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jueves, 18 de febrero de 2016

Tiéntame +18

Tiéntame



"Mírame”, me levanta la cara agarrándome de la barbilla y la palabra suena más a una orden que a una petición. Hacía poco que le conocía y sabía exactamente qué temas tocar para que mis nervios se apoderaran de mí. Que la vergüenza y el rubor se me mostrara tan claramente sin poder evitarlo.

"Quiero saber cómo descubriste el sexo, quiero saber quién más o cuantos más te han tocado. Quiero... que me muestres como te das placer tu misma".

Esa extraña sensación en mis entrañas que nunca había sentido. El rubor apoderarse de mis mejillas y ardiendo, ese sentimiento que me desgarra con cada una de sus palabras cerca de mi cara, mirándome fijamente, desde que hace un mes lo conocí.
Joven, inexperta y frente a un hombre que me sacaba más de diez años y que se había obsesionado conmigo.
Día tras día lo encontraba cerca de mí, me decía palabras que quería escuchar... intimidante, misterioso, atractivo... dejé que mi alma cayera en sus manos.

"Vamos, quiero saberlo todo de ti" su mano rozaba mi hombro bajando uno de los tirantes del vestido. "No hay mucho que saber" logré decir mientras le miraba. "sólo he estado con un chico, sexo tradicional, no hay... nada más". "Siéntate en la silla", me señaló a la silla tras su escritorio, ambos en su despacho, en el cual me había recibido para hablar sobre un amigo en común. No hablamos de él.
Obedecí, casi sin saber por qué, asentí y me senté donde me pidió. Sin discusión, sin preguntas y sin calma, dejando que la tentación y la intriga sobre lo que pasaría me devorara por dentro.

"Me gusta verte cada mañana cuando sales de casa y vas medio dormida por la calle principal. Te observo la carita cuando entras a por tu té doble, cuando esperas el autobús a las 8:15 día tras día, cuando llegas a clase y lo primero que haces es guardar el móvil en la mochila para entrar del brazo de tu amiga" Tragué saliva, sin duda me observaba más de lo que yo imaginaba, describía cada uno de mis pasos durante mi día a día. "Esa manía tuya de morderte el labio cuando intentas arreglar algo, la obsesión por que el vaso esté siempre al filo de la mesa, dejar el calzado a la derecha del mueble del recibidor..."

Eso eran detalles de estar en casa, cosas que si no estaba allí no podía saber, entonces ... "¿Cómo sabes...?" "¿Qué cómo sé lo que haces? Porque desde que te vi siento la necesidad y el impulso de follarte salvajemente. No entiendo por qué. Pero quiero arrancarte la ropa y no puedo dejar de pensar como serías montada en mi polla viendo como subes y bajas, mirando esa boquita que te estás mordiendo y que me está haciendo perder la razón."

"Suenas a acosador" me levanté de la silla con el corazón latiendo como si se fuese a salir del pecho y con las braguitas empezando a humedecerse. Aquella tensa situación entre miedo e intriga me estaba excitando a niveles desproporcionados.
"¿Y qué?" me agarró de la cintura pegándome más a él, haciendo que nuestro pecho entrase en contacto. "No te he hecho nada, ¿no? Pero creo, no, seguro que ansías que te lo haga."

Y no iba desencaminado porque una parte de mí quería ver hasta dónde estaba dispuesto a llegar, entender por qué me ansiaba y la idea de que yo le provocara un mínimo de interés me hacía arder por dentro. Pero no podía, no debía y ante todo... me daba miedo lo que pudiera mostrarme. Era tentador, intimidante, una especie de adicción que necesitaba cada día. Sólo necesitaba sentir su olor, hablar con él, una mirada... algo que supiera que estaba ahí. Por motivos sociales siempre nos veíamos y siempre sentía la misma atracción entre los dos.

Misterioso, arrogante, experimentado... alguien mayor que había despertado en mi un sentimiento que no quería aceptar y que me atraía y alejaba a partes iguales.
No quería acercarme a él, sentir esa necesidad de abrirme por completo, pero por otro lado... necesitaba verle, hablarle, sentir cada una de sus palabras retorciéndome por dentro. Me hacía sentir única, especial, deseada con cada una de sus palabras y por mucho que me negara a él, esto sólo aumentaba el deseo.

No podía pensar cuando sus manos se posaron en mis muslos y empezaron a ascender sobre mi piel, que se erizaba a su tacto, mientras me subía poco a poco el vestido. Se puso de rodillas y no dejaba de observarme, intentando averiguar cada sentimiento que albergaba en mi interior a través de mi cara.
Sonreía, mientras sacaba la lengua y paseaba la punta por mi muslo, clavando cada vez más sus dedos en mi piel, haciendo que me agarrara a su cabeza para no perder el equilibrio.

"Siéntate ahí y abre las piernas" y no era una propuesta, sino una orden que obedecí sin pensar. "Muéstrame cómo te tocas, quiero verlo, observarte y sentir cómo te das placer para mí" ¿Por qué cada una de sus malditas palabras sonaban así? Tan apetecibles, indiscutibles, tentadoras...
"Y mírame, no dejes de hacerlo" recalcó una vez más.

Observando sus ojos oscuros que me atravesaban y desnudaban mi alma, me senté en la silla, me subí el vestido y abrí las piernas para colocarlas sobre los reposabrazos. Quedando totalmente expuesta mi ropa interior blanca, humedecida claramente. "Así me gusta, ahora, date placer". Vi cómo se apartó de mí, se fue al sillón de piel que estaba a escasos metros del escritorio y se sentó con una pierna sobre otra, pasando los brazos por el espaldar del mismo.

Acomodado para el espectáculo se aflojó la corbata mientras sonreía y su entrepierna empezaba a notarse más abultada, lo cual me incitó a recrear lo que él me había pedido.

Me llevé un dedo a la boca y me di cuenta de que inconscientemente me estaba mordiendo el labio inferior. Me chupé el dedo mientras que con mi otra mano me acariciaba el interior del muslo, despacio, observando su cara. Descendí con mi saliva por mi escote, empujando la fina tela hacia abajo para que se viera algo más, arrastré el tirante dejando que parte del sujetador de encaje se viera. Hizo efecto. Se removía en su asiento y aprovechó para servirse una copa de coñac.

Notaba los pezones duros por la excitación, exhibición, deseo... me saqué un pecho y lo pellizqué mientras mi otra mano acariciaba mi sexo por encima de la tela, empapando por completo mis bragas y sintiendo cómo se pegaban a mí como una segunda piel.
Lo vi levantarse del sofá y venir hasta a mí "déjame ayudarte con eso" se inclinó para quitarme la ropa interior, llevándose con él la diminuta prenda. "Continúa" ordenó cuando se acomodó nuevamente como un fiel espectador.

Expuesta a él por completo, que observaba mi sexo mojado, me empecé a acariciar despacio, mordiéndome el labio y pellizcando el pecho que tenía libre. Metía un dedo, lo sacaba, me acariciaba despacio e introducía dos, jugando a un mete saca lento que poco a poco me estaba quitando la vergüenza y me estaba haciendo centrarme sólo en el placer. Ignoraba ya el calor de mi cara, y cerré los ojos inconscientemente echando la cabeza hacia atrás y dejando que el deseo se apoderase de mí. Moviendo las caderas al compás de mis dedos, que salían y entraban, paseándose por mi clítoris mientras gemía despacio. Ahora no sentía a nadie más en la habitación, sólo yo, mi mano y la fantasía del placer.

No sé cuánto tiempo pasó ni cómo llegó hasta ahí, pero abrí los ojos cuando una mano fuerte me agarró por la muñeca y me impidió tocarme. "Suficiente" dijo mientras me inmovilizaba y su boca se hundía en mi sexo. "Ahh" Sólo pude decir... lamía, mordisqueaba y chupaba, impidiendo que mis manos le tocasen, sólo accedía a él mediante el movimiento de mis caderas que buscaban fundirse más con su cara.

Agarró mis dos muñecas a un lado de la silla con una de sus manos y con la otra introducía dos dedos en mi interior mientras me comía con ansiedad, desesperación. Sentía que no iba aguantar mucho más así, y que me correría si no paraba, lo cual me hacía arrepentirme de haberme tocado yo tan intensamente. Ahora quería sentirle más tiempo así, que su lengua me complaciera de esa manera tan animal y salvaje.
No pude soportarlo más y estallé en él, que me miraba complacido, satisfecho, sin dejar de lamer y haciendo que mis espasmos se triplicaran con su contacto y el orgasmo.
Cuando mis contracciones cesaron se puso de pie y me bajó las piernas de los reposabrazos, casi sintiendo los tirones y la debilidad en ellas.

"Desnúdame" Supuse lo que vendría, uno por otro, pensé. Desabroché su cinturón despacio y de manera torpe. A mis 24 años nunca había hecho una mamada aún y no quería admitirlo, la vergüenza no me dejaba, pero al ver que estaba frente a él y su miembro erecto en mi cara las preguntas surgieron "¿Tengo que explicar cómo hacerlo?" "Yo... Yo nunca..." Casi quería morirme antes que admitir algo así "Nunca he hecho eso"
No entiendo por qué, pero su erección creció frente a mí. "Me alegra saberlo. Pero no te preocupes, no es necesario que sepas, sólo quiero follarte la boca un momento y ya habrá ocasión de que practiques...Conmigo" añadió casi en tono amenazante.

"Abre la boca, pequeña... es lo primero que debes aprender" Me eché más hacía adelante mientras abría la boca y su mano me agarraba la mandíbula. Noté la punta de su miembro en mis labios, rozándolos despacio y mojándome con ella. La metió en mi boca mientras su otra mano agarraba mi cabeza y enganchaba mi pelo.

Fue entonces cuando entendí lo que quería decir con follarme la boca, cuando comenzó a moverse metiéndola hasta el fondo de mi garganta, haciendo que en alguna ocasión me dieran arcadas por llegarme hasta la campanilla. "Así, sí, muy bien... ¿ves? No tenías que saber... pero joder, que boca, que calor, que humedad... si no fuera por las ganas que tengo de ponerte contra el escritorio me gustaría correrme en ella".

Me humedecía esa manera tan bruta y salvaje de hablarme, tan baja, primitiva... instinto animal que me dominaba igual que a él. Y por alguna extraña razón sentirme así me gustaba, me excitaba y notaba como mis muslos empezaban a mojarse por culpa de mi sexo empapado.

Una última embestida y me dejó pegada a él, con su polla casi entera en mi boca y costándome respirar, mientras me agarraba del pelo y el dolor del tirón se mezclaba con el placer del momento.
"Levanta, ponte de espaldas a mí, inclínate apoyándote en el escritorio" me dijo mientras se retiraba bruscamente y podía volver a coger aire.

Con las manos sobre el escritorio y colocándome como me había dicho, abrí las piernas y sentí cómo me levantaba el vestido y dejaba mi culo al descubierto. Sentí la palma de su mano en contacto con mi piel, un golpe seco que mezcló dolor y placer a partes iguales. Sólo solté un quejido, suficiente para darle a entender que no me disgustaba lo que había hecho. Volvió hacerlo, y un par de veces más, cada vez aumentando la fuerza, haciendo que empezara a notar cómo el escozor y el ardor de mi piel incrementaba.
Y sin esperarlo me penetró, de manera salvaje, animal, directamente hasta el fondo haciendo que gritara con la mezcla de sensaciones que sentía. Sus dedos se metieron en mi boca mientras sus labios rozaban mi oído "shhh cállate, o vas a llamar la atención". Sus palabras entrecortadas me elevaban a las estrellas entre empujones fuertes y profundos en mi interior.
Le acogía, le ansiaba, me excitaba y me estremecía con cada embestida contra la madera. Cada vez más salvaje y rápido, sintiendo como si me fuese a romper en dos en cualquier momento e intentaba callar mis gemidos con su mano.
"Estás mejor de lo que imaginaba... y verte así, tan indefensa y a punto de romperte mientras te follo, me está volviendo loco. Ansiaba esto desde la primera maldita vez que te vi."

No podía hablar, sólo dejarme llevar por cada sensación y el placer, pero él seguía incitándome al precipicio con sus palabras "Dime que a partir de ahora te podré tener cuándo y como yo quiera" Otro empujón y más profundo, "Vamos, dímelo”. ¿Tenerme?
Su mano, que hasta ahora estaba hundida en mi cadera, impactó en mi culo, haciéndome más daño del que hubiera imaginado "Asiente", otro azote, más fuerte que el anterior y que sin entender por qué me empezaba a llevar a un segundo orgasmo, "Vamos..." y asentí, sintiendo cómo el orgasmo me invadía por dentro accediendo a lo que me pedía. Presa del dolor, del placer o del momento, no lo sé, pero sí que había sucumbido a algo peligroso y terriblemente tentador.

Mi respuesta pareció gustarle tanto que, en cuestión de segundos y en varias embestidas sentí como se tensaba, la respiración se le aceleraba y se corría dentro de mí mientras me apretaba un cachete con una mano y con la otra me agarraba un pecho.


"Tenemos que hablar de nuestro amigo" me dijo mientras recobraba el aliento, rozando sus labios con mi oído.

1 comentario:

  1. Joder, una cosa es "tentar" y otra cosa es acoso sexual puro y duro jajajajaja. Menuda semiviolación casi que has narrado, ni tentar ni leches jajajajajajaja.

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