacarla de mis pantalones.

Casi pegados fuimos andando los escasos metros hasta la puerta de la cocina, la que abrí con fuerza y más ganas que nunca, lo agarré de la camiseta y le empujé hasta meterlo dentro. Me estampó contra la pared, agarró mi cara entre sus manos y me besó. Dios como besaba, maldita lengua lavadora de cerebros... se me olvidó por qué le odiaba y sólo deseaba tenerle entre mis piernas, empujando y jodiendo como un puto loco.

Se apartó, dedicando un minuto para mirarme, para pasar su pulgar por mis labios y meterlo en la boca para que le chupara, lo hice cerrando los ojos y abriéndolos despacio pillandolo con sus ojos estáticos en mis labios. Me agarró la camiseta por el filo y la subió lentamente, agachándose para lamerme de abajo arriba el vientre. Levanté los brazos por encima de mi cabeza para ayudarle a quitarla y me dejó en sujetador. Un pequeño sujetador de encaje negro que encerraba dos generosos pechos con los pezones erectos y sensibles. Las sacó de ahí sin miramientos. Las juntó con sus manos y las pasó por su cara, sacando la lengua y pasando los pezones por ella mientras estrujaba mis tetas. Puse mis manos sobre las suyas para incitarle a apretar más.

Se acercó hasta mi boca y me mordió los labios. Pegó su cadera a mi y noté una tremenda erección desde mi sexo hasta mi cintura. Ronroneé pensando en lo que podría hacerme con ella. Me agarró el pantalón del pijama y tiró de el dejándomelo por los tobillos y sacando yo los pies. Se puso de rodillas, me agarró de las caderas y hundió su cara entre mis piernas, ronzando con la nariz, aspirando mi olor, sacando la lengua y pasándola por la tela, mordiéndome por el pubis y los muslos, por la cara interna pasaba su lengua y su barba me hacía cosquillas a la vez que me mojaba más. Si era posible morir de calentón yo estaba camino del cielo.

Agarró con sus dientes la cintura de las bragas, del mismo color que el sujetador y las deslizó por mis piernas hasta dejarlas en el suelo. Abrí las piernas más y pasó la palma de su mano por mi sexo, mojándosela entera y haciéndome temblar. Agarré su cabeza, le miré con mi labio entre los dientes, y gemí cuando lo vi acercar su boca hasta mi coño. Dios que placer, que lengua... me abría con sus dedos y deslizaba la lengua con travesura, jugueteando con mis pliegues y mi clitoris, pegando pequeños mordiscos y toques con sus dientes y lengua, comiéndome entera.

Se apartó cuando le apeteció, se quitó la camiseta, me dio la vuelta y contra la pared se pegó a mi mientras se quitaba el cinturón y se desabrochaba los botones. El sólo sonido de la hebilla ya me estaba poniendo a mil sólo de imaginar lo que vendría después. Se sacó la polla y me la pegó al culo, la pasó despacio y pude notar su calor, su dureza y la humedad que empezaba a desprender. La acercó a mi entrada y la rozó, con la punta, haciendo amagos de querer entrar "La quieres ¿eh, niña?" me dijo en mi oído antes de darme un toque con ella. "Voy a follarte tan fuerte y va a gustarte tanto que suplicarás por más".

Me apartó de la pared y me puso contra la encimera, me inclinó, agarró mis nalgas y abrió para pasarme la mano antes de penetrarme desde atrás con un dedo. Me azotó, no una, ni dos, ni tres, sino varias veces y podía notar el calor que emanaba mi cachete, casi podía imaginar la rojez que había dejado en el. Metió uno, dos, y hasta tres dedos en mi, entraba y salía despacio y luego acelerando el ritmo, mientras que con la otra mano me agarraba del cuello y llevaba sus dedos hasta mi boca para sujetarme desde ahí. Le mordí, apartó la mano y me dio otro azote. Llevó su polla hasta mi entrada y me la metió de una embestida haciéndome soltar un pequeño grito de sorpresa y placer. Cogió mi pelo con su mano y me embistió mientras mi cabeza era echada hacía atrás por los tirones y me tenía completamente arqueada, sometida, poseída.

Mis pechos bailaban al compás de las embestidas y pronto llevó una de sus manos hasta a ellos, para masajearlos y pellizcarlos. "Más... mas fuerte, fóllame más fuerte" , era lo único que alcanzaba a decir yo. Se salía de mi con demasiada facilidad, estaba muy mojada y entraba y salía de mi cada vez más y más deprisa. Tendría una visión perfecta de su polla entrando y saliendo de mi cuerpo, una imagen tan excitante como explicita a partes iguales que me hubiera gustado observar. A ratos se pegaba tanto a mi cuerpo que sentía el cosquilleo de su pecho en mi espalda, del roce de su cuerpo y el mio, jodiendo como posesos.

Cada empujón era más fuerte que el anterior. No sabía como dar con la manera de tocarme, como abarcar el máximo de mi cuerpo con sus manos. Bajó con sus dedos por mi vientre, llegando hasta mi sexo inflamado y empapado, trazó unos cuantos círculos que bastaron para catapultarme al orgasmo más profundo, hacer que me corriera con su polla dentro de mi, contrayendo mis músculos alrededor de su erección y gimiendo sin control mientras respiraba con dificultad y el corazón se me disparaba.

Salió de mi, me dio la vuelta y me puso de rodillas, empezó a masturbarse mientras me acariciaba los labios y bajaba sus dedos a mi pecho, sin dejar de mirarme se corrió en ellos y la restregó, como quien pinta un lienzo con mimo. Los dos respirábamos agitadamente y entre tanto alboroto no alcancé a oir la puerta.

  • Mayka, ya estamos en casa. - La escuché decir. - al final hemos venido antes.
  • Mierda, mi madre... vístete. - me pasé la mano por el pecho rápidamente y me puse de pie recogiendo la ropa del suelo. - Será mejor que te vayas, ¡ya!.
Al final salió por la puerta de atrás cuando mi madre entró a la cocina y me pilló de espaldas como ella me trajo al mundo.




Sola en casa (1 Parte )


Sola en casa


Vivo en una casa de dos plantas donde la planta baja tiene una piscina propia. Para haceros una idea, la puerta principal de la calle se abre en la planta de abajo, donde avanzas unos metros, giras y tienes un patio con la piscina, en un lateral con una mesa larga de cristal, seis sillas, una hamaca, un par de macetas en cada esquina y una pequeña barbacóa de obra. Todo el suelo es cesped, salvo el pequeño camino que lleva desde la puerta principal de la calle hasta las escaleras, que al subirlas, está la puerta de la casa.
Es un barrio pequeño, separado del centro y bastante soso en cuanto ambiente. La mayoría de mis vecinos son parejas que ronda como mínimo los 35-40 y el único ser más joven es un crío de unos 7 años, así a ojo. Es un barrio con mucha vegetación y un parque al final de la calle donde hace una pequeña rotonda y hay unos bancos en los que en más de una ocasión, están mis vecinos como únicos visitantes.

Yo tengo 28 años, aún vivo con mis padres aquí y conozco a casi todos mis vecinos desde que hicieron esta zona y nos mudamos todos aquí. Desde entonces hay uno con el que he tenido más de un encontronazo porque me mira más de la cuenta, me habla de manera, borde o simplemente a veces me ignora y no entiendo el porqué. Se mudó hace unos meses, es padre de ese niño que mencioné antes, el de los 7 años. Un crío insoportable que siempre está dando por culo en la rotonda del barrio donde la mayoría de vecinos se sientan a tomar el fresco por la tarde.

Ese niño se dedica a jugar con la pelota y molestar a todo ser viviente. Porque sí, porque así es él de cojonero.Ya he tenido varias veces el encontronazo con su querido padre. Un señor que pasará los 45 como mínimo, que estaba de muy buen ver, al que le he dicho en más de una ocasión que cuide un poquito más de su hijo y lo eduque mejor. El niño hace lo que le sale la real gana y la madre... la madre es harina de otro costal. Sencillamente nunca está. Sale por la mañana y llega muy tarde de noche.

Como cada día desde que empezó el verano me voy a la piscina a bañarme y a tomar el sol. Libro en mano me tumbo sobre la tumbona y me retuesto como un garbanzo mientras leo. Desde otras casas se puede ver mi patio y no sería ni la primera ni la última vez que eso pasa y he tenido que llamar la atención o pedir a mis padres que pusieran un toldo. Cosa que no consigo sacarles ni aunque frote la lámpara de Aladin.

Llevaba una semana siendo espiada por él. No importaba lo que hiciera, que estuviera en el agua, tomando el sol, tumbada, comiendo en la mesa que había bajo un techo en uno de los laterales, que estuviera tendiendo algo en el tendedero plegable... le daba igual. El caso era mirarme. Era cruzar miradas y salir chispas de ella. Yo creo que nos odiábamos tanto que cualquier día alguno de los dos sufiría un jamacuco en nuestros encontronazos. En los últimos días habíamos discutido un par de veces por las pelotas de su hijo, ya que el angelico no tenía otra cosa que hacer que tirarme pelotas a mi patio y que, llenas de barro, cayeran en mi piscina.

Era viernes, mis padres se habían ido de vacaciones una semana y tenía durante ese tiempo la casa para mi sola. Como tal mi único plan era ponerme hasta arriba de porquerías, tumbarme en bragas en el salón y ponerme Netflix a hacer un maratón de alguna serie a la que estaba enganchada. Iba a ser una semana de relax máximo, de mucha comida basura y mucha televisión.


Serían las 9 de la noche cuando se me pasó por la cabeza darme un homenaje de tranquilidad y mimo en la piscina de noche, y llevándome el altavoz hasta la piscina, enchufé el móvil a el y subí el volumen. Sonaba You're My Heart, You're my Soul (mis gustos musicales son cosa aparte) cuando fui a la cocina a ver como iba la pizza del horno. La saqué, la puse en el plato cogí un vaso, una lata de té frío y con el pie abrí la puerta de la cocina que comunicaba al patio. Lo puse todo en la mesa, encendí la luz del lateral que alumbraba más y me senté a cenar mientras la música seguía sonando y yo pensaba en sepa dios qué que ni me acuerdo ya.
El caso es que había terminado de comer, había llevado todo a su sitio y había dejado el plato y lo demás en el fregadero cuando al volver, después de lavarme los dientes, me quité el vestido y me quedé en bikini.

Lo había comprado el día anterior, blanco y negro, con la parte de arriba sin cuerdas en el cuello por que un día iba ahorcarme con mis propias tetas. Creedme si os digo que una 110 copa D pesa como si tuviese ahí dos minimelones. Me encantó cuando lo vi en la tienda haciendo "Zapping" por la web online, pero al ser sin tirantes mi amiga me dijo "Mayka, se te van a salir las tetas", así que sencillamente lo dejé para casa, donde se podían salir sin problema.

Y allí estaba, poniéndomelo bien y atándome el lazo de la braga a la cadera. Poco después metí un pie en el agua, probando con gusto la temperatura de la misma. Era una delicia ver lo templada y buena que estaba. Era ideal bañarse de noche cuando todo el día había calentado el agua el sol. Daban ganas de meterse para no salir.

Así que no lo dudé más, me tiré de cabeza sin pensar en las miles de veces que me han dicho eso de que "antes de meterse hay que hacer la digestión, no puedes meterte recién comida". Permitir que os diga que esa leyenda urbana no iba conmigo. De toda la vida del señor me había bañado recién comida y ahí estaba, vivita y coleando. Sonaba Another brick in the wall cuando saqué la cabeza del agua y me pasé las manos por la cara echando el pelo hacía atrás.

Estaba en paz. Que armonia sin mis padres en casa, sin nadie que me diera por culo, sin vecinos mirando por que a esta hora estarían muy ocupados con sus vidas de pareja, sus niños, sus ganas de irse a dormir, que tranqu...

Se rompió la tranquilidad cuando el timbre empezó a sonar sin parar. Hice caso omiso porque por nada del mundo tenía intención de salir del agua. Pero el ding dong me estaba poniendo enferma y no me quedó mas remedio que salir, con mala gana y sin coger la toalla si quiera. Fui de muy malas maneras andando descalza y chorreando, parecía un gremlin un día de lluvia. Cuando vi por la parte de arriba de la puerta quien era mi rabía hizo que se me pusieran los pelos de punta cual personaje de manga en plena ira.

Abrí la puerta en bikini y con las gotas cayendo de mi pelo y cuerpo.

-¡¡¡¿Qué?!!! - Grité ante mi vecino, que puso cara de sorpresa y desagrado ante mi presencia.
  • Tienes la música muy alta. - Se quejó mirándome de arriba abajo y quedándose unos minutos mirando unas gotas que resbalaban por mi cuello.
  • Es viernes. No está tan alta. - Me crucé de brazos y eso hizo que mis pechos se movieran ligeramente. - No se queja Ramón que a estas horas estará dormido y te quejas tú.
  • Obvio. - Carraspeó. - Él está sordo, a mi me retumban los cristales.
  • Serás embustero. - Mi mecha de la paciencia estaba encendida, iba camino de consumirse. - Si ni siquiera está a tope.
  • Mi hijo no puede dormir.
  • Tu hijo es satanás, con esa conciencia tampoco podría dormir yo.
  • No te permito que hables así de mi hijo. - alzó el dedo apuntándome. Se empezaba a poner ya un poco rojo, igual la tensión...
  • Es verdad, la culpa es de sus padres, si lo educases mejor no sería un vástago de lucifer.
  • Mira quien fue hablar de educación, la que habrás tenido tu siendo como eres.

Esto último me puso más nerviosa de la cuenta, lo admito, y cogí lo primero que pillé, que fue el cesto de las pinzas de la ropa, y se lo tiré a la cara.

-¿Pero qué coño te pasa, niña? - Me había llamado niña. Ahora si íbamos a tenerla.
-Niña tu puta madre, fuera de mi casa.
  • Hablaré con tus padres. - Me dijo mientras le cerraba la puerta en la cara.
  • Y yo con los tuyos, a ver por que razón tu madre no te abortó hace 50 años.
  • ¿Me estás llamando viejo? - Gritó al otro lado de la puerta.
  • La edad no es la que tienes sino la que muestras, y pareces mas anciano que Bartolo. - Bartolo era el mas veterano de todos mis vecinos, tenía 78 años.
  • Maldita niña. - Otra vez la palabra niña.
  • Abrí la puerta echa una furia y cuando alcé la mano para darle un bofetón me sujetó sin esperarlo.

Yo le miré, él me miró... la tensión, la ira, la... espera... ¿estaba mirándome las tetas?. Claro que las miraba, como que se me había salido una y la otra amenazaba con hacer lo mismo. Me acordé de María, "Mayka, se te van a salir las tetas". En el esfuerzo y el cabreo había puesto tanto enfasís que no pensé en lo que llevaba.
  • Vete de mi puta casa, enfermo.
  • Un par de azotes a tiempo y no estarías tan resaviada, niña.
  • Aplicaló en el pequeño Lucifer. - le cerré la puerta en la cara, otra vez, y esta vez no volví abrir.
El me atacaba a mi y yo atacaba a su pequeño demonio. Era siempre igual. El criticaba mi educación y mis maneras y yo criticaba su falta de educación para con su hijo. No os confundáis, yo tenía muy buena educación, pero sólo los que son dignos merecen verla.

Me apoyé en la puerta de espaldas a ella y cerré los ojos ¿qué había sido eso? Ese enfrentamiento me había mosqueado tanto como excitado. Un cosquilleo muy tonto corría entre mis muslos y mis pezones estaban duros como para tallar diamantes sin estar en el agua. Qué calor hacía... madre de dios.

Volví a la piscina con más cuidado que antes, que casi me resbalo y me rompo la crisma, y fui al altavoz, agarré la rueda de volumen y... lo puse a tope. Sonaba The unforgiven, casi me dolían los oídos a mi y pensé en el resto de vecinos que, pobrecitos, no tenían culpa de nada. Vi que se asomaba a su ventana y se quedó mirándome con cara de pocos amigos. Le sonreí y vocalicé un "jodeté". Cuando se metió para adentro bajé la música, no por él, sino por los demás, y la dejé como estaba al inicio cuando vino a quejarse.

Me metí en el agua otra vez, cerré los ojos y me relajé. Era ya noche cerrada, pasaban las 12 de la noche cuando estaba mirándome en la tablet un capítulo de Friends tumbada en la hamaca. La música la había quitado y pronto me iría para adentro. Cuando acabó me di otro chapuzón pero por la hora que era no pensé que nadie pudiera asomarse. Apagué las luces del patio y fui a la piscina. Una vez dentro del agua me quité la parte de arriba y la de abajo, me quedé desnuda, nadando dentro del agua tibia y zambullida en ella hasta que empecé arrugarme.

Estaba en una de las esquinas semitumbada, con los brazos y la cabeza echada hacía atrás apoyada en el borde y los ojos cerrados, cuando los entre abrí porque me sentía observada lo pillé ahí, mirándome como un pajillero de descampado, creyendo que no lo veía y ensimismado conmigo. Así que haciendo alarde de una sensualidad que no sabía que tenía y un valor que me había salido así, de repente, metí la mano en el agua y me agarré un pecho, luego bajé la mano despacio hasta ponerla entre mis piernas y abrí la boca, fingiendo gemir.

Abrí los ojos de par en paz y lo pillé de lleno mirando, haciendo que girase la cabeza y apartase la mirada. Yo también quité la vista de él y cuando volví a sentirme observada, por el rabillo del ojo comprobé que mis imaginaciones tenían fundamento. Así que me puse de pie, en el centro de la piscina y pegué un salto y cogí impulso para volver a zmbullirme en el agua, haciendo que mis tetas se movieran y que mi culo saliera a la superficie. Buceé hasta la otra punta para salir por las escaleras, empapada y desnuda. Me agaché, poniendo mi culo en primer plano y recogí la toalla del suelo, liándome en ella y metiéndome en la cocina. Reconozco que la escena de exhibicionismo me puso como una puta moto, algo que nunca imaginé.


Aquella noche soñé cosas. Cosas que no debería haber soñado y que me hiceron despertarme con la mano en las bragas y muy mojada. Recordaba haber sentido su lengua, sus manos, su cuerpo presionando el mio, embistiéndome contra la pared, agarrándome del pelo, pegándome azotes y poniendo mi culo rojo antes de follarme a cuatro patas. Desde que la palabra azote salió de su boca, un cosquilleo me recorría entera al pensar en él poniendo sus manos en mis nalgas.



Me desperté, eran las 5 de la mañana cuando miré el móvil y no podía volver a dormir, me metí en Twitter y en Instagram a mirar algunas publicaciones y a escribir algunas cosas un tanto profundas. En la noche me ponía filosófica. Era un efecto secundario del no dormir y del gilipollismo que me estaba dando con mi vecino. Yo le odiaba, ¿Por qué tenía que soñar con él?. Al final no se ni cuando ni como me quedé dormida cogida al móvil. Cuando volví a despertarme ya eran las 12 de la mañana, hice algunas cosas por casa y antes de comer me fui a darme un chapuzón en la piscina. Era algún tipo de ritual que tenía los veranos, bañarme antes de desayudar o de comer, nada más levantarme tarde, para despejarme.

¿Otra vez ahí? Ese tío se pasaba el día mirando por la ventana como el vecino más cotilla de la historia. Y así pasaron los días, siendo espiada cada vez que me bañaba y tirándonos miradas de odio cada vez que nos cruzábamos.

Era Miércoles estaba yo viendo la tele, un documental musical en Netflix, en el salón, cuando escuché el timbre. Eran las 4:30 de la tarde cuando me levanté de mala gana del sofá, me puse el vestido que tenía en uno de los sillones porque estaba en bragas y sujetador y fui descalza hasta la puerta. Y ahí estaba él, vestido con unos pantalones vaquero negro y una camisa color oliva abierta con una camiseta negra debajo, de nuevo en mi puerta mirándome pero sin querer quedarse en mis ojos. Apartaba la mirada al suelo o intentaba esquivar la mia ¿Pero qué...?.

  • Vengo a por la pelota de Dani, ¿Puedes echarla, por favor?
  • Si esa pelota a vuelto a caer en mi piscina yo misma la pincharé.
  • Es un niño, ha sido un accidente.
  • Tu pequeño Lucifer no para de tirar la pelota a mi lado del patio, ¿no tiene ese angelito otro sitio donde echarlas?
  • ¡Que no llames a mi hijo así! - Dijo cerrando los ojos intentando mantener la compostura. - No volverá a ocurrir.
  • Ya lo creo que no, cuando se quede sin una aprenderá la lección con las demás.

Me encaminé hasta el patio, pasando por el césped de la entrada y del tendedero plegable que estaba con ropa de la mañana anterior cuando había tendido y llegamos hasta la piscina, donde flotaba su pelota llena de tierra y había dejado una mancha enorme en el agua.

  • Puto niño. - Grité dándome la vuelta y mirándole con los brazos en jarras.
  • Dámela y no volverá a pasar.

No le hice caso, fui hasta la cocina y cogí un cuchillo, salí muy seria hasta el patio.

  • ¿Qué haces? ¿A dónde vas? - Gritó intentando agarrarme del brazo. - ¿Estás loca? Es un niño
  • Que me dejes. Estoy hasta el coño de tu niño, de ti y de su puta pelota.

La cogí y me fui hasta la pared, poniéndome de espaldas a él que intentaba quitármela de las manos.
  • Te vas hacer daño, dame eso.
  • No. Esta pelota no cae más aquí.
  • ¡¡¡Que me la des!!!
  • ¡¡¡Que no!!!

La tensión del momento quizás fuera la culpable de que una de sus manos me diera un manotazo en el culo. Pero lejos de lo que esperaba de mi misma no reaccioné con mi ira habital.
  • -¿Pero qué haces? - Escupí más bajito de lo que que hubiera hecho yo.
  • -Lo siento. No sé que me ha pasado. - Levantó las manos.
  • Si vuelves a ponerme la mano encima... - Me estaba calentando. Y en el doble sentido de la palabra además.
  • Quizás el problema es tuyo por no saber controlarte con un niño, es una simple pelota.
  • ¿Eres imbécil? Ese niño lleva amargándome desde que llegó, no es mi culpa que no sepas educarle y enseñarle a respetar a sus vecinos.
  • No es que tu me tengas mucho respeto. - Hizo una mueca.
  • Porque no te lo mereces.

Agarró la pelota y dio un par de pasos adelante, arrinconándome contra la pared con la pelota en las manos y el cuchillo sobresaliendo de una de ellas. Me quitó el cuchillo de las manos y lo puso sobre la mesa de cristal que había al lado. Volvió la mirada hasta a mi y solté la pelota a la vez que él. Ésta cayó al suelo y rodó hasta el borde de la piscina haciendo amago de volver a caer. Apoyó sus manos en la pared, alrededor de mi cuerpo. Su cara estaba a escasos centímetros de la mía, yo miraba a su boca y el sacó la lengua y se la pasó por los labios mientras me miraba de arriba a bajo.

Tragué saliva, casi podía sentir sus manos rozarme la cintura, y sus ojos penetrando por debajo de mi ropa, desnudándome con la mirada. El silencio que me pareció eterno se vio rompido por una música prominente del salón. Se escuchaba Nothing Else Matters cuando su mano se posó en mi cadera y descendió hasta mi muslo pegándose a mi cuerpo, agarró el filo del vestido y cerrando la mano aferrada a la tela ascendió rozando sus nudillos por mi piel.

Nuestra respiración se aceleró mientras yo me mordía el labio conteniendo los nervios y la excitación del momento. Puse las manos en su pecho intentando, falsamente claro está, quitármelo de encima. Subió lo suficiente la tela como para ver mis braguitas blancas de algodón con un lacito en el centro y encaje en los bordes. Daleó la cabeza y me miró a los ojos sonriendo. Con la otra mano deslizó el tirante de mi vestido rosa de cerezas por mi hombro y dejó a la vista mi sujetador del mismo color que las bragas. La mano que tenía en la parte baja de mi vestido se movió hasta mi ombligo y con un dedo fue bajando, clavándose en mi piel, hasta llegar a mi sexo.

  • Niña mala. - Susurró en mi oído. - Estás empapada.

Y por primera vez fui incapaz de rechistar porque era verdad que lo estaba y la situación me estaba poniéndo muchísimo.
Los pezones se estaban endureciéndo bajo la tela, y su dedo pasando una y otra vez por mis labios vaginales no era de mucha ayuda.

  • Se diferenciar cuando alguien quiere y cuando no. - Dijo en mi boca.

Sus manos agarraron mis pechos y los apretó, juntándolos, como hizo con su cuerpo presionando el mio haciéndome ver su grado de excitación. Estaba tan empalmado que pude sentirla claramente en mi vientre, deseando salir de su ropa.

    • Dime que es lo que quieres... - Me dijo cuando me soltó las tetas y llevó su mano entre nuestros cuerpos hasta el interior de mis muslos. - dimelo, niña.

Pero cuando iba abrir la boca para decir algo, que no sabía ni lo que iba a decir, se escuchó unos pasos y una vocecita.

  • ¿Papá? - Los dos miramos con los ojos abiertos como platos. - Papá ¿y mi pelota? ¿Porqué tardas tanto?
Y juro por dios que en ese momento no sabía si amar a ese niño o meterlo en la piscina.