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miércoles, 1 de agosto de 2018

Las maravillas del campo Parte 3 Final


Las maravillas del campo parte 3

Sabía que se me había escapado más ruido de la cuenta, y mis sospechas se vieron resueltas cuando escuché a Lola al otro lado de la puerta.

  • Echaros lo que tengáis ahí mismo porque voy a entrar pero ya. - Y por su tono de voz sabía que no era un farol.

Me iba a llevar un rapapolvo de mucho cuidado por parte de mi amiga, pero sin duda había experimentado una maravillosa experiencia en el campo que para mi quedaba.

Me levanté de la cama rápidamente, cogí la camiseta de tirantes del suelo y me la puse en los pechos, apoyándome sobre la puerta de espaldas a ella.

  • Lola, cálmate mujer, que son imaginaciones tuyas. - Dije haciendo presión con el culo mientras me metía la camiseta por la cabeza y haciendo un gesto con la mano a Jorge , para que se metiera bajo la cama, que se movía por la habitación nervioso intentando coger su ropa.
  • ¿Imaginaciones mías? Vi a Jorge entrar – Bajó la voz – y su teléfono no para de sonar.
  • Pues que le llamen mas tarde, ya somos mayorcitos Lola.
  • Pone cariño, Cris.

Esto último me hizo mirarlo con odio infinito en los ojos. Se encogió de hombros y en ese momento de baja defensa Lola empujó con su hombro la puerta abriendo el pomo.

-¡Ja! Lo sabía. - Se agarró los pelos. - ¿Estáis locos o que os pasa? Hay 6 adolescentes ahí y una anciana a la que habéis mancillado su cama. Enfermos.

Jorge tenía ropa en la mano y con ella se tapaba sus partes nobles mientras se despegaba ya del lado de la cama.

-Por el amor de dios tápate. - Gritó Lola a Jorge. - Y tu...ponte las bragas.

Lola se movía de un lado a otro de la habitación, nerviosa, con cara de amargura. Cogí mis bragas del suelo y me las puse, mi peto y el sujetador, que metí debajo de la camiseta y me lo puse sin quitarme esta.

Jorge se dio la vuelta y se empezó a vestir mientras Lola miraba de reojo su culo y yo la pillaba de pleno. Cuando volvió la vista hacía a mi me quedé mirándola con los brazos cruzados por el pecho.
Creó una enorme "oh" con su boca y abrió mucho los ojos, cerrando los puños y haciendo un gesto de triunfo. No había quien la entendiera.

Le pedí a Jorge que nos dejase a solas. Y cuando estuve segura que se había ido la cogí del brazo y la llevé a la otra parte de la habitación, al lado de la ventana.

-Deja de actuar como si fueses mi madre.
  • Es que me van a despedir.
  • Me he acostado yo con él, no tu, deja de ser tan paranoica.
  • Ponía cariño en su móvil.
  • Y a mi qué más me da. Yo estoy soltera.
  • Eres una puta mala.
  • Y tu una siesa. - Sabía que esa palabra la ponía enferma y que la hacía cambiar de personalidad siempre.
  • ¿qué yo qué?
  • Siesa. - Deletreé después. - S i e s a. Disfruta un poco que parece que estás amargada.
  • No estoy amargada, soy responsable.
  • Y siesa. - déjame disfrutar un poco.
  • No os volváis a tocar en lo que recta de tiempo, por favor te lo pido.
  • Que sí. - Moví con la cabeza. - Ahora ve y preguntalé quién es ese cariño.
  • Si decías que te daba igual. - Sonrió. - ¿Te has enamorado? -Y puso cara de horror.
  • ¿Tu estás loca? Por un polvo la que me lías...anda ve.


Salimos de la habitación y cogí la ropa y la llevé hasta el pequeño lavadero que tenía Clara en casa. Abrí el grifo, puse la ropa en el cubo y eché el detergente líquido para lavarla a mano. La tendí en el tendedero del patio y volví al salón donde estaban todos esperándome con el desayuno en la mesa.

Desayuné como si no hubiera mañana, estaba muerta de hambre por el desgaste energético que tuve momentos antes. Jorge no paraba de mirarme durante la comida. Lola también. A ambos. De hecho intentó que en medio de nosotros hubiera toda la gente posible. Pero por suerte lo tenía a la distancia suficiente en la mesa larga de madera donde estábamos. Era una mesa rectangular de las que posiblemente todas las abuelas han tenido alguna vez en casa.

Clara nos estaba contando no sé qué historias de sus nietos, que si no iban apenas a verla, que si eran unos desagradecidos, que si los niños de cada año eran mejores nietos que los suyos propios...

Saqué el pie de la zapatilla de cordones y levanté la pierna lentamente intentando no alertar a Lola, que escuchaba mientras nos echaba el ojo a ambos. La estiré y pasé el pie por el paquete de Jorge bajo la mesa, haciendo que casi escupiera el café y yo me aguantara la risa. Lola se asomó y me pilló con el pie al aire. Me regañó más tarde "¿Te crees que estamos en una película porno? Que hay chicos delante y una anciana".

Más tarde, cuando todos salían y Jorge ayudaba a montar a uno de los chicos en el caballo, Lola me paró y me dijo en el óido "Es su sobrina, dice. Ya me extrañaba a mi que tuviera novia y no me hubiera enterado yo" a ella se la iban a dar que no se le escapaba una a la maldita.

Después del paseo a caballo con uno de los chicos, Jorge volvió al lago donde quedó con Lola y los demás. Sonrió cuando llegó y me vio apoyada en uno de los árboles que quedaba cerca de la orilla, mientras yo me mojaba los pies.
Miró el árbol donde se apoyó la noche anterior mientras yo le tocaba y se pasó la lengua por los labios. Yo me estremecí, mordiéndome el labio inferior, mirando sus ojos, mientras me pasaba disimuladamente un dedo por la barriga y bajaba hasta en medio de las piernas.

El calentón cada vez era mayor, no sólo por lo que me ponía, sino por el hecho de estar vigilados y que hubiera tanto espectador de los que no podían mirar.

Me volví al campamento sin decir nada aprovechando que Lola estaba en el agua con 3 de los chicos jugando con la pelota. No pasó desapercibida la mirada que me echó Jorge, que poco después me siguió.

Me metí en la tienda de campaña y me quité el peto y la camiseta, así como las zapatillas, me metí en el saco de dormir sólo con la ropa interior. Poco después apareció él, y yo fingí una falsa sorpresa.
Se puso de rodillas a mi lado, quitó la cobertura del saco, deleitándose con mi cuerpo. Llevó un dedo a mi boca, lo chupé y me lo pasó por el cuello, bajando hasta el pecho donde agarró parte del sujetador, metió el dedo debajo y estiró. Soltando y haciendo que mis tetas se movieran.

Siguió bajando, hasta mi ombligo, que pellizcó y continúo su camino hasta el filo de mis bragas. Pasó un dedo por mi sexo, se lo llevó a su boca y me señaló con un gesto que me callase.

Se oía el gorgojeo de los chavales acercarse, Lola llamándome. Un cosquilleo surgió de entre mis piernas y creyendo que me iba a quedar con el calentón, Jorge me agarró de las bragas y las bajó.
Mordisqueó mis muslos, los lamió, se acercaba hasta el borde de mi sexo con la lengua para después apartarse y acariciarme con los dedos. Cada vez estaba más humeda, mas ansiosa, y cuando tuve su cabeza cerca lo agarré de ella y lo llevé hasta mi coño, apretando su cara contra la parte de mi cuerpo que requería atención.

Sacó la lengua y lamío despacio, de abajo arriba, de un lametón con el que siguó subiendo por mi vientre, mis pechos (que sacó del sujetador), mis pezones y llegó hasta mi cuello donde me clavó los dientes. Se me escapó un sonidito que calló poniendo su mano en mi boca. Bajó su otra mano hasta mi sexo, se mojó dos dedos con su humedad y me los metió mientras yo me estremecía alrededor de ellos y ponía los ojos en blanco.

Apartó su mano de ambos lados, se llevó un dedo a la boca para que me callara y volvió a bajar con su lengua por mi cuerpo hasta volver a meter la cabeza entre mis piernas. Yo escuchaba cada vez más cerca la gente y más nerviosa y excitada me ponía.

Posó su boca en mi coño, la hundió en el y me acarició con sus labios derritiéndome entre fuertes descargas que me recorrían la espalda. Haciendo imposible que me estuviera quieta, moviéndome una y otra vez bajo su boca haciendo círculos con mis caderas. Pasaba su lengua una y otra vez, una vez más, lamiendo de arriba abajo, cogiendo con sus labios partes de mi y succionando. Me estaba haciendo perder la compostura y me notaba el labio amargo por la sangre que yo misma me había provocado de tanto morderme intentando callar.

Sus manos se clavaban en mis muslos, dejando unas marcas blancas y rojizas que se desvanecieron poco después cuando quitó su mano y uso dos dedos para penetrarme mientras seguía comiéndome el coño. Metía y sacaba sus dedos de mi mientras me daba con su lengua en el centro de mi debilidad. Poco pude aguantar y corriéndome en su boca me tapó la mia mientras se oía de fondo a Lola llamándole a él.

"No la he visto", respondió a su pregunta sin dejar de mirarme mientras yo convulsionaba sobre sus dedos, cerraba los ojos y echaba la cabeza hacía atrás.

Se quitó la camiseta, se quitó los pantalones y se colocó entre mis piernas. Sin saber que ahí fuera Lola se acercaba a mi tienda de campaña preparada para abrir la ventana y entrar.
Me penetró sin más preámbulos, enterró su cara entre mis tetas y me embistió despacio aumentando las sensaciones de las penetraciones. Un lento mete saca que me rozaba hasta la salida y me la metía hasta el fondo, una y otra y otra vez. Cada vez mas fuerte mientras le rodeaba con mis piernas la cintura y le clavaba las uñas en la espalda, golpeando con mi talón su culo para que fuera más fuerte, más profundo.

Apoyó sus manos al lado de mis hombros y se apartó para ver como entraba y salía de mi cuerpo. Incliné la cabeza y podía verlo yo también, poniéndome como una moto verlo follarme una y otra vez. En cada embestida sus testículos chocaban con mi piel, dando más profundidad a las penetraciones.

Me besó, fuerte, salvaje, animal, casi chocando los dientes por el movimiento de arriba y abajo, mete y saca. Mordió mi barbilla, pasó su lengua por mi cuello, deleitándose con mis pechos, cogiendo el pezón con sus dientes y succionando, poniéndolos más duros de lo que ya estaban.

Salió de mi, me dio la vuelta y me colocó a cuatro patas. La pasó por mi sexo y entró de un vez para agarrarme de las caderas y profundizar rápido y fuerte. "sshhh, cállate. Que está cerca, nos va a oír", intenté contener los gemidos de placer que estaba experimentando. En esta postura la notaba hasta el fondo, como si me rompiese por el interior. Me mordia los labios intentando callar pero era imposible, así que cogió y me tapó la boca con su mano mientras hacía embestidas mas bruscas, duras, secas, buscando correrse cuanto antes.

"Quiero reventarte el coño" susurró en mi oído, haciendo que me corriera en pocos segundos por segunda vez, con su polla dentro de mi. Mi interior le apretaba, palpitaba y me estremecía sobre él. Salío de mi, me pidió que me diera la vuelta y de rodillas ante él se masturbó hasta correrse en mi boca, cayendo por mis pechos pequeñas gotas de su semen.

Una sombra alertó en la tela de que iban abrir y no dio tiempo a nada, más que a ver la cara de perplejidad de Lola.




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