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domingo, 21 de marzo de 2021

Ven, cariño, ven a mí +18 Parte 1

 

Ven, cariño, ven a mí

 

Estaba desesperada, no sabía a quién acudir y necesitaba soltarlo, desahogarme, liberarme de esta carga que me estaba carcomiendo por dentro y que llevaba arrastrando meses. Por supuesto sabía que podía contar con mi mejor amiga, pero es que sabía lo que ella me iba a decir, dado su historial con los hombres.

  • -       Por esto no te lo conté antes. – Dije mientras ponía la lavadora. –Eres muy básica para esto, casi … pareces un tío salido.
  • -       De esos que quiere que te empotren salvajemente en la encimera de la cocina. – Respondió mientras miraba hacia la encimera del fregadero.

Pero recapitulemos. Os contaré desde el principio la charla que mi mejor amiga y yo tuvimos el día donde mi cabeza empezó a desquebrajarse, comenzando a hacer caso a esa campanilla susurrante de pelo azul.

  • -       Tatiana, necesito hablar.
  • -       Cuéntame. – Me indicó mientras daba golpecitos en el sofá, justo después de echarse para atrás, poner los pies en la mesa tras haber cogido su copa de vino.
  • -       Para empezar, son las 12, te has levantado hace un rato ¿no puedes desayunar algo normal y no vino?
  • -       Me he tomado un café… - Dio otro sorbo y puso los ojos en blanco. - ¿Qué pasa?
  • -       Sabes que estoy saliendo con un chico desde hace unos meses…
  • -       Sí, es bastante mono, ¿Qué ocurre?
  • -       Pues que veras… el sexo… - no sabía cómo abordar esto. A Mis 30 años aún me resultaba un poco incómodo el hecho de sonar demasiado “brusca”.
  • -       ¿Malo?
  • -       No no, es que...
  • -       La tiene pequeña. – Sentenció.
  • -       ¡No!
  • -       Se corre rápido. – afirmo mientras cerraba los ojos y asentía.
  • -       ¡Que no!. – Resoplé. – Déjame terminar.
  • -       Coño si es que parece que vas a dar el discurso del papa, ¡quieres soltarlo ya!
  • -       ¡Es virgen!
  • -       Es virgen – Repitió moviendo la cabeza como si acabara de dar con la clave de algo importante.
  • -       Sí, Tatiana, es virgen. Ya sabes, que no ha follao’.
  • -       Que sí… - Se quedó pensativa. - ¿Pero cuantos años tiene?

No sé que clase de cálculos mentales estaba haciendo, pero había dejado la copa en la mesita y estaba sentada como si fuese una niña pequeña resolviendo un puzle. Porque claro, a mi amiga eso de la virginidad pasados los 20 no terminaba de encajarle.

  • -       Menos que yo. – Quité la vista a la vez que me pasaba un mechón por detrás de una oreja.
  • -       ¿Cuánto menos? – Me agarró del hombro.  – Espera… ¿tu tenías los mismos que yo, verdad?
  • -       Sí. – Sabía que o le contaba todo o no terminaría de acosarme. – Tiene 4 o 5 menos, ¡que más da!
  • -       Fóllatelo tú.
  • -       Sí, claro.  –Ahora la que cogía a copa de vino de Tatiana era yo. – No sé que hacer…
  • -       ¿Es que no quiere él? – miró al suelo muy seria. – Madre mía, meses sin follar, yo me volvería loca.
  • -       ¿Podemos centrarnos en lo mío y dejar tu coño para luego?
  • -       Perdona. – me acarició la cabeza. – ¿Por qué no lo habéis hecho aún?
  • -       No lo sé, es todo complejo. No hemos tenido ocasión por que nunca tenemos un sitio solos, luego está el tema de que es virgen y lo veo cortado, pero en el fondo sé que quiere, joder como besa, cómo toca y como se…
  • -       ¿Qué?
  • -       Se empalma. – Puse los ojos en blanco. - Que bruta eres, que hay que decírtelo todo.
  • -       Yo probaría la técnica de la provocación.
  • -       ¿Más? – Di otro trago. – Si es que no termina de lanzarse.
  • -       Ponlo malito, que no pueda resistirse.
  • -       ¿Y cómo hago eso?
  • -       Pues de primeras ven conmigo, que vamos a mirar en mi cómoda que te puede servir.

 

Se levantó del sofá, me dio la mano y me llevó hasta su habitación. Aquello parecía un santuario pagano wiccano. Por más que veía los símbolos en su habitación y las calaveras, no terminaba de acostumbrarme a esa afición suya de la brujería.

Rebuscó en los primeros cajones, empezó a sacar cosas que parecían sacadas de una revista de playboy, y las fue tirando en la cama. Luego se acercó a mí sonriente con lo que parecían unas medias en las manos.

  • -       ¿Medias? ¿quieres que lo ponga cachondo con unas medias?
  • -       No, boba. Las medias en sí no.
  • -       No te sigo.

Después de explicarme su elaborado plan porno, de darme ideas con cada uno de los modelitos que había sacado y de contarme cosas que prefería no haber sabido, salimos de su habitación mientras seguíamos hablando.

Me contó su última conquista, y si digo última es tan última como que no iba a volver a verla porque se negó a darle el teléfono.

  • -       Empezó a decirme cosas muy siniestras tía… - Negó con la cabeza mientras se acercaba a la encimera - fue horrible.
  • -       ¿Tanto miedo daba?
  • -       Me dijo que podría ser el amor de su vida.
  • -       Por esto no te lo conté antes. – Dije mientras la veía poner la lavadora. –Eres muy básica para esto, casi … pareces un tío salido.
  • -       De esos que quiere que te empotren salvajemente en la encimera de la cocina. – Respondió mientras miraba hacia la encimera del fregadero. – Ahora enserio, Cati, no puedes follar con alguien y al día siguiente despertarla a besos como si fuera tu media naranja.
  • -       Se llaman sentimientos.
  • -       Pues yo lo llamo empacho. Si quiero mimos me busco un novio, no me acuesto con alguien con el que bailé anoche en una discoteca.
  • -       Dios… Te falta el rabo.
  • -       Anoche lo tuve en todos lados y me lo pasé bien.
  • -       No me refería a… - Me tapé la cara – Déjalo.
  • -       ¿Cuánto lleváis sin veros? – Sacó un chupachups del tarro de encima de la nevera
  • -       Pues casi un mes.
  • -       Madre mía, tienes que estar que te subes por la pared.
  • -       No puede venir y yo no puedo ir por el puto trabajo que tenemos, y encima los horarios contrariados.
  • -       Hazle una video llamada calentorra.
  • -       ¿Qué?
  • -       Ponte lo que te he dicho, como lo he dicho, y hazle una video llamada y sigue el plan. – Su cara malévola mientras se comía el chupachups me delató una parte erótica que prefería no saber, ¡que habilidad tenía!

 

Me fui de su casa más tarde, con una bolsa de lencería que aún me pensaba si ponérmela o no. Iba a intentar seguir su consejo, e iba a intentar buscar un hueco, aunque eso conllevara pedir días libres en mi trabajo para ir hasta él y calentarlo. Estaba decidida al menos a una de las varias partes del plan de seducción que Tatiana, había elaborado minuciosamente. Si quería follar tenía que hacer caso a la experta. ¡Eso decía ella misma!

Pero yo en el fondo tenía un lío en la cabeza que no sabía cómo llevar.

Aquella tarde me metí en el baño y me pasé tres horas entre baño relajante, depilación exfoliante y un sinfín de pijadas que me dijo Tatiana. Cuando acabé y me eché la crema hidratante me puse la ropa interior. Unas braguitas de encaje negras minúsculas por todos los lados que la mirara. Arriba el sujetador del mismo color y de encaje también, semitransparente. Saqué el liguero de la bolsa de mi amiga y me lo puse, fracasando en el intento un par de veces. ¿Por qué esa cosa era tan difícil de poner? Después las medias y lo enganché tal me dijo ella.

Me miré frente al espejo… No me reconocía ni yo. Joder, si es que se me pasó por la cabeza una cantidad de cosas con él en ese momento y en esa habitación que, me estaba poniendo como una moto.

Le llamé cuando llegó la hora y me recibió, sonriente y cariñoso como él es siempre. Me había puesto la bata de pelo encima, para que no me viera nada más abrir la llamada en ropa interior.

Antes de nada, hablamos un poco de nuestro día, de cómo lo habíamos llevado y volvió a surgir el tema de vernos.

  • -       Sabes que no puedo ir ahora mismo, y yo también tengo ganas de verte y estar contigo, pero aún es pronto y…
  • -       Llevamos 8 meses juntos y estamos muy bien.
  • -       Ya… pero yo…

Supe que no iba a ir a ninguna parte nuestra conversación, así que pasé al plan B. O T, de Tatiana y de tetas.

  • -       Mírame… - susurré desde el otro lado de la pantalla del teléfono.

Me abrí la bata y la dejé caer a mis pies, sentándome al filo de la cama y abriendo las piernas.

  • -       Necesito tenerte dentro de mí, ya…

Vi como tragaba un nudo en su garganta mientras carraspeaba y parpadeaba varias veces.

  • -       ¿Es que no tienes ganas de sentirme en tu cuerpo por completo como la última vez? – Me tumbé en la cama, y paseé el móvil recorriendo mi cuerpo de abajo arriba hasta mi cara, donde chupé un dedo.
  • -       No… es… eso – Se removió en su asiento. – Es que yo no sé aún…

 

Me levanté, puse el teléfono en el mueble y me alejé para que me viera de cuerpo entero.

Me di la vuelta y me incliné moviendo el culo, pasando por el interior de mis piernas la mano, para que la viera desde esa posición y clave mis dedos en mi coño, moviendo unos milímetros la tela del tanga que lo cubría, pero sin dejarle apenas ver y me posicioné nuevamente. Me contoneé, a sabiendas que él no paraba de mirar, en silencio, y me di la vuelta, junté mis tetas frente a la pantalla y me las sobé por encima del sujetador transparente. Las moví, arriba y abajo, simulando una cubana lenta, las solté, bajé mis manos sin dejar de moverme lentamente, tirando de las tiras del liguero en cada pose, hasta llegar al interior de mis piernas. Ahí pasé mis manos por mis muslos, moviendo una hasta mi coño, sobándolo por encima de la tela, recogiéndola para tapar sólo una pequeña porción de mi sexo y que viera lo más posible.

Percibí como entreabría la boca y el pecho se le aceleraba, subiendo y bajando con dificultad.

  • -       Aleja el móvil, quiero verte entero.

Me hizo caso, poniéndolo en la mesita y comprobé su erección bajo el pijama, como intentaba disimularla nervioso, casi avergonzado, intentando taparla con sus manos.

  • -       Acaríciate por encima de la ropa. – Le pedí.

Y me hizo caso. Siguiendo yo con mi propia calor y excitación de querer calentarlo, de verle así.

Me senté en la cama y me abrí de piernas, paseando mis manos por mi cuerpo, acariciando el interior de los muslos, poniéndome a cuatro patas sobre el colchón, agarrando la cinturilla del tanga y bajándolo por mi culo despacio mientras gimoteaba y me contoneaba.

Su respiración acelerada y su propia excitación se palpaba a través de la pantalla, y miré varias veces por encima de mi hombro para comprobar cómo se acariciaba por encima de la tela agarrándosela en más de una ocasión para apretarla, como intentando contenerla ahí dentro.

Llevé una mano a mi sexo y acaricié, impregnándome de la humedad que sentía, sobretodo al ser observada. Me agarré desde ambas nalgas y tiré, abriéndome para que viera mi coño en primer plano, con el brillo de que de mí emanaba.

  • -       Quiero tener tu boca aquí, saboreándome, comiéndome, pasando tus labios por los míos, aprendiendo a comerme, metiendo tus dedos en mi interior y que veas como me provocas.

Metí un dedo, lo saqué, me rocé, y me di la vuelta, sentándome en la cama, mirando a la cámara mientras lo chupaba y sacaba la lengua dándole lametazos, volviéndolo a llevar a mi sexo y pasarlo por mi clítoris.

Eché la cabeza hacia atrás cerrando los ojos, gimiendo mientras me mordía el labio y me pasaba, posteriormente, la lengua por ellos.

Viendo como le tenía, me incorporé, me llevé las manos al sujetador y empecé a sobar mis pechos por encima de este, acercándolos a mi boca, pasando la lengua por encima de la tela y acercándolos a mi barbilla.

Restregué mis tetas en mi boca bajo su atenta mirada, las saqué del sujetador y comprobó el estado erecto de mis pezones erguidos. Los pellizqué, los llevé a mi boca, envolviéndolos con mi lengua y succionando cuanto me era posible debido a al tamaño de mis tetas. Coloqué la lengua entre medias, dando lametones en ambas, de una a otra, mientras las apretaba en mis manos y veía mis piernas abiertas con mi coño en primer plano.

Él seguía atónito, tocándose por encima del pijama, y había aumentado el ritmo de sus caricias siendo más bruscas hasta el punto, de que estaba masturbando mientras me veía.

  • -       Ni se te ocurra. – Susurré mientras me ponía a buscar en el cajón de la mesita mis juguetes sexuales. – Sólo quiero que observes, seas espectador y que no hagas nada más. Después de todo, eres tú el que siempre me frena.

 

Gruñó. Sabía que lo estaba molestando, pero lejos de cortar la llamada, siguió acatando mis normas, continuando con su mano en su polla lentamente mientras me miraba al otro lado de la pantalla.

Llevé el vibrador a mi boca, lo lamí, lo rocé por mis labios desde la base hasta la punta, deslizando mis labios por él introduciéndomelo en la boca, a la vez que, con la otra mano, y los pechos a la vista, me acariciaba el coño y me abría mis labios vaginales para darle contacto visual directo con mi sexo.

Gemí, conforme entraba y salía el dildo de mi boca, chupando con los ojos cerrados disfrutando como si fuese su polla lo que mamaba. Hasta la garganta lo llevé y lo saqué, lleno de saliva para llevarlo a mi coño. Rocé impregnándome de mi propia baba y fluidos, lo puse en mi entrada y empecé a introducirlo despacio mientras abría la boca y le miraba en la video llamada.

Palpé en mi cama en busca del segundo vibrador, cogiéndolo y repitiendo el mismo proceso que con el anterior, con la única diferencia de que esta vez, ya tenía uno entrando y saliendo de mi coño.

Siendo empalada por el látex por la boca y por mi sexo, le observaba, conteniendo las tremendas ganas que sentía de sacarse la polla ahí mismo y pajearse mientras me miraba, sin embargo, apretaba los dientes y los labios, aguantando hasta la respiración, mientras intentaba mantener su rabo bajo el pijama.

Cuando pensó, seguramente, que no podía sorprenderle más, bajé el segundo vibrador que tenía impregnado de saliva desde mi boca hasta mi coño, y haciendo hueco lo introduje con el primero, follándome con ambos vibradores mientras él gruñía, ya desesperado.

Me follaba yo misma bajo su atenta mirada y él no podía hacer nada, ni satisfacerse, porque entendió a la perfección que si osaba sacar su polla de los pantalones yo cortaría la llamada y con ello el espectáculo que le estaba ofreciendo.

Seguí embistiéndome con ambos dildos, a la vez que me incorporaba en la cama y veía el bamboleo de mis pechos moverse entre mis espasmos y temblores, acercándome placenteramente al orgasmo.

  • -       Así…- gemí. - quiero que me folles hasta hacerme temblar así, con tu polla dentro de mí.

Perdida en mi propio placer seguía escuchando los ecos de sus gruñidos de excitación. Estaba segura que ahora mismo, en esta situación, podría hacerle correrse con solo un roce de mis dedos.

Saqué ambos vibradores cuando estaba a punto de correrme, dándole un plano directo de mi coño abierto por ellos, y los llevé a mi boca, chupando los jugos que corrían por ellos, los volví a impregnar de mi saliva y los volví a meter en mi coño juntos, accionando, ahora sí, el botón de ambos para sentir como me atravesaba algo por la columna, como me partía por la mitad el placer y gemí, sin control sintiendo como me corría hasta quedarme exhausta y con las piernas temblorosas con espasmos.

Nuevamente los puse en mi boca, lamiendo la corrida mientras clavaba mis ojos en los suyos desde la pantalla y veía su cara tensa y su erección estaba a punto de reventar el pijama.

  • -       ¿Qué horario tienes mañana, entonces? – Pregunté al rato con total normalidad, como si no hubiera hecho lo que acababa de hacer.
  • -       Yo… no sé – Consiguió decir tras un lapsus, después de tragar saliva con dificultad.
  • -       Dímelo mañana, anda. – Él parecía estar en un estado de transición a otra dimensión, pues no era capaz de centrarse en la conversación ni en lo que le estaba hablando, sólo hablaba por inercia.

Me despedí de él, sabiendo que aquella noche iba a masturbase como si no hubiera un mañana con el calentón que le había dado. Yo por mi lado, seguía con la segunda parte del plan de Tatiana.

 

Continuará en la parte 2.

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