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martes, 24 de julio de 2018

Vacaciones Parte 2


Vacaciones 2 Parte

Las palabras tenemos que hablar nunca traen nada bueno, y menos aún si hay una tensión sexual no resuelta entre dos personas, y añade el extra de que tiene pareja y tu eres una chica que empatiza con la otra y piensas "No puedo permitir que haga eso". Pero a ver, si él te dice que su novia es más que consciente de esos detalles y que lo permite... ¿Quién eres tu para oponerte?.

Pero ahí estaba yo, dando vueltas sin descanso. Había venido para olvidarme de mierdas y me encontraba más aún, por que soy tonta, por que total, un casquete y cada uno por su lado, sino nos ibamos a ver más.

Le dejé una nota debajo de la puerta esa noche, cuando vi que salieron todos menos él de las habitaciones. Sí. Estaba ahí en plan acechadora que me faltaba de fondo "yo soy aquél que por la noche te persigue..."Por que el cuadro no era para menos. Pues cuando la nota estaba ya dentro y yo me levantaba, la puerta se abrió.

Se quedó mirándome, relamiéndose los labios y una parte de mi se estremeció mientras que la otra le apatecía jugar. Aunque fuera un poquito.

Me fui a mi habitación, a sabiendas de que me seguiría en cuanto leyera mi nota. Cerró cuando entró y se acercó a mi. Yo estaba de espalda en la pared. Sus manos agarraron mi cintura y se acercó lo bastante como para sentir sus palabras sobre mi boca "¿De qué tenemos que hablar?". Pegó sus caderas a las mías y noté como una erección empezaba a crecer bajo la tela, presionando por salir.

Quité la cara, le empujé un poco poniendo mis manos sobre su pecho, y me eché en la pared otra vez, con una mano en mi muslo y subiéndola poco a poco, dejando ver la ropa interior. Inconscientemente me mordí el labio, bajé con la otra mano la cremallera de la camiseta y me quede con ella abierta, enseñando el sujetador.
Le brillaban los ojos y pude ver como tragaba saliva, esperando la respuesta que él ansiaba.

Se acercó a mi pero lo frené, haciendo un gesto con el dedo y la boca "No". Bajé mi tirante y dejé parte del sujetador bajado, sin llegar a verse nada, me agarré el pecho con la mano y apretaba, masajeando mientras le miraba. Su entrepierna hablaba por si sola, y sus gestos también. Se la sujetaba por encima de la ropa apretando e intentando bajarla.

Me metí la mano en las bragas, abrí más las piernas y me toqué, mientras no apartaba la vista de él, que se relamía los labios y se ponía cada vez más nervioso. Saqué la mano, me acerqué hasta él y puse los dedos en sus labios. Cuando fue abrir la boca los aparte, me agarro del brazo y le quité, "Si quieres ver como acaba no toques".

Me tumbé en la cama y me abrí de piernas, subí mi falda y saqué mis pechos del sujetador. Pude escuchar el suspiro y como se acercaba. Pero le frené. No quería que me tocara, sólo iba a tocarme yo.

Una mano en mis pechos pellizcando mis pezones, otra entre mis piernas, donde cada vez se humedecía más, y el frente a mi, mirando sin poder quitar la vista, babeando, con las ganas en su cara de ser quien me diera placer.Vi intenciones de tocarse pero no le dejé. Esto era un pequeño recuerdo de la piscina, recuerdo del que me valí para recrear una escena que no pasó y que en mi mente me impulsaba a tocarme, pasarme los dedos, mover en circulos despacio, arqueándome, gimiendo despacio, sin hacer ruido excesivo. Cerré los ojos sintiendo cada caricia, cada movimiento... introduciendo un dedo en mi interior, sacándolo, acariciando con la humedad y volver a dentro, con dos, con tres... un baile entre mis dedos y yo que me estaba haciendo llegar al placer.

La ventaja de tener el pecho grande es poder llegar a lamerme. Algo que por lo que vi le volvió loco. Nuevamente quiso tocarme, pero me negué amenazando con parar. Tenía sus manos entrelazadas, evitando tocar nada que no fuera eso. Escuché su voz, casi susurrando, ronca, "Correte ya, joder, no puedo más", y como si fuera un orden me corrí, mordiendo mi mano mientras intentaba ahogar el gemido para que no se oyera.

Le hice un gesto con la mano para que se acercara, cuando se agachó hasta amí sonriende le susurré, aún saboreando el orgásmo, "esto es por lo de la piscina". Lo empujé suavemente y me levanté, poniendo la ropa en su sitio e invitándolo a salir.

Esa noche no me senté con él, las aguas estaban aún muy revoltosas y no quería tentar mas a la suerte. Tampoco sabía donde meterme por que mi verguenza abarcaba todo el hotel. ¿En qué cojones pensaba yo en ese arrebato de lujuria?, no pensaba, claro, las hormonas actuaban por mi.

Cené pronto y me fui al bar a tomarme algo, con mi inseparable libro en la mano. Ese libro que pensé devoraría y que no acabaré en la vida por que mi cabeza está pensando en sexo y más sexo y no me centraba para leer. Pedí un puerto de indias, cargadito, necesitaba despejarme un poco. Y ahí estaba, con el libro abierto aprovechando la luz que había encima de mi cabeza para leer un poco, mientras mareaba con la pajita las fritas que flotaban en el vaso.

Poco dura la alegría en la casa del pobre, suelen decir. No pasé muchas páginas, realmente no pasé ninguna y no me había ni sentado, cuando una presencia en mi espalda me hizo sobresaltarme y girar la cabeza al instante.
Su sonrisa, casi de lado, un tanto cínica, como si escondiera algo, llamó mi atención.

Se colocó detrás de mi, presionando con su cadera sobre mi culo, sintiendo su respiración agitada en mi nuca y por un instante un escalofrío me recorrió entera. Quise ir un poco más allá y apreté mis nalgas contra él, escuchando como salía de su boca una carcajada sincera. ¿así que con esas vamos , no? Me dijo antes de quitarse de detrás y pagar su café, darse media vuelta e irse a su mesa nuevamente.

Me giré y vi como se sentaba al lado de su novia, la cual no dejaba de mirarme y me sonreía. ¿Pero que clase de gente es esta? Espero que no supiera nada o no sabría donde meterme ya. Me senté en una mesa con el libro y la copa, me puse a leer, bueno a intentarlo, y poco después volvió a sentarse a mi lado.

Posó su mano encima de mi pierna, ascendía sobre mi muslo hasta el interior, donde paró, mirándome fijamente la boca mientras yo me mordía el labio intentando no mirarle a los ojos. Apreté los muslos, pero eso sólo hizo que sus dedos cosquillearan sobre mis bragas, haciéndome sentir unas sensaciones y un calentón que me iba a volver loca.

Acercó su boca a mi oído "quitatelas". Creí oír mal, hasta que asintío con la cabeza y tiró de la tela, coló la mano entre ellas y presionó sobre mi sexo. Casi derramo el vaso. Me puse tan nerviosa que creí que iba a gritar o desmayarme.

"Estás loco, si crees que voy hacer eso, y menos con ellos ahí", susurré agarrando su mano por debajo de la mesa e intentando apartarla.
"Me da igual que estén ahí, eso sólo aumenta las ganas de follarte, comerte y hacer que te corras hasta que grites de placer. Deberías verte la cara cuando te abandonas y te entregas al placer... esa misma cara que me hiciste ver esta tarde y me prohibiste hacer nada.Te deseo. Desde que te vi sólo pienso en como debe ser metertela y hacerte gemir, cómo sería tocarte, lamerte, chuparte, comerte...".

Agarré su mano con firmeza y me levanté de la silla temblorosa. Cogí mi libro y me fui. No sabía si mi mareo era por el alcohol que no estaba acostumbrada o por las palabras de él que eran más embriagadoras, pero tuve que salir pitando de alli y subir agarrada a la baranda de dentro del ascensor, con el pánico que me dan, por que sentía que me iba a dar un síncope ahí mismo.

Me metí en mi habitación me fui a la ducha y me di una fría. Pero fría de tiritar. El calentón que tenía no era ni medio normal. Me enjaboné despacio, sintiendo la espuma por todo mi cuerpo, sin embargo cuando metí la mano entre mis piernas no pude evitar pensar en él, en u mano acariciándome ahí. Así que solte la esponja y me acaricié con los dedos, cerrando los ojos, apoyándo la cabeza en la pared, abriéndo un poco las piernas y dejando escapar un suspiro. Con la otra mano repartia la espuma entre caricias en mis pechos, dando pequeños pellizcos mientras que ahí abajo hacía pequeños círculos que me hacían estremecer. Recordé sus manos, sus palabras, imaginé esa boca entre mis piernas y con esa imagen y fantasía me corrí, otra vez. Por su culpa.


Salí de la ducha y me metí en la cama, desnuda, dispuesta a dormir. Pero no podía, y no dejaba de dar vueltas, así que con la esperanza de que se hubiera ido ya del bar volví, esta vez sin libro que sólo me estorbaba. Me puse un vestido corto con escote palabra de honor, blanco. Me senté en la barra, sola, que pena daba... parecía una alcoholica aferrada a la ginebra. Y ahí estuve un rato, empinando el codo mirando las musarañas.

Se sentó a mi lado (¿Pero este hombre me espiaba?). Pidió un Jack Daniels (anda hijo, algo flojo) y me miró. Hizo una señal de que me pusiera otro de lo que estaba tomando. La velocidad a la que bebo cuando estoy nerviosa es digna de estudio.
Estaba solo, callado, demasiado cerca de mi diría yo... Hasta ue la tensión se podía cortar con un cuchillo y me fui al baño a echarme agua en la cara. Daba gracias en estos momentos de calentura de no ser de las que se maquillan, sino parecería "El grito" de Munch.

Escuché la puerta. Pero no, no podía si quiera pensar en cosas mas bochornosas que las que hice el día de hoy, aunque adivina, si que pasó. Cuando se escuchó el click del pestillo miré por el espejo. Ahí estaba él, cerrando bien la puerta ante mi cara de pánico. Porque en ese momento no pensaba yo, pensaba la inocente criatura que temblaba porque un señor se había metido en su baño. Y recordemos, ese señor estaba muy bueno y era muy cabrón. Dos detalles que a mi personalmente me bajaba las bragas del tirón.

Mi cabeza y yo somos contradictorias, y donde la razón me dice que no, mis manos estiran de la ropa. Me di la vuelta, dispuesta a ser mas dura que antes y a poner pies en polvorosa antes que fuera tarde, pero no pude. Porque me rodeó con su cuerpo y se apoyó sobre mi, con sus manos en el lavabo y sus piernas alrededor de las mias. No tenía escapatoria.

"Ya no te escapas" me dijo mientras metía sus manos bajo mi vestido, agarraba mis nalgas y me abría las piernas para subirme sobre el lavabo. Me dejé. Se apretó contra mi, bajó mi vestido de la parte de arriba con sólo tirar de la goma y dejó mis pechos sólo con el sujetador, los sacó y los cogió con sus manos, pasó su boca por mi cuello, lamiendo, mordiendo, cumpliendo todas las palabras que me prometió horas atrás.

Apretaba, manoseaba mis tetas como si estuvieran hechas para él. Llenaba sus grandes manos con ellas y pellizcaba mis pezones mientras yo no sabía que hacer, crizando las piernas tras él, rodeándole con ellas, buscando cortar el poco espacio entre los dos.
Metí las manos bajo su camiseta, acariciando el vello de su pecho sonreí contra su boca, que ahora me devoraba, como me gustaban los tíos que no se depilaban, deseaba tocarlo desde la primera vez que lo vi en la piscina sin camiseta. Descendí hasta el botón de su pantalón, toqué su erección por encima de la ropa, apretando, sintiendo sus suspiros en mi boca.

Me apartó la mano, me bajó del lavabo y me dio la vuelta, poniendome de cara al espejo. La imagen era tan sucia como erótica. Él vestido, yo delante de el encurvada con el vestido subido y las bragas a la vista y los pechos fuera del sujetador. Estaba expuesta a él. Agarro la cintura de mis braguitas y tiró de ellas despacio, lamiendo mi cuello y mordisqueando.

Las dejó por mis rodillas, se pegó a mi y se desabrochó los pantalones sin separarse un centimetro de mi, lo justo para poder sacarsela y rozarme con ella. "Quiero hacerte tantas cosas que no se ni en que orden las quiero ni como empezar". Me dio la vuelta y abriendo mis piernas agarró mis muslos y acercó su boca hasta ellos. Acarició con la nariz la cara interna, subiendo, empezando a sacar la lengua, intentando controlar mis intentos de cerrar las piernas. Eche la cabeza hacía atrás. Me mordió, le miré "quiero que me mires", confesó, y eso no hizo otra cosa que humedecerme más. Me pille el labio con los dientes, apoyada en el lavabo y mirando, intentando no apartar la vista.

Pasó la punta de su lengua despacio, demasiado, desde el interior de los muslos hasta las ingles, después sin aviso cogió mi sexo con su boca. Se me escapó un gemido, apretó sus manos en mis muslos a modo de reprimenda. Se lamió los labios mientras se acercaba a mi entrepierna y empezó a lamer, despacio, cerrando los ojos, deleitándose como si fuera algo que ansiaba comer, disfrutando casi tanto como yo que me iba a deshacer ahí mismo. Cada vez que se apartaba veía parte de su saliva y de mi en su barba, la misma que me hacía cosquillas cada vez que pegaba su boca contra mi. Jugó con sus dedos, uno, despacio, muy lento, junto a su lengua. Dos, más rápido, haciendo que me temblaran las piernas, y cuando estaba apunto de correrme paró. "Aún no, quiero que te corras conmigo dentro de ti". Tuve que contenerme ante eso.

Me puso de espaldas a él, me hablaba mirándome por el espejo, viendo como sus manos manoseaban mis tetas "Me quiero correr en ellas, pero ahora quiero esto..." . Separó mis nalgas y se colocó detrás de mi, metiéndomela desde atrás. Me agarró la cabeza con la mano y me hizo mirarme en el espejo "Miráte, quiero que te veas cuando no puedas mas y te corras. " Escuchaba las embestidas y las sentía con tanta intensidad que creía que iba a caerme si no me sostenía él. Una de sus manos me pellizcaba el culo, me apretaba, me azotaba, y con la otra fue hasta mi mandibula y me agarró. Podía ver desde el espejo como miraba mis labios, mordidos y entreabiertos a ratos entre gemidos. Era una escena terriblemente erótica, caliente, morbosa, placentera... verme siendo embestida desde atrás y como mis pechos se movían sin contról con cara de placer y sumisión.

La sacó, la rozó por mi sexo y volvió a meterla fuerte, sin miramientos haciendo que me apretara contra el mármol. Unas cuantas embestidas más y salió de mi, me dio la vuelta y me pidió que me arrodillara.

Obediente hice caso, me agaché y me la metí en la boca. Lamí mientras le miraba, salía y entraba de mi boca, pasaba mi lengua por la punta de su polla y volvía a metermela en la boca, Agarraba mi cabeza marcando el ritmo, le acariciaba con mis manos, me la metía entera, hasta la garganta, sintiendo como presionaba unos segundos contra mi. Cuando sentí que iba a correrse me miró, esperando que me quitase, pero seguí, hasta que se corrió en mi boca y la abrí para que su semen goteara sobre mis pechos. No podía dejar de mirar mi boca goteando, pasando su pulgar por mis labios y metiéndolo en la boca para que chupase.


Mas tarde pensaría en que cojones acababa de hacer.

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