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lunes, 30 de julio de 2018

Sola en casa parte 2




Se fue. Lo cierto es que sentí cierto alivio cuando salió por la puerta y perdí sus ojos penetrantes de mi vista. Con el crío ahí había bajado mi falda con cuidado sin moverse lo más mínimo para que el niño no viera nada. Yo sólo pude subirme el tirante con la mayor naturalidad del mundo. Pero mi calentón era épico. Mis bragas parecían sacadas de la piscina. Vale, igual exagero. Pero ese tío me estaba poniendo mucho y a pasos gigantes se había colado en mi subsconciente y tocado una parte íntima de mi ser y de mi cuerpo.

Me quedé un rato mirando al agua de la piscina, sumergida en ella, vagando por mi mente hasta recrear nuevamente ese recuerdo de hacía apenas unos minutos. Las preguntas se agolpaban en mi cabeza ¿Y si ese niño no hubiera llegado? ¿Y si hubieramos cerrado la puerta y ese niño no hubiera entrado? ¿Y si hubiera pasado algo entre los dos? Bueno esto último no era posible, era demasiado surrealista hasta para mi que tengo un record guinness de cosas raras en mi historial. Pero liarme con mi vecino al que odio no es precisamente algo que imaginase... Podría ser que esa fuera su manera de castigarme, de callarme la boca, de intentar ganar una batalla verbal que claramente él siempre perdía. Eso debía de ser, sí.


Me abracé sobre mi misma y miré al suelo donde estaba la pelota aún. Con todo el lío de antes ni se la había llevado. Así que la cogí del suelo y la lancé todo lo alto que pude embarcándola al otro lado de la pared. Era una pared corta, no era muy alta y la mitad de ella estaba hecha de alambres. La altura no era un problema, mas si su visibilidad porque desde ahí se veía más de lo que querría alguien mostrar.
Aunque con esto último he de decir que he experimentado sensaciones que no esperaba. Nunca imaginé que sentirme observada y expuesta hacía un desconocido o alguien como mi vecino me produjera la más mínima sensación, pero así era. Adoraba salir y exhibirme delante de ese cabrón. Ponerme ligera de ropa y hacer algo, lo que fuera, aúnque fuese regar los maceteros de las esquinas, me atraía el simple hecho de sentir que él, no otro, ÉL, me observase y me mirara. Me encantaba. Y siempre conseguía crearme mariposas que se me escapaban por las bragas. Cada vez le odiaba más.


Me metí en la cocina a hacerme algo de merendar y poco después me fui arriba a ponerme el bikini para darme un baño. Como era de esperar en cuanto escuchó el chapurreo del agua lo vi asomarse, esta vez sin camiseta, lo cual me pudo facilitar la visión de su pecho. Madre mía como estaba el papi. Siempre pensé que tenía un fetichismo extraño, pues me atráin los hombres que eran padres. Tenía cierto grado de cronofilia y teleiofilia, vale que no era una adolescente, pero los cambios de edad me generaban un interés importante. Quizás mi obsesión por los hombres fuese otra consecuencia de esto y que mi androfilia creciera con el paso de los años. María se divertiría cachondeándose de mi si supiera lo que me está pasando con el vecino de los cojones. No pienso contarselo jamás.

Cerré los ojos y me metí en el agua, me eché el pelo hacía atrás y saqué la cabeza. Me fui nadando hasta la escalera, me puse de espaldas a él y me quité la parte de arriba. A estas alturas ya no me importaba que otros me pudieran ver, además... estaba en mi propia casa, no es problema mío si miraban. Me di la vuelta, me agaché y cogí agua con las manos y me la eché por encima de los pechos. Miré directamente hasta su ventana y ahí estaba él, esta vez no se había quitado. Es más clavó sus ojos en los mios y mantuvimos un juego morboso de miradas mientras yo me echaba agua y me rozaba los pechos. Mis pezones se irguieron y los agarré con mis dedos para pellizcarlos, mordiendo mi labio inferior sin dejar de mirarle.

Su cara lo decía todo, estaba tan cachondo como yo lo estaba. Me metí de lleno en el agua y empecé a nadar con los ojos cerrados de un extremo a otro, perdiéndome en mis pensamientos y fantasías, imaginando situaciones que jamás sucedería.

Cuando salí del baño me di una ducha rápida y me fui a mi habitación, me asomé a la ventana y vi que en la suya ya no estaba, así que pensé que quizás desde la habitación de mis padres podría ver algo más. Cogí el pijama, la ropa interior y me fui hasta allí. Cerré la puerta y abrí las cortinas, viendo como al fondo de otras de sus ventanas se podía apreciar una luz encendida y la sombra de alguien que se estaba levantando.

Fue a echar las cortinas cuando me vio asomada y se quedó ahí con la mirada retadora. Desaté la toalla del pelo y lo dejé que cayera sobre mis hombros, sin apartar la vista de él. Lo que hice acontinuación no me lo esperaba si me lo hubieran dicho días antes. Agarré la toalla del extremo que me sujetaba y la abrí, dejándola que cayera a mis pies y que sólo el pelo me cubriera parte de los pechos, para que me viera a través de la ventana desnuda, con luz, completamente sin nada.

Se mordió el labio, cerró los ojos mientras levantaba la barbilla y se dio la vuelta dejándome así.

Cuando creí que no volvería a verle apareció de nuevo, apagó la luz de su habitación y se quedó observándome. Me di la vuelta, y caminé hacía la cama contoneándome más de lo necesario, me senté en ella y abrí las piernas de par en par y me agarré las rodillas para que viera mis pechos y mi sexo completamente expuesto para él. Quería jugar y estaba cachonda como una perra en celo, así que decidí darle un espectáculo para ver su reacción.

Me metí los dedos en la boca, jugueteé con ellos, chupando como si fuese lo más interesante del mundo y los bajé en dirección a mis pechos, apretándo mis pezones, descenciendo hasta mi ombligo, abriendo más las piernas y poniéndolos en mi sexo. Acariciaba de arriba abajo, abriendo mis labios vaginales, pasando un dedo y con la otra mano masajeando mis pechos mientras abría la boca, cerraba los ojos y la echaba hacía atrás.

Gemía, sin pensar en que él no lo estaba escuchando pues me daba igual, estaba disfrutando el momento y desesaba tocarme para él y que lo viera. Le miré, y pude apreciar a través de la oscuridad el movimiento de sube y baja que estaba ejerciendo con su mano. Me vine arriba. Sabía que se estaba masturbando mientras me veía hacer lo mismo. La excitación subía y mi ego se incrementaba hasta el punto de que su excitación por mi era mi mecha para explotar. Moví los dedos trazando varios dibujos en mi sexo mientras me tocaba, me acariciaba, me retorcía y arqueaba para dar paso, poco después, a un estallido de convulsiones de mi cuerpo con el orgasmo.



Me quedé dormida, no recuerdo cuando pasó pero estaba en la cama de mis padres completamente desnuda y el pelo enmarañado. Eran las 4 y pico de la mañana y no me podía dormir. Me puse la ropa interior y el pijama que me había llevado a la habitación y me bajé a la cocina a prepararme algo de comer.
Salí de la cocina con un sandwich de pavo y un té frío y me puse en el salón a ver la tele, puse mi adorada Netflix y me puse una película a la que no le presté mucha atención y con la que, al poco tiempo, me iría a por un libro. Esta vez en mi habitación, tumbada en la cama con el libro abierto y leyendo palabras que no retenía en la cabeza. Me puse los auriculares y cargué mi lista de spotify y me bajé a la planta de abajo para limpiar un poco la casa. A Las 5:10 de la mañana, señores, a esa hora esta yo pasando el mocho con Modern Talking sonando en mi móvil a toda ostia y sin poder pegar más ojo.

Mi cabeza era una locomotora de pensamientos y todos estaban por encima de los 40 grados. Le veía en todas las putas partes comiéndome el coño o los morros y empotrándome como una perra sin piedad. Le escuchaba a él y no a los cantantes que sonaban "Need your kisses, baby, baby, need, that stuff" decía la letra de la canción telegram to yout heat.

"Maldito hijo de perra" grité quizás más alto de lo normal sin darme cuenta de que no lo decía para mis adentros. Menos mal que estaba sola. En unos días llegarían mis padres y se acabaría este tormento lascivo, esto era culpa de la adolescencia repentina de quedarme sola con 28 años y un vecino salido que está tan bueno como para no pensar con la cabeza.

Si ese puto crío me tira la pelota, yo se la devuelvo y a callarme como una puta no vaya ser que vuelva a venir y esta vez no habrá puertas abiertas. Me sorprendí a mi misma pensando en la posibilidad de que volviera con alguna excusa y dejarme hacer y ceder ante mis fantasías.
Pero ahora me rondaba en la cabeza la puta idea de que me había tocado mirándole y totalmente expuesta...¿Pero en que pensabas, Mayka? ¿Estás loca, mujer?... era muy tarde como para arrepentirse, ¿Y si se lo decía a mis padres? Claro, y mis padres se lo iban a creer... y por qué lo iba hacer... él estaba casado y quedaría como un mirón. Y ahí estaba yo, montándome un diálogo yo sola conmigo misma que me preguntaba y respondía todo mientras echaba cristasol en las ventanas y empezaba a dar los primeros rayos de luz en mi lado de la calle.

Durante el día no salí de la casa bajo ningún concepto. No quería encontrármelo en la piscina y volver a ponerme más boba de lo normal, así que me encerré con una tarrina de litro de helado de vainilla con nueces y caramelo y me puse como Homer Simpson en mi lado del sofá con las piernas estiradas sobre la mesita auxiliar, y como no podía ser de otra forma con Netflix. Me estaba descojonando de la escena en la que Chandler abre la puerta de su habitación y Joey la había rajado por la mitad cuando mi timbre sonó. Sí. Sonó y un escalofrío me recorrió entera de arriba abajo pensando en él. Estaba aterrada en mi propia casa por un vecino al que le había abierto las piernas. A distancia eso sí.

Pero no era él, era su hijo, el pequeño Lucifer llamado Dani, que venía amablemente a decirme "Señora puede darme mi pelota", que majo el niño, "señora", luego me dirán que porque le odio con todo mi ser.

Fui a por la puta pelota cagándome en toda la corte celestial y los antepasados del niño y la cogí del agua. Esta vez no me dejó la piscina sucia. Y se la llevé hasta la puerta. Encontrándome con, sorpresa, su padre.

  • Toma. - Le tendí de mala gana la puñetera pelota. En ese momento me apetecía darle un balonazo en la cara.
  • ¿Qué se dice? - Le agarró su padre del hombro cuando el crío se iba.
  • Gracias, no volverá a pasar.
  • A ver si es verdad, bonito. - y en ese bonito iba toda mi ira acumulada en los últimos 28 años.
  • Ve a casa, que tengo que hablar con la vecina.


Terror, pavor, excitación, miedo... verguenza extrema me recorrieron entera cuando el niño se fue. Por una milésima de segundo quise cogerlo y abrazarlo como si fuese mi mejor amigo y dejarlo allí, conmigo, los dos frente a su padre.

      • Deberías cerrar las cortinas, se ve todo. - Me dijo socarrón.
      • Y tu. - Es todo lo que pude decir.
      • ¿Puedo pasar?
      • No.
      • Tengo que hablar contigo.
      • Podemos hablar en la puerta.
      • Preferiría que no se enterasen los vecinos.
      • Pasa. - Dije de mala gana por quedarme a solas con él pero con una excitación terrible por la misma razón.


Silencio. De pronto todo estaba en silencio y no había una sola palabra de su boca "Tu dirás" dije sin mirarle a la cara.

Me cogió del brazo bruscamente y me llevó hasta la parte de la piscina donde me soltó. Se quedó mirándome de arriba abajo lamiéndose los labios "Ya lo he visto, ahora quiero saborearlo" quise hacerme la tonta, hacer como que no sabía a que se refería así que hice un mohín con la boca y me encogí de hombros. Dio un paso al frente, luego otro, mientras yo retrocedía y me dejó con mi culo pegado a la altura del filo de la mesa. Me cogió del cuello y me tumbó "Estás loco, la mesa no que es de cristal", me volvió a poner a su altura y me arrastró practicamente hasta la barbacoa, poniéndome de cara a ella y pegando su cuerpo al mio, agarrándome de las caderas y pegándome a él. Susurrando en mi oído y apartando el pelo de mi cuello con su nariz mientras aspiraba mi olor y me rozaba con los labios, con los dientes y me lamía. Metía una mano por mi camiseta y subía lentamente hasta uno de mis pechos que tocaba por encima del sujetador. La otra mano la usó para desatar el pequeño cordón que ataba mi pijama y desatándolo con maestría, metió la mno dentro y palpó por encima de la tela notando mi humedad.

"¿Siempre estás tan humeda y receptiva?" preguntó en mi oreja mordiéndome el lóbulo. Apretó mi coño bajo sus dedos y suspiré, dejando escapar un gemido de deseo que intenté callar mordiendo mi labio sin mucho éxito. "Quiero follarte hasta reventarte, puta niña cojonera". Las ganas, la ira, el odio en sus palabras y esas palabras tan bien escogidas me terminaron de estremecer y apreté mis muslos con su mano en mi sexo, la que movió para clavarme los dedos. "Aquí no, nos pueden ver" logré decir cerrando los ojos, echando la cabeza en su hombro y agarrando su mano para sacarla de mis pantalones.

Casi pegados fuimos andando los escasos metros hasta la puerta de la cocina, la que abrí con fuerza y más ganas que nunca, lo agarré de la camiseta y le empujé hasta meterlo dentro. Me estampó contra la pared, agarró mi cara entre sus manos y me besó. Dios como besaba, maldita lengua lavadora de cerebros... se me olvidó por qué le odiaba y sólo deseaba tenerle entre mis piernas, empujando y jodiendo como un puto loco.

Se apartó, dedicando un minuto para mirarme, para pasar su pulgar por mis labios y meterlo en la boca para que le chupara, lo hice cerrando los ojos y abriéndolos despacio pillandolo con sus ojos estáticos en mis labios. Me agarró la camiseta por el filo y la subió lentamente, agachándose para lamerme de abajo arriba el vientre. Levanté los brazos por encima de mi cabeza para ayudarle a quitarla y me dejó en sujetador. Un pequeño sujetador de encaje negro que encerraba dos generosos pechos con los pezones erectos y sensibles. Las sacó de ahí sin miramientos. Las juntó con sus manos y las pasó por su cara, sacando la lengua y pasando los pezones por ella mientras estrujaba mis tetas. Puse mis manos sobre las suyas para incitarle a apretar más.

Se acercó hasta mi boca y me mordió los labios. Pegó su cadera a mi y noté una tremenda erección desde mi sexo hasta mi cintura. Ronroneé pensando en lo que podría hacerme con ella. Me agarró el pantalón del pijama y tiró de el dejándomelo por los tobillos y sacando yo los pies. Se puso de rodillas, me agarró de las caderas y hundió su cara entre mis piernas, ronzando con la nariz, aspirando mi olor, sacando la lengua y pasándola por la tela, mordiéndome por el pubis y los muslos, por la cara interna pasaba su lengua y su barba me hacía cosquillas a la vez que me mojaba más. Si era posible morir de calentón yo estaba camino del cielo.

Agarró con sus dientes la cintura de las bragas, del mismo color que el sujetador y las deslizó por mis piernas hasta dejarlas en el suelo. Abrí las piernas más y pasó la palma de su mano por mi sexo, mojándosela entera y haciéndome temblar. Agarré su cabeza, le miré con mi labio entre los dientes, y gemí cuando lo vi acercar su boca hasta mi coño. Dios que placer, que lengua... me abría con sus dedos y deslizaba la lengua con travesura, jugueteando con mis pliegues y mi clitoris, pegando pequeños mordiscos y toques con sus dientes y lengua, comiéndome entera.

Se apartó cuando le apeteció, se quitó la camiseta, me dio la vuelta y contra la pared se pegó a mi mientras se quitaba el cinturón y se desabrochaba los botones. El sólo sonido de la hebilla ya me estaba poniendo a mil sólo de imaginar lo que vendría después. Se sacó la polla y me la pegó al culo, la pasó despacio y pude notar su calor, su dureza y la humedad que empezaba a desprender. La acercó a mi entrada y la rozó, con la punta, haciendo amagos de querer entrar "La quieres ¿eh, niña?" me dijo en mi oído antes de darme un toque con ella. "Voy a follarte tan fuerte y va a gustarte tanto que suplicarás por más".

Me apartó de la pared y me puso contra la encimera, me inclinó, agarró mis nalgas y abrió para pasarme la mano antes de penetrarme desde atrás con un dedo. Me azotó, no una, ni dos, ni tres, sino varias veces y podía notar el calor que emanaba mi cachete, casi podía imaginar la rojez que había dejado en el. Metió uno, dos, y hasta tres dedos en mi, entraba y salía despacio y luego acelerando el ritmo, mientras que con la otra mano me agarraba del cuello y llevaba sus dedos hasta mi boca para sujetarme desde ahí. Le mordí, apartó la mano y me dio otro azote. Llevó su polla hasta mi entrada y me la metió de una embestida haciéndome soltar un pequeño grito de sorpresa y placer. Cogió mi pelo con su mano y me embistió mientras mi cabeza era echada hacía atrás por los tirones y me tenía completamente arqueada, sometida, poseída.

Mis pechos bailaban al compás de las embestidas y pronto llevó una de sus manos hasta a ellos, para masajearlos y pellizcarlos. "Más... mas fuerte, fóllame más fuerte" , era lo único que alcanzaba a decir yo. Se salía de mi con demasiada facilidad, estaba muy mojada y entraba y salía de mi cada vez más y más deprisa. Tendría una visión perfecta de su polla entrando y saliendo de mi cuerpo, una imagen tan excitante como explicita a partes iguales que me hubiera gustado observar. A ratos se pegaba tanto a mi cuerpo que sentía el cosquilleo de su pecho en mi espalda, del roce de su cuerpo y el mio, jodiendo como posesos.

Cada empujón era más fuerte que el anterior. No sabía como dar con la manera de tocarme, como abarcar el máximo de mi cuerpo con sus manos. Bajó con sus dedos por mi vientre, llegando hasta mi sexo inflamado y empapado, trazó unos cuantos círculos que bastaron para catapultarme al orgasmo más profundo, hacer que me corriera con su polla dentro de mi, contrayendo mis músculos alrededor de su erección y gimiendo sin control mientras respiraba con dificultad y el corazón se me disparaba.

Salió de mi, me dio la vuelta y me puso de rodillas, empezó a masturbarse mientras me acariciaba los labios y bajaba sus dedos a mi pecho, sin dejar de mirarme se corrió en ellos y la restregó, como quien pinta un lienzo con mimo. Los dos respirábamos agitadamente y entre tanto alboroto no alcancé a oir la puerta.

  • Mayka, ya estamos en casa. - La escuché decir. - al final hemos venido antes.
  • Mierda, mi madre... vístete. - me pasé la mano por el pecho rápidamente y me puse de pie recogiendo la ropa del suelo. - Será mejor que te vayas, ¡ya!.
Al final salió por la puerta de atrás cuando mi madre entró a la cocina y me pilló de espaldas como ella me trajo al mundo.




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