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lunes, 22 de marzo de 2021

Ven, cariño, ven a mí Parte 2 +18

 

Ven, cariño, ven a mí Parte 2

 

  •         ¿Y qué tal te fue?
  •         Bien. - Confesé mientras apartaba el té del fuego. - Estaba cachondo perdido.
  •         Pues ahora sólo te queda la práctica.
  •         La cosa es, que me ha gustado este juego y tenerle así...
  •         Bueno... ¿ahora te va a dar por el cibersexo? ¿A estas alturas? - cogió su taza mientras se empezaba a reír.
  •         ¡Ni que hubiera una edad para eso!
  •         No, pero es que tú necesitas un polvo como el comer.
  •         Ya, pero si no hay más remedio...
  •         Cíñete al plan.
  •         Ya, si me ha llamado esta mañana y ya sabemos sus horarios. He pedido un par de días libres, que sumados al fin de semana me dará margen para...
  •         ¿Margen? - Dejó su taza en la mesa y me agarró de la muñeca. - Qué margen ni que niño muerto, lo que tienes que hacer es provocarlo hasta tal punto que te rogue.
  •         Que sádica eres.
  •         Y en la cama no sabes hasta qué punto.
  •         Eso tiene un nombre...
  •         Sí, se llama follar como conejos.

 

Dejando a un lado la obsesión tan enfermiza que tenía mi amiga por follar, sí, necesitaba un polvo. Uno detrás de otro para ser exactas. Y ya tenía que terminar con esto de la virginidad de Alex, no quería forzarle, pero estaba segura que tenía tantas ganas como yo.

 

Pero claro, no podíamos estar en su casa con sus padres en el salón. Ni en la mía con los míos. De hecho, si pude hacer el numerito telefónico fue porque aquel día mis padres tenían una reunión con unos amigos y sabía que iba a tener la casa sola para mí durante un buen rato.

 

Por lo que terminé reservando un hotel para 4 días en su ciudad, que estaba bastante cerca de la mía, pero es que a este paso iba a recordar su primer polvo en el baño de un bar.

 

Era miércoles aún, y en un rato tendría la videollamada con él. No iba a tentarle como aquella vez, pero sí que me apetecía calentarlo un poquito. Por lo que me puse un camisón que realzaba mi pecho, atado con un lazo bajo de este, y los juntaba, sin nada debajo más que las braguitas minúsculas negras con encaje. El camisón era transparente por capas, además la parte del pecho llevaba un encaje que hacía que costase distinguir los pezones, obligándote a fijarte, era abierto por la parte de abajo delantera.

 

Tumbada en la cama solo veía parte de mi escote, que además se acercaban a mi garganta, por lo que descendí con el móvil mientras con mi otra mano iba trazando el camino por mi cuerpo, hasta llegar a la parte baja de mi vientre. Acaricié con el dedo el lacito que adornaba la braga, y opté por acariciarme con la yema de los dedos por encima, abriendo cada vez más mis piernas.

 

Me volví a enfocar a la cara, mordiéndome el labio mientras ponía los ojos en blanco del gusto de rozarme e intentaba no gimotear, porque esa vez no estaba sola.

Mis tetas se movían levemente, arriba y abajo, sobresaliendo un pezón de la tela de seda y encaje, que apenas lo cubría.

Llevé los dedos ahora a mi boca, chupando y succionando como si fuese su miembro lo que me la llenaba.

Le miraba, a través de mis gafas, de la pantalla comprobando como se mordisqueaba él el labio inferior y siendo consciente de que jugueteaba con su mano por encima de su pantalón.

 

  •         Luego quiero que te toques pensando en mí y en lo que estoy haciendo y voy hacer.
  •         ¿Qué vas hacer? - Preguntó nervioso
  •         Observa mientras me relajo.

 

Tiré lentamente del lazo, más de lo necesario, para que fuera consciente de como mis pechos se movían soltándose del agarre de la tela, haciendo uso de la gravedad de su peso, volviendo a su posición. Él inspiró.

 

Lo abrí, rozándome con el camisón los pezones, provocando entre la excitación y esto, que se irguieran, me los sobé con una mano, llevando un pecho a mi boca, succionando el pezón, atrapándolo con los dientes y tirando, dando un lametón, para abarcar la carne posible con mis labios. Lo solté, fuí al otro e hice el mismo proceso. Coloqué el móvil en la mesita, la cual puse en el centro para poder darle una visión directa de mí por completo.

 

Abrí las piernas y me acaricié, bajando y subiendo por mis muslos hasta llegar a mis ingles, agarrando la tela de la braguita pequeña y juntando ambos extremos hasta tapar solamente mi clítoris.

 

Empecé a frotarme con la tela, inclinando las caderas mientras me revolvía, poniendo los pies en la cama para levantar el culo del colchón.

Mis tetas se movían, a la vez que el camisón, que se apartaba para darle mayor visión.

 

Viendo la tensión en su cara y su cuello, agarré las bragas y me posicioné para bajármelas, dejándolas en un tobillo. Llevé mis dedos a mi boca y me chupé, lamiendo, succionando y cubriendo de mi saliva ambos dedos, para ponerlos en el interior de mis piernas. Los pasé por encima, mezclando mi saliva con la humedad que salía de mí y puse un dedo en mi entrada. Entré despacio, viendo como desaparecía en mi interior, entrando cada pedacito de mí hasta el final, lo empecé a mover en círculos con calma, salí y me rocé la parte donde mi coño me volvía loca, mi clítoris, y lo llevé a mi boca. Chupaba observando su reacción y ví como su brazo se movía poco a poco.

 

  • ¿Te quieres tocar mientras me ves?
  • Sí...
  • Sácatela y pajéate mientras me miras. - Gimoteó con mi petición.

 

No dijo nada, pero sí que movió el móvil para que le viera como estaba. Empalmado, excitado, duro de verme ahí juguetear a través del móvil. Esta vez no quería castigarle, quería que disfrutara conmigo.

 

Por lo que mientras era participe de su estado de calor, proseguí con mi juego, deleitándome en mi boca para bajar hasta mi coño y meter esta vez dos dedos. Con una mano en mis tetas y la otra en mi sexo, jugueteé intentando ahogar los gemidos con mis dientes sobre mi labio, evitando que mis padres se enterasen de lo que yo estaba haciendo en este momento.

 

Mis dedos entraban y salían de mí cada vez con más facilidad, pero con más urgencia por moverse y penetrar, llegando hasta el fondo posible que me permitía, resbalándose ambos dedos dentro de mí con un ritmo desesperado impulsándome a alcanzar el clímax.

 

ALEX

 

Me estaba costando un mundo no meterme la mano en el pijama y tocarme la polla con desesperación mientras la miraba. Era jodidamente insufrible y placentero verla jugar con su cuerpo. Tocarse, relamerse, acariciarse, follarse con sus dedos hasta poner esas caras de placer que me la ponían como una piedra.

La última vez que me calentó me prohibió jugar mientras lo hacía, aumentando más así el calentón que yo tenía.

 

Me costó después dos pajas bajarla como me la había puesto con tan solo verla. Deseaba estar con ella, tocarla, que me enseñara a disfrutar de lo que era nuevo para mí.

 

Al fin me dio el permiso que esperaba, se lo debía después de no haberme acostado con ella aún, y me saqué la polla de los pantalones, caliente, mojada, movía mi mano con facilidad por ella mientras de mi boca salía varios resoplidos. Tenía el corazón a mil, y no podía dejar de mirar la cámara y ver como se follaba con sus propios dedos y se saboreaba, poniéndolos en su boca.

 

Madre mía como chupaba, me palpitaba el rabo sólo de imaginarla aquí, haciéndome lo mismo a mí. Y seguí, subiendo y bajando con mi mano, acariciando mis huevos para volverla agarrar y continuar.

 

 

CATI

 

Podía palpar su excitación aún a través de una simple pantalla, al otro lado del teléfono. Movía su mano por su miembro intentando no descontrolarse, pero en el fondo, quería acelerar y disfrutar del placer. Intentaba aguantar, no correrse todavía, porque en el fondo era lo que más necesitaba en el estado en que se encontraba.

Subía y bajaba, entreteniéndose en el camino con sus huevos para intentar alargar la llegada del orgasmo. Buscaba una distracción, por eso por momentos la soltaba, y simplemente se la apretaba en busca de calmar esa necesidad que su cuerpo le reclamaba.

 

Yo seguía follándome, intentando controlarme a mí misma que por otro lado, disfrutaba de una visión de mi chico, que a su vez, disfrutaba conmigo. Era un círculo vicioso en el que nos estábamos regodeando los dos, en busca del placer a través de los ojos por el otro y la necesidad de tocarnos, sentirnos, follarnos y corrernos juntos.

 

Pero mi voluntad y autocontrol estaban tocando fondo, tanto fondo como tocaban mis dedos mientras entraban y salían de mí. Llevé un dedo a mi boca y chupaba mientras mi mano seguía en mi coño, con los dedos follándome y la palma de la mano acariciando el clítoris. Supe en ese momento que poco iba a aguantar ya, así que me abandoné al placer, me dejé ir mientras le observaba. Sentí como algo me cegaba, mi cuerpo se contraía y tensaba a partes iguales, algo me atravesaba en la columna hasta llegar al interior de mis piernas y reventar ahí sintiendo un orgasmo que me recorría todo el cuerpo en forma de nervios y placer, apretando mis dedos palpitando en ellos, sensación de satisfacción y plenitud, mientras mi cara expresaba como me corría y mordía mi dedo intentando reprimir la necesidad de gemir.

 

Aquella imagen en la que apretaba los muslos con mi mano entre ellos, me arqueaba y contraía, la salida de mis dos chorreando y mi coño empapado junto a mi cara, que desvelaba el intenso orgasmo que había sentido, le dieron el pistoletazo de salida para que él se dejase ir y se corriera, siento una eficiente y satisfecha espectadora que veía como su corrida se deslizaba por su mano, ansiando sentirla en mi cuerpo.

 

Casi gruño mientras yo no paraba de sonreír, complacida de haberle llevado hasta ese extremo y haberlo hecho disfrutar de esa manera aún a través de la tecnología, sin mis manos, sólo con mi imagen.

 

Un par de minutos después volvimos a hablar con normalidad, pero no le dije nada de mi pensamiento de viajar hasta allí para verle y, como diría Tatiana, solucionar ese problema de celibato sexual que tenía.

 

 

Al día siguiente me preparé yo y mis cosas, y cuando llegó la hora cogí el autobús hasta el hotel, donde dejé mis cosas.

Iba vestida con el vestido rojo que le gustaba, que realzaba el escote. Debajo llevaba lencería negra y de encaje, con un liguero a juego. No me esmeré en ir incómoda con ningún tipo de tacón.

Como sabía dónde trabajaba porque ya había estado allí otras veces, para la hora de la salida ya estaba preparada para darle la sorpresa.

 

Cuando salió y me vio su cara se iluminó. Me enganché a él como una mona y durante un rato estuvimos comiéndonos la boca sin mirar el reloj o quien o quienes estaban a nuestro alrededor.

 

Noté como su erección crecía bajo los pantalones con cada beso, pero cuando metió la mano por debajo de mi vestido y acarició el liguero, pude sentir las palpitaciones de su polla contra mi barriga.

  •         Alguien se alegra de verme y no sólo eres tú. – Aseguré contra su boca.
  •         ¿Cómo quieres que esté después de los días que me llevas dados? - Se rio.
  •         Tengo una sorpresa para ti... – Y saqué la llave de mi bolso. – Solos. Tú, yo y 4días por delante.

 

Tragó saliva y se tensó, pero enseguida me di cuenta que esa tensión no era miedo, ni dudas, sino excitación, porque me agarró del culo y me apretó contra él, a riesgo de terminar con medio vestido por encima del culo.

 

Fuimos hasta el hotel, besándonos por el camino y sobeteándonos cada rincón que era posible en plena vía pública. Cerré tras de mí, y le guie con la mano en el pecho hasta sentarlo en la cama.

 

Frente a él me descalcé y me subí un poco el vestido, dejando sólo a la vista el liguero negro. Sonreí, apretujándome los pechos por encima de la ropa asomando parte de ellos. Los acerqué a su cara y me presioné contra él, que abrió la boca y me pasó los labios.

 

Fue a tocarme y le di un manotazo, apartando sus manos para empujarlo de espaldas a la cama, subirme encima de él a horcajadas, coger sus manos y ponerlas sobre mi culo por debajo del vestido y empecé a restregarme con él, mientras me apoyaba en su pecho y me inclinaba hasta rozarle con mis tetas que sobresalían del sujetador y el vestido.

 

Sentía su dureza en mi sexo deseando liberarse del pantalón. Pero no, no iba a ser así de rápido ni simpe. No quería que esto llegase a su fin.

 

Agarré una de sus manos y llevé sus dedos a mi boca. Le chupé, mirándole, viendo como entreabría sus labios excitado.

Absorbí el dedo entero en mi boca, dándole una idea de lo que podría hacer con otra cosa que palpitaba en mi coño ahora mismo.

 

Me moví para quitarme el vestido y quedarme sólo con la ropa interior, y sus manos comenzaron a recorrerme mientras no parábamos de besarnos.

Con torpeza desabrochó mi sujetador, ¿es que todos los hombres tenían problemas con un simple cierre triple?, y lo tiró al suelo. Me restregaba sobre él con sus manos en mis pechos, que juntaba, amasaba y retorcía mis pezones poniéndome como una moto.

 

Me retiré, me coloqué de rodillas entre sus piernas y pasé mi boca por su paquete, abriendo y cerrando mis labios presionando su erección con ellos, mientras que con mi mano desabrochaba hábilmente el botón, subía con mi boca hasta la parte inferior de su barriga y le besaba, para bajar la cremallera seguidamente y sobar su paquete.

 

Creyendo que iba aventurarme a degustarle con la boca, me incliné, cogiendo su camiseta, indicándole que estirara los brazos y sacándola por su cabeza. Desnudo de cintura para arriba me entretuve acariciando su pecho, que me volvía loca, cubriéndolo de besos por el cuello, bajando con mis labios por su clavícula, y rozándole con la lengua y los dientes sus pezones, succionando, jugueteando, descendiendo mi cabeza lentamente por su pecho, su barriga, hasta el bulto que tenía entre las piernas.

 

Lo acaricié por encima de la tela sin dejar de mirarle. Cuando fui a liberar su erección me acerqué con mi pecho para que, al salir, mientras nuestros ojos chocaban y me relamía los labios, golpeara mis tetas.

 

Rápidamente la puse entre mis pechos, apreté y empecé a subir y bajar sujetando con mis manos y su polla entre ellos.

 

  •         Tienes que aguantar todo lo que me parezca, quiero hacerte disfrutar, cariño.
  •         ¡Joder! – Echó la cabeza hacia atrás.
  •         No – Paré obligándole a mirar. - Quiero que me mires, que veas lo que te hago, que observes como me divierto jugando con tu polla y dándote placer.

 

Gimoteó presa de la desesperación. Pero aún quedaba mucho por hacer... Porque seguí, follándole con mis tetas despacio, viendo como su polla entraba y salía de ellas, perdiéndose en mi carne que él empezaba a mojar, y cuando lo tuve al borde del clímax paré y me aparté.

 

  •         ¿Piensas torturarme? – Preguntó burlón.
  •         Desde luego que sí.

 

Me subí hasta poco más arriba de su cuello, colocando una rodilla a un lado y otro de su cabeza, apoyándome en el colchón, y pasé mi coño con las bragas minúsculas por su cara, empapándome más yo y él.

 

Gemí mientras aumentaba el ritmo, hasta que frené, me aparté las bragas a un lado y le miré sonriendo.

 

  •         Abre la boquita – Le dije con gimoteos - tengo algo que darte.

 

E hizo caso. Me agarró del culo y yo me impulsé hacia su boca, restregándome mientras su lengua me recorría de abajo arriba, envolviendo mi clítoris por encima con la punta de esta, chupando, succionando, para descender su lengua e introducirse en mí, no una ni dos si no varias veces, instándome a coger su cabeza, envolviendo mis dedos entre su pelo y frotarme con su boca con rudeza, follándole la boca y empapándole la cara.

 

Me eché hacia atrás, comprobando con la mano su magnífica erección, lista y preparada para volver a recibir pronto atención, pero de momento la solté, volviendo a recuperar su cabeza entre mis manos para seguir, esta vez, aumentando el ritmo hasta que algo, que sentía estirarse dentro de mí, se soltó, dando paso a un mundo de sensaciones que ya conocía y estaba disfrutando más esta vez, porque eran con él.

 

Mi orgasmo me atravesaba, me rompía por dentro para correrme en su boca, apretando con mis muslos su cabeza mientras empezaba a disminuir el ritmo de mis frotes.

 

Me aparté cuando recobré el aliento, y me incorporé para besarle, compartiendo nuestra humedad que ahora compartíamos.

Y así estuvimos unos minutos, besándonos desesperadamente mientras introducía un par de dedos dentro de mí, empapándose de mis flujos.

 

Me levanté y me quité las bragas, quedándome sólo con el liguero. Fui nuevamente hasta la cama y gateé por ella. Ahora sí, me coloqué a su lado a cuatro patas para que obtuviera una visión plena de mi culo sólo con esas tiras negras que me cubrían, y bajé mi cabeza hasta su erección que pareció moverse levemente al verme acercarme, como si tuviera vida propia.

 

La agarré con la mano y pasé mi lengua de abajo arriba en la parte interna de su polla, volví a bajar la lengua, pero esta vez hasta sus huevos para acogerlos con mi boca y chuparlos, a la vez que con mi mano subía y bajaba por su polla mojada, deslizándose fácilmente la piel por ella, dejando asomar el capullo con ese brillo de humedad que yacía en la punta. Volví a subir con mi lengua, hasta darme unos golpecitos con la polla en mi mejilla. Le guiñé un ojo antes de introducirla en mi boca y sentir como se agitaba con el calor de mi lengua.

 

Lentamente, fue testigo, de cómo su polla era absorbida por mis labios hasta tocar la pared de mi garganta, chocando y haciéndome soltar una arcada consecuencia de la falta de aire y el roce. En ese momento pensé ese gran dicho, “sin arcada, no hay mamada “y me animé, subiendo y bajando con mi cabeza mientras con mi lengua jugueteaba desde dentro, y con mi mano lo hacía desde fuera.

 

  •         Dios... – su cara se contraía, era un auténtico espectáculo verle, a través de mis gafas, la cara que ponía.

 

Intentaba sujetar mi pelo, apartándolo de mi cara para cumplir con la “regla “que yo había puesto. Contacto visual. Pero me había dado cuenta tras unos minutos así, que no lo hacía sólo por complacerme, es que él disfrutaba viéndome tragarme su polla una y otra vez hasta mi garganta y dejarla salir cogiendo aire, llena de mi saliva, babeando como una perra y cayendo por mi barbilla. Veía como me llenaba, como la hacía suya, como me marcaba esa parte de mí para empezar a pertenecerle. Aprendió el control y dominio, la posesión de tenerme, empezaba a coger las riendas y aquello me gustó, esa sensación se despertó en él para, a su vez, excitarme a mí. Buscaba su propio placer con mi boca.

 

Con la otra mano agarraba mi nalga, me daba un azote y me la apretaba, enredando sus dedos en el liguero para tocar por debajo de las cintas, que era el único momento donde apartaba su vista de mi cara.

 

Y seguí, metiéndome su polla en mi boca, hasta que empezó a follarme él, levantando las caderas de la cama mientras mi cabeza estaba quieta con mi pelo en su mano y yo abría la boca dejándole hacer.

 

De un empellón se paró, con ella en el fondo de mi garganta y apretándome la cara contra su miembro duro y mojado, entonces la saqué despacio recorriéndola con la lengua en el proceso.

 

Si en algún momento corría peligro de morir de placer, estaba al borde del colapso ahora mismo, su cara era todo un poema y unas ganas de contención brutales. Sabía y sentía, que si no frenaba se correría en pocos momentos, así que me aparté, me tendí en la cama abierta de piernas y me acaricié, manoseándome mientras él miraba sin rozarse si quiera la polla.

Cuando me percaté que se había relajado un poco, saqué un condón de debajo de la almohada donde lo había puesto, y bajo su mirada le respondí a su pregunta ausente.

  • -       Sí, los he guardado ahí. – Recalqué mucho que eran varios.

Le invité a que se acercara, le puse yo el condón y una vez puesto me la metí en la boca y mamé unos segundos para que el contacto con el látex no fuera tan frío ni desubicado.

Me tumbé, con las piernas abiertas y las rodillas flexionadas y le incité a colocarse entre mis piernas, de rodillas, guiando ambos su polla hasta mi entrada. Nervioso, se movía torpemente, pero con mi mano sobre la suya supo exactamente donde colocarla y se hundió despacio en mí. Una vez dentro se quedó quieto, sintiendo nuestra unión a través de nuestros cuerpos, la complicidad de nuestros ojos cruzándose, y nuestras bocas a escasos centímetros, salió, para volver a embestirme, hasta relajarse y comenzar a disfrutar de su primera vez.

Apoyado en la cama con un brazo y con el otro en mi cadera, entraba y salía de mí mientras yo le sujetaba la cara y le lamía la barbilla, llegando hasta sus labios.

Siguió y coloqué las piernas en sus hombros para hacer de la penetración más profundidad. A medida que me follaba y el sudor corría por nuestros cuerpos acompañado del coro de gemidos, se fue adaptando a mí y yo a él, hasta que le pedí que me diera desde atrás.

A cuatro patas sobre la cama, cubierta sólo por las finas tiras del liguero y con mi culo en pompa, se posicionó con sus piernas a ambos lados de las mías, llevando yo desde abajo el control de su polla hasta mi entrada, llenándome por completo hasta el fondo, una y otra vez, una y otra vez, dentro, hundiéndose en mí, poseyendo mi cuerpo, haciéndome suya y desatando el placer y la pasión que tanto tiempo llevábamos conteniendo.

Me agarró del culo para continuar bombeándome con su erección feroz, con embestidas profundas, lentas, suaves y duras, muy duras, mezclando una variedad de intensificaciones en sus movimientos haciéndonos pasar distintas sensaciones.

Y me agarró del pelo, tal como le había mostrado varias veces en algún que otro gif que le pasaba, tirando de mi cabeza hacia él mientras se aceleraba, sabiendo que esta vez no iba a pararle nada, es más, lo merecía. Por lo que llevé mi mano al interior de mis piernas, sintiendo mis pechos apretujados contra el colchón, y me acaricié el clítoris mientras él me follaba con rudeza, perdiendo ya totalmente el control. Sentí como se tensaba, aceleraba, y erguía, clavando sus dedos en mi culo. Pocos segundos después, aún con el preservativo, sentí como se corría dentro de mí y su semen caliente inundaba el látex que lo contenía. Fue suficiente para dejarme ir otra vez y correrme, apretando su polla en mi interior con los espasmos de mi coño.

Se dejó caer sobre mi cuello respirando con dificultad en mi oído, sintiendo como poco a poco se normalizaba la respiración de ambos y me di la vuelta cuando salió con cuidado de mí.

Entre mis brazos, nos comíamos la boca despacio relajándonos y disfrutando de la paz del momento.

Sí, del momento. Aún quedaban unos días por delante que quizás os cuente, o quizá no…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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