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lunes, 31 de enero de 2022

Una parada necesaria +18




Lo que tienen los viajes largos es que tienes mucho tiempo para dormir, oír música, comer porquerías, aburrirte e incluso momentos de pasártelo bien.

Nos quedaban aún unos 300 km a mi y a mi amigo cuando el sol empezaba a salir. Habíamos empezado el viaje de noche y estábamos a mitad de camino. Me había echado una cabezadita y algún tipo de sueño tórrido se coló en mi subconsciente que me desperté gimoteando y con la mano en las bragas.

Miré a mi acompañante que estaba con los ojos fijos en la carretera e inconscientemente mire a su paquete que resaltaba. 

Estaba empalmado y no pude hacer otra cosa que estremecerme y acomodarme en el asiento mirando hacia él.

Él no me miraba, se limitaba en silencio a conducir mientras yo, juguetona, me abría los botones de la camisa un poco para dejar ver parte de mi sujetador de encaje blanco.

- ¿Qué haces? Me dijo.

- Tengo calor. Respondí yo.

Y tanta calor tenía que me subí un poco la minifalda hasta dejar parte de las braguitas al aire.  

Subí la pierna en el asiento y me empecé a acariciar por encima de la tela, empapando cada vez más las bragas de mi humedad, haciendo que mi coño se marcase en la blanca tela.

Él resoplaba, sin dejar de mirar a la carretera y con una erección que iba a romper el pantalón.

Metí un dedo por el lateral de la bragas y me acaricié, gimoteando, lo saqué y lo llevé a mi boca. Repetí, aunque esta vez cuando saqué el dedo lo metí en la suya.

- Joder... Para

- ¿Porque? ¿No te gusta?

- Me va a reventar el pantalón

- Eso tiene solución

Me incorpore echándome hacia él, saqué mis tetas con el sujetador de la camisa, y me subí la falta para que se viera mi culo engullendo las bragas.

Acerqué mi cara a su polla encerrada y pasé mi boca por su paquete, restregando mi cara y manoseando.

Desabroché el cinturón, el botón y baje la cremallera, acogí con mi mano su polla dentro de los calzoncillos y sobeteé mientras sentía su respiración agitada.

Redució la velocidad y yo, tras sobarla y ponerla lo las dura que pude, la saqué de la tela y pasé la lengua de abajo arriba, envolviendo la punta con ella e introduciéndola despacio en mi boca con los labios apretados. 

Soltó un suspiro cuando la punta de su polla tocó mi garganta, y con ella ahí yo removí la ropa sacando sus huevos para acariciarlos.

La saqué de mi boca cogiendo aire y llevé mis labios hasta ellos, besé y lamí, acogiendo con mi boca succionando hasta meterme ambos en mi boca mientras con una mano le pajeaba en mi cara.

Los liberé, solo para volver a lamer de abajo arriba, pasar mis labios por las venas marcadas de su polla y chupar la punta mientras mi mano subía y bajaba por toda su erección.

Envolvía el capullo con mi lengua para después introducirla entera en mi boca, subiendo y bajando, llegando hasta mi garganta y presionando en ella unos segundos hasta que me daban arcadas y necesitaba coger aire.

El conducía tenso, sin apartar la vista de la carretera, hasta que no puso soportarlo más y paró en el primer rellano de emergencia que encontró en la autovía.

Me agarró la cabeza y juntando mi pelo en una coleta marcó el ritmo de sube y baja mientras le hacía una mamada que no iba a olvidar.

Chupaba, mientras entraba y salía de mi boca, y le acariciaba los huevos, hasta que sentí que aceleraba el ritmo, me presionaba cada vez más y me advirtió que se iba a correr. Pero lejos de quitarme seguí, y aquello lo puso más, hasta el punto que segundos después sentía los chorros de semen estallando en mi garganta obligándome a tragar.

Fue reduciendo el ritmo hasta quedarse quieto, pero yo seguí lamiendo hasta dejarlo tan limpio como yo me lo encontré.

Fue una parada en mitad del camino más que necesaria.

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